10-09-2026, 10:39 AM
La mala suerte nos había llevado a caer en una isla llena de marines. Apenas nos habíamos acercado y nos dejaron claro que sus intenciones no eran pacíficas. Nada de mantener el orden. Nada de cruzar palabras. Mucho menos de mantener la tregua instalada en Skypiea. No supe bien qué pasó. En qué momento. Cual fue el paso elln falso que provocó aquello ni que era lo que ocurría a mí alrededor. Solo se, que de un momento a otro, no podía respirar
Sentí una intensa presión en el cuello. Una garra se cernía sobre mi, pues no pensaba que ningún ser, ya fuera humano, mink o Birka, pudiera tener semejante fuerza. Debía ser un demonio. Abrí los ojos y lo vi, justo frente a mí. El marine de los periódicos. Aquel supuesto héroe me había atacado por el mero hecho de haberme visto. En ese instante confirmé que todo lo que contaba Uker sobre ellos era cierto. Abrí mi boca e intenté expulsar un grito, bien de auxilio, bien de advertencia, para mis amigos. Pero el aire se negaba a pasar a través de mi garganta, en ninguno de los sentidos. Aferré mis garras sobre el brazo del marine para intentar zafarme, mas era inútil. Yo nunca había tenido una fuerza como aquella. Ni siquiera podría haberlo soñado. Hinqué mis uñas en su piel, pero nada hacia efecto. Intenté voltear los ojos para ver algo a mí alrededor. Sin embargo, no fui capaz de ver a ninguno de mis compañeros. No sabía si estaban bien o habían sido atacados como yo.
Debía apañármelas yo solo. Tenía que intentar cualquier cosa, lo que fuera. Lancé una patada contra el rostro de aquel sucio marine. Mi fuerza no era nada comparada con la suya, pero si disponía de una gran velocidad. Impacté dejando fluir la energía de mi electro en el golpe. Nada cambio. Al menos, no para bien. Parecía estar lejos de lograr liberarme de su agarre. Y la cosa empeoró. Pude ver cómo el brazo del hombre comenzaba a obtener una textura lisa y empezaba a humear. Eso solo podía significar, una cosa, iba a atacarme. Llevé mis brazos a ambos lados de mi cabeza, para cubrirme ante algún golpe que me pudiese noquear. Mi conocimiento, eso era lo que debía proteger. Oí al marine pronunciar unas palabras y el resto es borroso. Primero un intenso impacto en mi antebrazo izquierdo. Un dolor muy intenso me recorrió todo el brazo, tanto que dudé seriamente de si mi brazo seguía pegado a mi cuerpo. Sentí que no era capaz de mantener mi postura, incluso la electricidad había abandonado mi cuerpo. Sabía que estábamos en el aire, pero no pude saber en ningún momento si mi cara miraba hacia el cielo o hacia la tierra. Un intenso pitido se apoderó de mi, siendo lo único que escuché durante un instante. El instante que fue desde el golpe hasta que el marine pronunció de nuevo el nombre de otra de sus técnicas. El segundo golpe me pareció más intenso. Mis brazos habían caído a causa del primer golpe, por lo que esta vez me impactó de lleno en la sien. Por un momento, parecía que todo se había apagado. No sé si fue por el daño acumulado, o por el impacto en sí, solo se que la energía de mi cuerpo parecía diluirse.
