13-09-2026, 05:49 PM
Los treinta hombres apretados entre la sala de los combatientes y el pasillo estrecho mantienen un silencio y ninguno se atreve a parpadear siquiera manteniendo la mirada puesta en la puerta cerrada del fondo esperando a ver si de verdad va a funcionar lo que están a punto de intentar. El demonio elegido se agacha frente al panel, respira hondo una vez, y marca la última cifra —tres, cero, seis, seis, seis— con el dedo tembloroso más por la expectación que por el frío. Un chasquido rompe la tensión y la puerta es abierta unos centímetros hacia adentro, y entonces sí, el sótano entero estalla en gritos de júbilo, mientras los más cercanos a la puerta le dan manotazos en la espalda de quien marcó los números y todos intentan acercarse a husmear que es lo que guarda Reizā con tanto recelo. Dentro, la sala tiene las mismas dimensiones que la de los combatientes, seis metros por cuatro, pero con una disposición completamente distinta. Varias estanterías de madera oscura cubren tres de las cuatro paredes, cargadas de cuadros de arte que para Reizā quizás valgan mucho pero en realidad nadie pagaría ni un berrie por ellos, y en el centro exacto de la sala, sobre un pedestal de madera de un metro de altura e iluminada por un único foco que cuelga directamente sobre ella, descansa lo que parece ser una fruta bastante rara que solo puede ser descrita como una esfera de textura fibrosa y trenzada con un patrón de remolinos grabado en toda la piel y un rostro tallado en relieve en uno de sus lados a la vez que de la parte superior brotan varias hebras rígidas de un azul intenso que se curvan ligeramente hacia afuera en distintas direcciones.
A pesar de la euforia y las ganas de husmear, ninguno de los treinta se atreve a cruzar el umbral. Se quedan apiñados en el marco de la puerta y a lo largo del pasillo estrecho, algunos de puntillas, otros apoyando una mano en el hombro del de delante para asomarse un poco más sin perder el equilibrio, estirando el cuello y empujándose entre risas nerviosas por conseguir mejor vista desde fuera. Ni siquiera el más borracho de todos, ese que hace un rato se reía a carcajadas por haber acertado el treinta del código, se anima a dar el paso, como si el propio silencio de la sala les recordara a todos que ese espacio siempre fue territorio exclusivo de Reizā, hasta ahora, y que cruzar esa línea por su cuenta sería tentar a la muerte misma. Quince minutos después de que la puerta cediera, la voz de Reizā atraviesa de golpe el ambiente denso del sótano, distorsionada por la distancia pero perfectamente reconocible a través del micrófono que sigue usando desde el balcón, cinco metros por encima del ring y varios más por encima de la propia sala del tesoro – “Taito, sube ya, que tenemos que hablar de la siguiente fase del plan” – dice, la voz rebotando contra las paredes de piedra del pasillo hasta colarse en la sala a través de la puerta abierta, ajeno por completo a que esta apunto de ser estafado con aquello que celosamente ha guardado en toda su vida como líder de Pinion.
A pesar de la euforia y las ganas de husmear, ninguno de los treinta se atreve a cruzar el umbral. Se quedan apiñados en el marco de la puerta y a lo largo del pasillo estrecho, algunos de puntillas, otros apoyando una mano en el hombro del de delante para asomarse un poco más sin perder el equilibrio, estirando el cuello y empujándose entre risas nerviosas por conseguir mejor vista desde fuera. Ni siquiera el más borracho de todos, ese que hace un rato se reía a carcajadas por haber acertado el treinta del código, se anima a dar el paso, como si el propio silencio de la sala les recordara a todos que ese espacio siempre fue territorio exclusivo de Reizā, hasta ahora, y que cruzar esa línea por su cuenta sería tentar a la muerte misma. Quince minutos después de que la puerta cediera, la voz de Reizā atraviesa de golpe el ambiente denso del sótano, distorsionada por la distancia pero perfectamente reconocible a través del micrófono que sigue usando desde el balcón, cinco metros por encima del ring y varios más por encima de la propia sala del tesoro – “Taito, sube ya, que tenemos que hablar de la siguiente fase del plan” – dice, la voz rebotando contra las paredes de piedra del pasillo hasta colarse en la sala a través de la puerta abierta, ajeno por completo a que esta apunto de ser estafado con aquello que celosamente ha guardado en toda su vida como líder de Pinion.
Resumen
Aventura
Antro de Reiza
Turno

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![[Imagen: t4mhMuF.png]](https://i.imgur.com/t4mhMuF.png)
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