Para mi - no - sorpresa, todos los presentes parecen estar completamente de acuerdo y entusiasmados con la idea de que vayan a cobrar ya los atrasos y un extra. El dinero al final compra cualquier cosa es, y más si es a mercenarios que no están cobrando. Todos empezaron a coger su dinero y a celebrar entre ellos el haber podido cobrar por fin, restando en mi bolsa apenas ciento cincuenta mil berrys que si bien era suficiente dinero como para vivir cómodo un tiempo sin tener que acceder a mi reserva personal por un tiempo, al menos hasta que quisiera comprarme un barco y salir de este estercolero de metal y óxido.
La sucesión de comentarios y confesiones se hizo de varias formas y descolocada en todo momento, pero quedaron tres datos claros. El primero es que la combinación empezaba por un tres, el segundo es que había al menos un cero, y el tercero que había varios número seis. El panel numérico tenía cinco ranuras alineadas y la última de las pistas otorgadas por estas personas era una de las frases que Reiza siempre decía al entrar o salir de la habitación, como un mantra: Treinta demonios.
Su obsesión con su banda, su estatus y sus hombres - que eran el símbolo de su poder - era algo que le pegaba mucho establecer como contraseña. El número 30, por sus treinta hombres, y el número asociado al demonio más comúnmente establecido en todas las religiones posibles, el número de la bestia: El 666.
— Hmm — dije nasalmente sin abrir la boca — Voy a abrir esa puerta como sea, con clave o a machetazos. Voy a quedarme el símbolo de su poder para consolidarme como el líder de esta ciudad con vosotros a mi mando, y voy a daros a vosotros todo lo demás que haya en la sala ¿de acuerdo? — pregunté abriendo la puerta y pasando a caminar hacia el candado de la sala del tesoro — Después os dejaré decidir el destino del aniki Reiza y tras eso, tendréis una semana libre antes de empezar a poner las cosas en su sitio — y con esa frase pedí a uno de los demonios que introduje la contraseña que creía que iba a ser la correcta.
La sucesión de comentarios y confesiones se hizo de varias formas y descolocada en todo momento, pero quedaron tres datos claros. El primero es que la combinación empezaba por un tres, el segundo es que había al menos un cero, y el tercero que había varios número seis. El panel numérico tenía cinco ranuras alineadas y la última de las pistas otorgadas por estas personas era una de las frases que Reiza siempre decía al entrar o salir de la habitación, como un mantra: Treinta demonios.
Su obsesión con su banda, su estatus y sus hombres - que eran el símbolo de su poder - era algo que le pegaba mucho establecer como contraseña. El número 30, por sus treinta hombres, y el número asociado al demonio más comúnmente establecido en todas las religiones posibles, el número de la bestia: El 666.
— Hmm — dije nasalmente sin abrir la boca — Voy a abrir esa puerta como sea, con clave o a machetazos. Voy a quedarme el símbolo de su poder para consolidarme como el líder de esta ciudad con vosotros a mi mando, y voy a daros a vosotros todo lo demás que haya en la sala ¿de acuerdo? — pregunté abriendo la puerta y pasando a caminar hacia el candado de la sala del tesoro — Después os dejaré decidir el destino del aniki Reiza y tras eso, tendréis una semana libre antes de empezar a poner las cosas en su sitio — y con esa frase pedí a uno de los demonios que introduje la contraseña que creía que iba a ser la correcta.
3-0-6-6-6
Info
![[Imagen: siCzVIk.png]](https://imgur.com/siCzVIk.png)
— [color=#C2A14F ]
