14-09-2026, 08:00 AM
Sus muestras de cariño eran pequeñas pero delicadas, brotando en mi sentimientos que eran semejantes a las luciérnagas que se esparcen entre la hierba cuando la noche cae sobre el campo, iluminando la oscuridad con destellos suaves pero imposibles de ignorar, el sentimiento que tenía hacia Kibai era similar, emociones que crecían silenciosamente en lo más profundo de mi corazón a pesar de haber conocido a Kibai apenas unas horas atrás. Quizás era su forma de hablar, la tranquilidad que transmitía o la calidez que parecía acompañarlo a donde fuera, pero algo en él había conseguido abrirse paso dentro de mí. Por eso, cuando sentí sus manos posarse sobre mis hombros, mi cuerpo se relajó de forma instintiva, acogiendo aquel contacto con una naturalidad que me sorprendió un poco. Ciertamente una leve sonrisa se dibujó en mis labios mientras disfrutaba de aquella cercanía y cuando su frente rozó suavemente mi rostro, una pequeña risa escapó de mis labios cautivando ese momento, me sentía tan ligera como el viento nocturno,el agradable aroma que lo envolvía, el calor que desprendía su cuerpo y la seguridad que transmitía con un gesto tan simple, Era una sensación extraña, dulce y reconfortante, una que me hacía sentir tranquila y feliz sin necesidad de palabras.
Ante sus palabras y esa sincera confesión, me sentí completamente correspondida y feliz, pues era extraño que una amistad pudiera nacer y crecer con tanta rapidez, ¿Acaso era porque Kibai mostró su gentileza? o ¿Era porque alguien habia escuchado por completa mi historia? o…¿Simplemente era un cariño genuino que no necesitaba explicación?, no lo tenia claro pero… estar junto a Kibai me era totalmente natural, especial y reconfortante. Cuando estaba a punto de responder a sus palabras un repentino ¿latigazo? impactó contra mi espalda, ¿Acaso era su forma de regañarme?, ese golpe hizo que mis músculos se tensaran de inmediato y un pequeño sobresalto sacudio mi cuerpo. De manera instintiva lleve mi mano izquierda a la mano de Kibai, la cual se aferró con más fuerza a la mano felpuda del mink, cuando desvie el rostro para mirarle de reojo escuché su voz; era severa, firme, pero extrañamente tranquila, mientras me advertía que no volviera a llamarlo gato ni a compararlo con uno. Quizás aquellas palabras me habrían provocado auténtico pavor unos momentos antes…sin duda habría salido corriendo de ese lugar sin mirar atrás. Pero algo había cambiado, pues en lugar de sentir miedo o de preocuparme por aquella advertencia, una risa escapó de mis labios de forma repentina y casi explosiva. incapaz de contenerme, las lágrimas comenzaban a acumularse en las comisuras de mis ojos, pequeñas perlas que resplandecian por el brillo de la fogata, no había burla en aquella risa, sino una extraña mezcla de alivio, confianza y felicidad. Y durante todo ese tiempo me negué a soltar su mano, mis dedos permanecieron entre los suyos, aferrándose con suavidad pero con decisión, porque, por alguna razón que ni yo misma terminaba de comprender, no quería apartarme de él ni un solo instante.
Jajajaja...
Pero la noche no era eterna, tampoco este lugar y este momento, todo encuentro por muy especial que fuera, estaba destinado a llegar a su fin tarde o temprano, esa era una realidad que comenzó a hacerse evidente cuando Kibai se puso de pie y me ofreció su mano como todo un caballero, su gesto aunque era simple, era tierno…tanto que hizo que mi corazón se encogiera ligeramente. Parecía dispuesto a escoltarme de regreso y en su rostro permanecía aquella sonrisa que hablaba de una despedida que ninguno de los dos deseaba apresurar. Durante unos segundos me quedé observándolo, como si quisiera grabar aquella imagen en mi memoria antes de que la distancia volviera a separarnos, entonces extendí mi mano hacia la suya, aceptando la invitación sin dudarlo. Recogí mi sombrilla y me aferre a su brazo —Me encantaría —mencioné con sinceridad, permitiéndome disfrutar de aquellos últimos momentos a su lado antes de que la noche reclamara finalmente su despedida.
