05-09-2026, 12:39 AM
Stroud llegó al lugar acordado a la hora exacta; ni un minuto antes, ni un minuto después. Aquella propuesta de entrenamiento le había pillado por sorpresa, qué duda cabía; era algo que no se había estilado en la ahora conocida como División 50, a su pesar. Sus entrenamientos habían consistido, de forma abrumadoramente mayoritaria, en ejercicios en solitario, no muy distintos a los que tiempo atrás llevase a cabo como aspirante a Marine durante sus años de formación, como el que había efectuado aquella misma mañana en su propio camarote, no mucho antes de salir a explorar la isla a pie por un buen rato. En condiciones normales, hubiera accedido más que deleitado a cualquier propuesta como aquella, pero, en aquel caso en concreto, estaba más que deseoso de comenzar. La cita sería con el soldado Omuyaga, de lo más restacable de aquella banda de bribones que era la recientemente conformada —y aún estaba por ver si gloriosa o no— División 30, y con el comodoro Enji, un verdadero prodigio que había alcanzado su cargo en tiempo récord, además de miembro de uno de los más nobles linajes que poblaban aquel mundo.
Stroud arqueó una ceja, llegando prácticamente a la vez que el propio Enji, al ver el atuendo (o, más bien, falta del mismo) del comodoro, que llevaba únicamente unos calzoncillos bajo el abrigo que colgaba de sus hombros. Una visión que no le hubiese deseado ni a su peor enemigo, probablemente un arma formidable en el campo de batalla (la visión, entiéndase). Kael vestía tan adecuadamente como de costumbre, sin una mácula que un alto cargo no hubiera podido pasar por alto. El propio Stroud vestía su uniforme, como de costumbre, a excepción de la gorra, que había dejado en su camarote por el momento. Lo cierto era que no conocía las aptitudes de combate de ninguno de ellos; aún no había tenido oportunidad de ver su desempeño, pero era algo que comprobaría muy pronto. Ambos le intrigaban por igual, si bien resultaba especialmente importante ver qué podía hacer su superior inmediato. Lo mínimo que Stroud esperaba del líder de una división, y más tratándose de alguien como el comodoro, era que fuese más hábil que sus propios subordinados.
Observó a su alrededor con atención antes de plantarse en el lugar, clavando sus talones en el suelo, quedando a una distancia de Kael similar a la que lo separaba a él de Enji. Saludó con la monotonía y seriedad que le eran características. "Comodoro Saint Vangelis," saludó con una leve reverencia al somnoliento Enji, y asegurándose de tratarlo con el debido respeto, "soldado Omuyaga," continuó, haciendo un ademán educado, pero notoriamente menos protocoloario, hacia Kael, antes de que este mismo les agradeciese haberse personado en el lugar. Restó importancia al asunto con un ademán, al tiempo que comenzaba a arremangarse con cuidado, doblándolos escalonadamente hacia arriba, los puños de su camisa. Se ciñó los guantes de cuero tachonados, apretando sus correas en torno a sus muñecas en un procedimiento cuidadoso pero casi automático. Tenía, además de un gran respeto, una incontenible curiosidad por ver qué eran capaces de hacer aquellos dos. Y, si bien no esperaba en absoluto que diesen el 100% de su rendimiento en un sparring como aquel, sí que esperaba poder hacerse una idea de su desempeño. Nadie lo hubiera dicho tras aquella expresión pétrea, pero estaba notablemente nervioso. Se preguntó si sería el único.
Stroud arqueó una ceja, llegando prácticamente a la vez que el propio Enji, al ver el atuendo (o, más bien, falta del mismo) del comodoro, que llevaba únicamente unos calzoncillos bajo el abrigo que colgaba de sus hombros. Una visión que no le hubiese deseado ni a su peor enemigo, probablemente un arma formidable en el campo de batalla (la visión, entiéndase). Kael vestía tan adecuadamente como de costumbre, sin una mácula que un alto cargo no hubiera podido pasar por alto. El propio Stroud vestía su uniforme, como de costumbre, a excepción de la gorra, que había dejado en su camarote por el momento. Lo cierto era que no conocía las aptitudes de combate de ninguno de ellos; aún no había tenido oportunidad de ver su desempeño, pero era algo que comprobaría muy pronto. Ambos le intrigaban por igual, si bien resultaba especialmente importante ver qué podía hacer su superior inmediato. Lo mínimo que Stroud esperaba del líder de una división, y más tratándose de alguien como el comodoro, era que fuese más hábil que sus propios subordinados.
Observó a su alrededor con atención antes de plantarse en el lugar, clavando sus talones en el suelo, quedando a una distancia de Kael similar a la que lo separaba a él de Enji. Saludó con la monotonía y seriedad que le eran características. "Comodoro Saint Vangelis," saludó con una leve reverencia al somnoliento Enji, y asegurándose de tratarlo con el debido respeto, "soldado Omuyaga," continuó, haciendo un ademán educado, pero notoriamente menos protocoloario, hacia Kael, antes de que este mismo les agradeciese haberse personado en el lugar. Restó importancia al asunto con un ademán, al tiempo que comenzaba a arremangarse con cuidado, doblándolos escalonadamente hacia arriba, los puños de su camisa. Se ciñó los guantes de cuero tachonados, apretando sus correas en torno a sus muñecas en un procedimiento cuidadoso pero casi automático. Tenía, además de un gran respeto, una incontenible curiosidad por ver qué eran capaces de hacer aquellos dos. Y, si bien no esperaba en absoluto que diesen el 100% de su rendimiento en un sparring como aquel, sí que esperaba poder hacerse una idea de su desempeño. Nadie lo hubiera dicho tras aquella expresión pétrea, pero estaba notablemente nervioso. Se preguntó si sería el único.
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