Debía apañármelas yo solo. Tenía que intentar cualquier cosa, lo que fuera. Lancé una patada contra el rostro de aquel sucio marine. Mi fuerza no era nada comparada con la suya, pero si disponía de una gran velocidad. Impacté dejando fluir la energía de mi electro en el golpe. Nada cambio. Al menos, no para bien. Parecía estar lejos de lograr liberarme de su agarre. Y la cosa empeoró. Pude ver cómo el brazo del hombre comenzaba a obtener una textura lisa y empezaba a humear. Eso solo podía significar, una cosa, iba a atacarme. Llevé mis brazos a ambos lados de mi cabeza, para cubrirme ante algún golpe que me pudiese noquear. Mi conocimiento, eso era lo que debía proteger. Oí al marine pronunciar unas palabras y el resto es borroso. Primero un intenso impacto en mi antebrazo izquierdo. Un dolor muy intenso me recorrió todo el brazo, tanto que dudé seriamente de si mi brazo seguía pegado a mi cuerpo. Sentí que no era capaz de mantener mi postura, incluso la electricidad había abandonado mi cuerpo. Sabía que estábamos en el aire, pero no pude saber en ningún momento si mi cara miraba hacia el cielo o hacia la tierra. Un intenso pitido se apoderó de mi, siendo lo único que escuché durante un instante. El instante que fue desde el golpe hasta que el marine pronunció de nuevo el nombre de otra de sus técnicas. El segundo golpe me pareció más intenso. Mis brazos habían caído a causa del primer golpe, por lo que esta vez me impactó de lleno en la sien. Por un momento, parecía que todo se había apagado. No sé si fue por el daño acumulado, o por el impacto en sí, solo se que la energía de mi cuerpo parecía diluirse.
Apenas era capaz de ver. Todo me daba vueltas. Para ser más precisos, el mundo parecía estar cayendo por unas escaleras frente a mí. La imagen rebotaba hasta la esquina inferior izquierda de mi visión y volvía a su lugar de origen una y otra vez. Sentí una sacudida. Supuse que habíamos aterrizado, aunque no vi si el suelo estaba a mi espalda o de cara a mí. Incluso experimente un potente sabor metálico, uno que solo podía significar que la sangre campana a sus anchas por el interior de mi nariz, oído o boca. Mi pecho subía y bajaba con fuerza, con la intención de coger aire. Lo que hubiese resultado un alivio de no ser porque seguía sin poder respirar. ¿Sería acaso ese mi fin?
Los recuerdos se agolpaban en mi mente. Algunos me gritaban que nunca debía haber salido de Samba. Otros que seguramente no debí hacerlo de Zou. De haberme quedado aquel día, tal y como me pidieron, aún tendría un hogar. Quizá aún tuviese una familia. Las imágenes felices de mi pasado no hacían más que empujar de mis lágrimas hacia fuera. Mis ojos empapados comenzaron a captar imágenes menos borrosas, más definidas. El pitido de mis oídos se desvanecía. Entonces mis pies tocaron el suelo y el aire volvió a pasar a través de mi garganta.
Alcé la mirada. Mis ojos estaban encharcados en lágrimas, pero aún así podía reconocerlo. Eros. El capitán de los Sepultura. Mi hogar.
—E-Eros, yo... Ese hombre... —jadeé mientras intentaba recuperar el aliento. No miré atrás. Sabía lo que había pasado. Ahora solo quedaba asegurarnos de salir todos enteros de allí.
Los recuerdos se agolpaban en mi mente. Algunos me gritaban que nunca debía haber salido de Samba. Otros que seguramente no debí hacerlo de Zou. De haberme quedado aquel día, tal y como me pidieron, aún tendría un hogar. Quizá aún tuviese una familia. Las imágenes felices de mi pasado no hacían más que empujar de mis lágrimas hacia fuera. Mis ojos empapados comenzaron a captar imágenes menos borrosas, más definidas. El pitido de mis oídos se desvanecía. Entonces mis pies tocaron el suelo y el aire volvió a pasar a través de mi garganta.
Alcé la mirada. Mis ojos estaban encharcados en lágrimas, pero aún así podía reconocerlo. Eros. El capitán de los Sepultura. Mi hogar.
—E-Eros, yo... Ese hombre... —jadeé mientras intentaba recuperar el aliento. No miré atrás. Sabía lo que había pasado. Ahora solo quedaba asegurarnos de salir todos enteros de allí.
Antología