Al recorrer nuevamente el mismo sendero que nos había llevado hasta aquel lugar, continué conversando con Kibai, dejando que nuestras palabras se mezclaran con risas, bromas y pequeños juegos de palabras que hacían que el trayecto pareciera mucho más corto, las sombras de los árboles, que desde un principio me parecían misteriosas, ya no resultaban tan oscuras a mi alrededor; incluso la soledad del camino había perdido aquella sensación inquietante que antes me acompañaba, no tenia miedo pero era un sentimiento desagradable que a veces ignoraba, el susurro del viento entre las ramas, los sonidos de los animales ocultos entre la vegetación, todo parecía diferente ahora. No era que el bosque hubiese cambiado, sino que algo dentro de mí lo había hecho. Con cada árbol que dejábamos atrás, tenía la impresión de que pequeñas luces comenzaban a resplandecer a nuestro alrededor, como si aquellas mismas luciérnagas que había imaginado antes, sombras doradas que volaban entre las copas de los arboles. Entonces comprendí que aquello que había comenzado a crecer en mi interior se parecía demasiado al amor, aunque todavía no podía llamarlo así. No estaba enamorada de Kibai; apenas lo había conocido aquella noche y sería demasiado pronto para darle un nombre a todo aquello. Pero sí sabía algo con certeza, esta noche ya no me sentía sola, ni pérdida, ni caminaba con aquella sensación de estar completamente aislada del mundo…soportando mi dolor. Su compañía había conseguido transformar una noche cualquiera en un recuerdo que seguramente conservaría durante mucho tiempo. Y mientras continuaba caminando a su lado, sosteniendo su mano y escuchando nuestras risas perderse entre los árboles, sonreí con una felicidad que no necesitaba explicación. Aquella noche, simplemente, me sentía especialmente feliz.
Saliendo finalmente del bosque al llegar a un desvío de dos caminos, uno conducia al puerto, el otro hacia el pueblo —Bueno…supongo que aqui nos separamos...puedo regresar sola a casa, puedo cuidarme muy bien– confesé sin soltar todavía la mano de Kibai –Espero volvernos a encontrar en el futuro…no te apartes nunca de la luz Kibai, no estas solo…te haz ganado una nueva amiga– elevando suavemente nuestro agarre para transmitir esa seguridad, lo observe nuevamente como buscando grabar su rostro. La bendición de recordar y querer a una persona es un regalo que pocos aprecian —Cuando nos volvamos a encontrar….hazme algo delicioso…me harías muy feliz– sin mas, sin decir nada mas, mi mano abandono su palma lentamente mientras me alejaba lentamente por el sendero que me llevaria al pueblo.
Con una sonrisa en mis labios, con la brisa movimiento sutilmente mis cabello, mi vestido y mi alma, simplemente aproveche la distancia para decir mis ultimas palabras.
Ante sus palabras y esa sincera confesión, me sentí completamente correspondida y feliz, pues era extraño que una amistad pudiera nacer y crecer con tanta rapidez, ¿Acaso era porque Kibai mostró su gentileza? o ¿Era porque alguien habia escuchado por completa mi historia? o…¿Simplemente era un cariño genuino que no necesitaba explicación?, no lo tenia claro pero… estar junto a Kibai me era totalmente natural, especial y reconfortante. Cuando estaba a punto de responder a sus palabras un repentino ¿latigazo? impactó contra mi espalda, ¿Acaso era su forma de regañarme?, ese golpe hizo que mis músculos se tensaran de inmediato y un pequeño sobresalto sacudio mi cuerpo. De manera instintiva lleve mi mano izquierda a la mano de Kibai, la cual se aferró con más fuerza a la mano felpuda del mink, cuando desvie el rostro para mirarle de reojo escuché su voz; era severa, firme, pero extrañamente tranquila, mientras me advertía que no volviera a llamarlo gato ni a compararlo con uno. Quizás aquellas palabras me habrían provocado auténtico pavor unos momentos antes…sin duda habría salido corriendo de ese lugar sin mirar atrás. Pero algo había cambiado, pues en lugar de sentir miedo o de preocuparme por aquella advertencia, una risa escapó de mis labios de forma repentina y casi explosiva. incapaz de contenerme, las lágrimas comenzaban a acumularse en las comisuras de mis ojos, pequeñas perlas que resplandecian por el brillo de la fogata, no había burla en aquella risa, sino una extraña mezcla de alivio, confianza y felicidad. Y durante todo ese tiempo me negué a soltar su mano, mis dedos permanecieron entre los suyos, aferrándose con suavidad pero con decisión, porque, por alguna razón que ni yo misma terminaba de comprender, no quería apartarme de él ni un solo instante.
