16-12-2023, 03:03 AM
(Última modificación: 16-12-2023, 03:04 AM por Nadja Alexeyeva.)
Nadja intentaba mantenerse positiva frente a un panorama desolador y desalentador que solo desmotivaba al grupo, sobre todo a Enma. El pobre era el que más debilitado se encontraba y a ella se le agrietaba el corazón cada vez que le veía sufriendo por aquel horrible veneno. No se imaginaba lo impotente que debería sentirse al no poder controlar totalmente el estado de su cuerpo. Sin embargo no pudo centrarse demasiado en él, pues Kovashi empezó a compartir su plan con el grupo. Proponía que se separaran en dos, Don Bambú y él intentarían robarle la comida al gigante que acababa de pasar, mientras que Enma y ella irían a buscar el agua y el milagroso "mejunje", una sustancia que se habían acostumbrado a inhalar de vez en cuando ya que les calmaba un poco el malestar general. Sí, era como droga. — Entendido. — Afirmó ante su plan. A Nadja le sorprendió ligeramente su decisión de ir con Panda, ya que no parecían llevarse del todo bien. No obstante, los momentos más hostiles afianzaban las alianzas, y eran los dos más fuertes, algo que les haría falta si quería de verdad enfrentarse a ese gigante.
Ante la pregunta del den den mushi, sacó el suyo de su bolsillo, era pequeño y cabía perfectamente dentro de la pistolera. Vio que Don Bambú había hecho lo mismo con el suyo y sonrió un poco mientras volvía a guardarlo en su sitio. La idea era ir comunicándose ambos grupos cada veinte minutos, señalar si estaban bien o si necesitaban algo, y dentro de una hora volver a encontrarse en este mismo lugar exacto. Nadja en su mente ya estaba haciendo la cuenta atrás, cincuenta y nueve minutos, cuarenta segundos, treinta y nueve segundos, treinta y ocho segundos... Resultaría casi imposible llevar la cuenta de manera exacta, en algún momento se desconcentraría, pero le encantaba hacerlo. Era un ejercicio mental maravilloso. — ¡Nos vemos, tened cuidado! — Se despidió de ellos, levantando el brazo.
Tras la despedida se giró hacia Enma, con una gran sonrisa en el rostro. — La cascada no está lejos, perro trranquilo, irremos despasito. — No quería atosigarle ni presionarle, el agua estaba cerca y el "mejunje" no sería difícil de encontrar, contaban con tiempo de sobra. — Ya verrás como después de un bañito te sentirrás mucho mejorr. — Al menos ella sentía que así sería en su caso, la falta de higuiene minaba su ánimo y la incomodaba, una siempre se sentía mucho mejor después de una ducha. Dicho eso, comenzó a caminar en la dirección de la cascada, esperando que su compañero le siguiera. Cincuenta y siete minutos. Mientras andaba, comenzó a llevar a cabo su transformación. Le llevaría un rato, más tiempo de lo que estaba acostumbrada, era también un efecto secundario de las avispas.
Ante la pregunta del den den mushi, sacó el suyo de su bolsillo, era pequeño y cabía perfectamente dentro de la pistolera. Vio que Don Bambú había hecho lo mismo con el suyo y sonrió un poco mientras volvía a guardarlo en su sitio. La idea era ir comunicándose ambos grupos cada veinte minutos, señalar si estaban bien o si necesitaban algo, y dentro de una hora volver a encontrarse en este mismo lugar exacto. Nadja en su mente ya estaba haciendo la cuenta atrás, cincuenta y nueve minutos, cuarenta segundos, treinta y nueve segundos, treinta y ocho segundos... Resultaría casi imposible llevar la cuenta de manera exacta, en algún momento se desconcentraría, pero le encantaba hacerlo. Era un ejercicio mental maravilloso. — ¡Nos vemos, tened cuidado! — Se despidió de ellos, levantando el brazo.
Tras la despedida se giró hacia Enma, con una gran sonrisa en el rostro. — La cascada no está lejos, perro trranquilo, irremos despasito. — No quería atosigarle ni presionarle, el agua estaba cerca y el "mejunje" no sería difícil de encontrar, contaban con tiempo de sobra. — Ya verrás como después de un bañito te sentirrás mucho mejorr. — Al menos ella sentía que así sería en su caso, la falta de higuiene minaba su ánimo y la incomodaba, una siempre se sentía mucho mejor después de una ducha. Dicho eso, comenzó a caminar en la dirección de la cascada, esperando que su compañero le siguiera. Cincuenta y siete minutos. Mientras andaba, comenzó a llevar a cabo su transformación. Le llevaría un rato, más tiempo de lo que estaba acostumbrada, era también un efecto secundario de las avispas.
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