05-09-2026, 08:33 PM
Aceptaron creerme con facilidad, bien por codicia, por ignorancia o por tenderme una trampa. La verdad es que no me estaba preocupando por donde o cómo escapar, si no por conseguir entrar y hacerme con esa fruta para terminar esta prueba esta misma noche y poder marchar a buscar a mis amigos y comenzar con ellos mi nueva vida. Aquel par me hizo entrar en el local con una facilidad apabullante y una vez dentro de aquel lugar pude percatarme un poco con mejor percepción de quien era la persona que debía confrontar y de lo que era capaz... o hasta donde llegaba su poder.
Ganaba dinero con peleas y apuestas, seguramente amañadas o preparadas, y daba espectáculo y rienda suelta a la brutalidad de su panda de matones con los que se aseguraba su propia seguridad y su modelo de negocio.
Reiza estaba acompañado de dos mujeres exuberantes. Típico jefecillo de mal barrio que se cree el amo del cotarro. Clásico error de los que no habían viajado y visto mundo... al contrario que yo. Su ropa delataba tres cosas. La primera es que su cuerpo estaba expuesto a impactos y heridas letales, y parecía completamente despreocupado y tranquilo al respecto. La segunda es que era cómoda, por lo tanto ligera y fina, no parecía ropa para aguantar cortes o golpes fuertes. Y la tercera es que era cara, por lo que seguro que el dinero era de su interés. Las dos mujeres junto a él eran la cosificación en persona, dos pelandruscas que se habían ganado un puesto de categoría a base de tragar esperma. Entrecerré los ojos mirándolas de arriba a abajo absorto por el sonido de la música del antro dándome cuenta de que probablemente si estaba con dos mujeres a su disposición, no querría más público en su despacho o habitación o lo que usase como privacidad. Lo cual parecía casar con su confianza en sus matones, y su carencia de protecciones o armas.
Miré en derredor para comprobar que mucha gente de la ciudad venía a disfrutar de estas actividades, posiblemente algunos por la música, otros por el alcohol, otros por las apuestas y otros simplemente por el ambiente, o el placer de ver una pelea. No parecía nada legal, desde luego, y no parecían formar parte de algo mayor más peligroso con lo que temer inmiscuirse.
Frente a mi estaba el ring de combate y rodeándolo a cierta distancia había treinta personas aparentemente semi-uniformadas con una cazadora de cuero que los acreditaba como miembros de esta pandilla, este clan o lo que fuera. Los escudriñé con la mirada rápidamente de uno en uno - al menos los que estaban a mi alcance visual - para determinar si tenían algún arma visible, algún signo más o alguna marca distintiva entre ellos que me arrojase información para saber identificar más de ellos entre la gente. Todos servían como cordón para que la gente del público no se echase hacia delante, y si eran treinta estaba seguro de que podría encargarme de ellos si no me pillaban por sorpresa, aunque fuese a ser complicado.
Mientras caminaba lateralmente hacia la derecha, para rodear el círculo en dirección hacia la barra, por el lado de las escaleras, observé tanto esa barra como la disposición de la sala, con el corredor superior suspendido de metal y aquella puerta a la espalda de Reiza. Eso debía de ser su zona privada, y si esa fruta era algo tan valioso, ahí es donde debería esconderla o guardarla. Por lo tanto, ese era mi objetivo principal.
— ¡Un whisky, dos hielos! — dije a la persona tras la barra alzando dos dedos de la mano izquierda mientras con la mano derecha sacaba berries de mi saco suficientes como para pagar tres tragos — ¡Y mis amigos lo que quieran! — señalé con esa mano hacia atrás, a los dos guardias que me habían dejado entrar. Era mejor tenerlos contentos por ahora y sacarles todo lo posible. No había que apresurarse. La información era poder y la fortuna sonreía a los pacientes, así que como una copa no le iba a hacer daño a nadie tendría que saborear ese momento mientras pensaba qué hacer.
Ganaba dinero con peleas y apuestas, seguramente amañadas o preparadas, y daba espectáculo y rienda suelta a la brutalidad de su panda de matones con los que se aseguraba su propia seguridad y su modelo de negocio.
Reiza estaba acompañado de dos mujeres exuberantes. Típico jefecillo de mal barrio que se cree el amo del cotarro. Clásico error de los que no habían viajado y visto mundo... al contrario que yo. Su ropa delataba tres cosas. La primera es que su cuerpo estaba expuesto a impactos y heridas letales, y parecía completamente despreocupado y tranquilo al respecto. La segunda es que era cómoda, por lo tanto ligera y fina, no parecía ropa para aguantar cortes o golpes fuertes. Y la tercera es que era cara, por lo que seguro que el dinero era de su interés. Las dos mujeres junto a él eran la cosificación en persona, dos pelandruscas que se habían ganado un puesto de categoría a base de tragar esperma. Entrecerré los ojos mirándolas de arriba a abajo absorto por el sonido de la música del antro dándome cuenta de que probablemente si estaba con dos mujeres a su disposición, no querría más público en su despacho o habitación o lo que usase como privacidad. Lo cual parecía casar con su confianza en sus matones, y su carencia de protecciones o armas.
Miré en derredor para comprobar que mucha gente de la ciudad venía a disfrutar de estas actividades, posiblemente algunos por la música, otros por el alcohol, otros por las apuestas y otros simplemente por el ambiente, o el placer de ver una pelea. No parecía nada legal, desde luego, y no parecían formar parte de algo mayor más peligroso con lo que temer inmiscuirse.
Frente a mi estaba el ring de combate y rodeándolo a cierta distancia había treinta personas aparentemente semi-uniformadas con una cazadora de cuero que los acreditaba como miembros de esta pandilla, este clan o lo que fuera. Los escudriñé con la mirada rápidamente de uno en uno - al menos los que estaban a mi alcance visual - para determinar si tenían algún arma visible, algún signo más o alguna marca distintiva entre ellos que me arrojase información para saber identificar más de ellos entre la gente. Todos servían como cordón para que la gente del público no se echase hacia delante, y si eran treinta estaba seguro de que podría encargarme de ellos si no me pillaban por sorpresa, aunque fuese a ser complicado.
Mientras caminaba lateralmente hacia la derecha, para rodear el círculo en dirección hacia la barra, por el lado de las escaleras, observé tanto esa barra como la disposición de la sala, con el corredor superior suspendido de metal y aquella puerta a la espalda de Reiza. Eso debía de ser su zona privada, y si esa fruta era algo tan valioso, ahí es donde debería esconderla o guardarla. Por lo tanto, ese era mi objetivo principal.
— ¡Un whisky, dos hielos! — dije a la persona tras la barra alzando dos dedos de la mano izquierda mientras con la mano derecha sacaba berries de mi saco suficientes como para pagar tres tragos — ¡Y mis amigos lo que quieran! — señalé con esa mano hacia atrás, a los dos guardias que me habían dejado entrar. Era mejor tenerlos contentos por ahora y sacarles todo lo posible. No había que apresurarse. La información era poder y la fortuna sonreía a los pacientes, así que como una copa no le iba a hacer daño a nadie tendría que saborear ese momento mientras pensaba qué hacer.
Contenido Oculto
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![[Imagen: siCzVIk.png]](https://imgur.com/siCzVIk.png)
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