Jajajaja...
Pero la noche no era eterna, tampoco este lugar y este momento, todo encuentro por muy especial que fuera, estaba destinado a llegar a su fin tarde o temprano, esa era una realidad que comenzó a hacerse evidente cuando Kibai se puso de pie y me ofreció su mano como todo un caballero, su gesto aunque era simple, era tierno…tanto que hizo que mi corazón se encogiera ligeramente. Parecía dispuesto a escoltarme de regreso y en su rostro permanecía aquella sonrisa que hablaba de una despedida que ninguno de los dos deseaba apresurar. Durante unos segundos me quedé observándolo, como si quisiera grabar aquella imagen en mi memoria antes de que la distancia volviera a separarnos, entonces extendí mi mano hacia la suya, aceptando la invitación sin dudarlo. Recogí mi sombrilla y me aferre a su brazo —Me encantaría —mencioné con sinceridad, permitiéndome disfrutar de aquellos últimos momentos a su lado antes de que la noche reclamara finalmente su despedida.
Al recorrer nuevamente el mismo sendero que nos había llevado hasta aquel lugar, continué conversando con Kibai, dejando que nuestras palabras se mezclaran con risas, bromas y pequeños juegos de palabras que hacían que el trayecto pareciera mucho más corto, las sombras de los árboles, que desde un principio me parecían misteriosas, ya no resultaban tan oscuras a mi alrededor; incluso la soledad del camino había perdido aquella sensación inquietante que antes me acompañaba, no tenia miedo pero era un sentimiento desagradable que a veces ignoraba, el susurro del viento entre las ramas, los sonidos de los animales ocultos entre la vegetación, todo parecía diferente ahora. No era que el bosque hubiese cambiado, sino que algo dentro de mí lo había hecho. Con cada árbol que dejábamos atrás, tenía la impresión de que pequeñas luces comenzaban a resplandecer a nuestro alrededor, como si aquellas mismas luciérnagas que había imaginado antes, sombras doradas que volaban entre las copas de los arboles. Entonces comprendí que aquello que había comenzado a crecer en mi interior se parecía demasiado al amor, aunque todavía no podía llamarlo así. No estaba enamorada de Kibai; apenas lo había conocido aquella noche y sería demasiado pronto para darle un nombre a todo aquello. Pero sí sabía algo con certeza, esta noche ya no me sentía sola, ni pérdida, ni caminaba con aquella sensación de estar completamente aislada del mundo…soportando mi dolor. Su compañía había conseguido transformar una noche cualquiera en un recuerdo que seguramente conservaría durante mucho tiempo. Y mientras continuaba caminando a su lado, sosteniendo su mano y escuchando nuestras risas perderse entre los árboles, sonreí con una felicidad que no necesitaba explicación. Aquella noche, simplemente, me sentía especialmente feliz.
Saliendo finalmente del bosque al llegar a un desvío de dos caminos, uno conducia al puerto, el otro hacia el pueblo —Bueno…supongo que aqui nos separamos...puedo regresar sola a casa, puedo cuidarme muy bien– confesé sin soltar todavía la mano de Kibai –Espero volvernos a encontrar en el futuro…no te apartes nunca de la luz Kibai, no estas solo…te haz ganado una nueva amiga– elevando suavemente nuestro agarre para transmitir esa seguridad, lo observe nuevamente como buscando grabar su rostro. La bendición de recordar y querer a una persona es un regalo que pocos aprecian —Cuando nos volvamos a encontrar….hazme algo delicioso…me harías muy feliz– sin mas, sin decir nada mas, mi mano abandono su palma lentamente mientras me alejaba lentamente por el sendero que me llevaria al pueblo.
Con una sonrisa en mis labios, con la brisa movimiento sutilmente mis cabello, mi vestido y mi alma, simplemente aproveche la distancia para decir mis ultimas palabras.
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Hasta pronto, gatito teton…

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