02-09-2026, 08:21 PM
Un pirata no siempre es una persona que se rige por la ambición, los deseos carnales o la avaricia inmensa, claro, el mundo se mueve al son de la plata y los placeres pero… cada hombre, cada mujer, cada ser viviente posee su propia esencia, y hoy, nuestros artistas han decidido demostrar cuán piratas son al mostrar que la libertad es algo que no puede venderse ni arrebatarse.
Las quince doncellas habían dudado en creerles pero gracias a la personalidad carismática del chico del laúd y a aquella aura protectora casi divina que emanaba el mink reno, pronto tomaron la decisión de seguirlos, de escapar por su libertad, y es que dentro del El Canto de la Sirena, cada mujer y cada mesera se encontraba cautiva a muerte, condenada a permanecer allí por lo qué escapar no era una opción que pudiera tomarse a la ligera, mucho menos cuando sobre ellas pesaba una seguridad tan estricta.
Con lentitud fueron caminando entre las tejas azules, siguiendo el camino que el okama de vestimentas verdes les iba guiando, siendo el de pasos pesados quién iba cubriendo la retaguardia de los demás.
Con sigilo lograron avanzar sobre un tejado firme hasta alcanzar la parte trasera del establecimiento, para su suerte encontrarán al final de ese camino una especie de canal de metal al que podían sujetarse y utilizar para deslizarse hasta el suelo, y una vez abajo, el camino parecía estar despejado, en medio de la oscuridad podrían finalmente marcharse sin ser descubiertas, sin embargo, Akane que era la más adulta de todas y poseedora de una personalidad completamente maternal a pesar de seguir siendo una señorita, se detuvo antes de continuar, con suavidad sostuvo la mano de quien les había otorgado aquella libertad, la mano de Vesper y Torsten — Aún falta una de nosotras… p-porfavor… no tenemos dinero, y sabemos que no es su deber… pero es nuestra hermana, es una niña como nosotras… – suplicó aquella doncella de kimono azul con una mirada llena de preocupación.
Para infortunio de nuestros protagonistas, al asomarse por uno de los laterales de la pared pronto pudieron notar a través del estrecho callejón que conducía hasta la calle principal del muelle, podrían ver y escuchar cómo un grupo de veinte marines ingresaban al establecimiento, y a juzgar por su actitud no parecían estar allí por asuntos oficiales sino por mero entretenimiento, algunos en busca de licores y otros claramente de ser atendidos por tan bellas mujeres, todo bajo la conveniente excusa de estar allí para “supervisar” los reportes de sospechas de trata de mujeres ilegales.
En el callejón se podría observar todo tipo de cajas de madera grandes, no parecía ser que resguardarán alcochol pero si desperdicios del bar, y entre otras cosas, además de mantas viejas en cantidades, todas grasosas y llenas de tierra.
— Seguramente ella se encuentra en el dormitorio de las mujeres, dijo que había olvidado algo… pero estoy segura que está tramando algo… es solo una niña, por favor… los dormitorios están justamente en el tercer piso…
El deber de un pirata…
Es saciar sus ganas de riqueza, aventura, poder… y nunca ser reconocido como un héroe.
Habían cumplido con rescatarlas y sacarlas de aquella sala, habían hecho lo que muy pocos piratas hacían… y aún parece que hay personas que depositaban sus últimas esperanzas en ellos, salvaron quince personas… pero solo eran la mercancía de esa noche, dentro de ese local existen decenas de mujeres brindando servicios nocturnos, y lo peor es que, todas son reemplazables, quizás estas quince mujeres de kimonos hermosos no serían la venta de esta noche pero podían los gobernantes de este lugar podían vender otras dieciséis más por un costo más bajo.
¿Qué harían nuestros artistas apasionados?, ¿Rescatar a la concubina faltante o darse por satisfechos al haberlas rescatado a todas ellas?, cualquier decisión que tomen deberán hacerlo con un perfil bajo para no atraer la atención de ninguno de los guardianes, Ni a Okky, ni a la horda de veinte marineros oficiales que llegaron inoportunamente, y sin olvidar, que tampoco podían dejar solas a las jovencitas que se niegan a irse si no estaba Himari con ellas.
