[T8, P.A.] Una tormenta sobre Hachinosu
#43
El grito de Grin muere en su propia garganta apenas un instante después de nacer, toda su voluntad y convicción hecha añicos por el demonio que reina en Hachinosu cuando el hombro y el tronco de Ashura giran como un solo cuerpo, realizando un tajo diagonal que nace de ese movimiento cortando el aire como si lo desgarrara. El filo frío de su espada choca contra el puño del pirata y lo detiene en seco, dejándolo expuesto, tambaleante, terminando de mermar las fuerzas que ya hacían un esfuerzo sobrehumano en ese último intento de ataque – “Hijo de puta” – escupe Grin entre dientes, la sangre asomando por la comisura de sus labios, cada palabra costándole el aire que le queda en los pulmones – “Maldito seas, Ashura, bastardo de mierda, ojalá te pudras en el infierno que tú mismo has creado...” – por su parte Ashura inmutable se burla de Grin diciendo – “¿Ves, Grin?” – a la vez que enfunda La Daña Almirantes con un giro diestro de muñeca, guardándola en su funda esperando ya el día en que vuelva a cruzarse con el Almirante Yugu Dimipalo – “Tenías que haberte rendido.”
 
Luego de esto, Ashura clava la Hoja del Luto en la tierra ennegrecida junto a él, y con la mano libre agarra el rostro de Grin, apretando sus mofletes entre los dedos hasta moldearlo en una mueca de besugo indefenso, disfrutando de la humillación tanto como del propio dolor que le inflige – “Ahora vivirás en las pocilgas, Grin. Te alimentaré con sobras y cadáveres, como a los marranos. Te humillaré todos los días, y solo cuando te maten las enfermedades te dejaré descansar.” – le tortura a lo que su presa responde – “Púdrete, cabrón, hijo de la gran puta...” – jadeando, la voz quebrándose entre el dolor y la rabia que aún no logra apagar del todo – “Váyanse a la mierda, tú y toda tu maldita tripulación de mierda, ojalá exploten a la puta todos…” – pero Ashura ni se inmuta, como si las palabras del pirata fueran apenas el zumbido de un insecto molesto continua con sus palabras diciendo – “No soy Shichibukai por miedo, ni por respeto, ni por mecenazgo de nadie, imbécil. Todo esto, la isla, la sangre, los cadáveres que aún humean a mi espalda, es solo un trámite. Busco a alguien desde hace mucho tiempo, Grin. Un crío que con solo verlo te mearías encima. Esto es un paso más, Cerdito Valiente, en un camino que ya he decidido recorrer hasta el final. Un día seré Rey de los Piratas, lo creas o no.”
 
“¡Serás un puto rey de mierda!” – brama Grin, reuniendo de algún sitio el último aliento que le queda, escupiendo las palabras como si fueran lo único que le impide desmoronarse del todo – “¡Un rey de nada, eso es lo que eres, maldito bastardo, un cadáver ambulante como todos los que dejan a su paso, hijos de puta!” – Ashura recubre el puño de Haki, aparta el rostro del suyo, y con un golpe seco y certero le vacía los pulmones de un solo impacto, dejándolo colgando inconsciente de su propia mano. Aún así, en el último instante de conciencia que le queda, lo poco de voluntad que a Grin le resta se derrama en un hilo de voz roto, tembloroso, pero terco hasta el final – “Malditos bastardos... Mushoku de mierda... váyanse todos a la mierda...” – Ashura ni lo mira mientras lo suelta, dejándolo caer contra el suelo con el mismo desinterés con el que se aparta una piedra del camino – “Que alguien lo lleve a las pocilgas. Que lo desnuden, le aten una cadena al cuello y lo marquen como a los cerdos” – ordena, recuperando su espada de la tierra donde la había clavado momentos antes, y echando a andar como si la destrucción a su alrededor, el socavón humeante, y los centenares de muertos que aún no han terminado de contarse, fueran solo el peaje habitual de un día cualquiera en su camino hacia el trono – “Después iré a verlo. Vamos, tengo que tratar tus heridas.”
 
Tenoch lo alcanza antes de que dé tres pasos, la sonrisa todavía prendida en su rostro por el comentario del trono – “No hace falta que traten mis heridas” – dice, negando con la cabeza – “Mi fruta me regenera más rápido de lo normal. Ya hiciste suficiente por hoy” – tras lo cual retoma su forma de pegaso blanco, se encabrita sobre sus dos patas traseras desplegando las alas por completo, y con un aleteo violento acorta la distancia hasta su capitán, tomándolo del brazo y subiéndolo a su lomo con un movimiento certero del cuello. Ya en el aire, sobrevolando lo que queda de la ciudadela destrozada, le pregunta con la misma sonrisa de siempre – “Yo te llevo. Cuéntame por qué es de mala suerte que un oni mate a otro. Y ahora que quieres ser rey... ¿tenemos que buscarte una reina, no?” – muy por debajo de ellos, entre los escombros de su propia derrota, Grin es arrastrado hacia un destino peor que la muerte como si de un muñeco de trapo se tratara. La Calavera de la isla observa desde las alturas, silenciosa como siempre, testigo una vez más de que en Hachinosu, hoy como cualquier otro día, el poder lo mantienen aquellos que lo pueden reclamar por la fuerza de la sangre y el fuego.
 

 
Resumen
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RE: [T8, P.A.] Una tormenta sobre Hachinosu - por Fuguwu - 05-09-2026, 02:23 AM

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