Las quince doncellas habían dudado en creerles pero gracias a la personalidad carismática del chico del laúd y a aquella aura protectora casi divina que emanaba el mink reno, pronto tomaron la decisión de seguirlos, de escapar por su libertad, y es que dentro del El Canto de la Sirena, cada mujer y cada mesera se encontraba cautiva a muerte, condenada a permanecer allí por lo qué escapar no era una opción que pudiera tomarse a la ligera, mucho menos cuando sobre ellas pesaba una seguridad tan estricta.
Con lentitud fueron caminando entre las tejas azules, siguiendo el camino que el okama de vestimentas verdes les iba guiando, siendo el de pasos pesados quién iba cubriendo la retaguardia de los demás.
Con sigilo lograron avanzar sobre un tejado firme hasta alcanzar la parte trasera del establecimiento, para su suerte encontrarán al final de ese camino una especie de canal de metal al que podían sujetarse y utilizar para deslizarse hasta el suelo, y una vez abajo, el camino parecía estar despejado, en medio de la oscuridad podrían finalmente marcharse sin ser descubiertas, sin embargo, Akane que era la más adulta de todas y poseedora de una personalidad completamente maternal a pesar de seguir siendo una señorita, se detuvo antes de continuar, con suavidad sostuvo la mano de quien les había otorgado aquella libertad, la mano de Vesper y Torsten — Aún falta una de nosotras… p-porfavor… no tenemos dinero, y sabemos que no es su deber… pero es nuestra hermana, es una niña como nosotras… – suplicó aquella doncella de kimono azul con una mirada llena de preocupación.
Para infortunio de nuestros protagonistas, al asomarse por uno de los laterales de la pared pronto pudieron notar a través del estrecho callejón que conducía hasta la calle principal del muelle, podrían ver y escuchar cómo un grupo de veinte marines ingresaban al establecimiento, y a juzgar por su actitud no parecían estar allí por asuntos oficiales sino por mero entretenimiento, algunos en busca de licores y otros claramente de ser atendidos por tan bellas mujeres, todo bajo la conveniente excusa de estar allí para “supervisar” los reportes de sospechas de trata de mujeres ilegales.
En el callejón se podría observar todo tipo de cajas de madera grandes, no parecía ser que resguardarán alcochol pero si desperdicios del bar, y entre otras cosas, además de mantas viejas en cantidades, todas grasosas y llenas de tierra.
— Seguramente ella se encuentra en el dormitorio de las mujeres, dijo que había olvidado algo… pero estoy segura que está tramando algo… es solo una niña, por favor… los dormitorios están justamente en el tercer piso…
El deber de un pirata…
Es saciar sus ganas de riqueza, aventura, poder… y nunca ser reconocido como un héroe.
Habían cumplido con rescatarlas y sacarlas de aquella sala, habían hecho lo que muy pocos piratas hacían… y aún parece que hay personas que depositaban sus últimas esperanzas en ellos, salvaron quince personas… pero solo eran la mercancía de esa noche, dentro de ese local existen decenas de mujeres brindando servicios nocturnos, y lo peor es que, todas son reemplazables, quizás estas quince mujeres de kimonos hermosos no serían la venta de esta noche pero podían los gobernantes de este lugar podían vender otras dieciséis más por un costo más bajo.
¿Qué harían nuestros artistas apasionados?, ¿Rescatar a la concubina faltante o darse por satisfechos al haberlas rescatado a todas ellas?, cualquier decisión que tomen deberán hacerlo con un perfil bajo para no atraer la atención de ninguno de los guardianes, Ni a Okky, ni a la horda de veinte marineros oficiales que llegaron inoportunamente, y sin olvidar, que tampoco podían dejar solas a las jovencitas que se niegan a irse si no estaba Himari con ellas.
La Cajita Pandora
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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