14-09-2026, 10:54 AM
Fue solo un sueño. Cómo me hubiese gustado el desenlace. Sin embargo, nada de aquello había ocurrido. Sigo sin respiración, colgado de la mano de este marine como si fuera un muñeco de trapo. Se que mi final debe estar cerca. Los recuerdos habían estado viniendo a mi mente como una secuencia de hechos de una novela. No sé si se trata de una burla de los dioses, mostrándome mis errores, todos, los que me han traído hasta aquí. Sí me gritan como mi actitud en esta isla, dispuesto a enfrentarme a unos marines, era la que me hace ahora sucumbir. Yo creo que este último movimiento es como el de una roca que llega al pie de la montaña tras un desprendimiento; inevitable.
Tal vez el error venga de haber viajado a la isla del cielo con mis amigos, de los deseos por llevarme el oro de allí, por el ansia de adquirir nuevos poderes. O incluso de las atrás, de la pasividad total que tuve en Jaya, o de nuestro paso por Arabasta. El frío de Drum o las grandes selvas de Little Garden. En alguno de aquellos lugares debía estar lo que los dioses me mostraban para reírse de mi. O tal vez fuera antes. Antes de los cabos gemelos, en Samba, en esa vida de delincuencia que tomé allí por necesidad. Que digo necesidad, por obligación. Pero mi mente me lleva más atrás, antes incluso de las imágenes que habían estando pasado por mi mente existieran. Una época que ya se dibujaba borrosa en mi mente. A aquel momento en el que me infiltre en el barco de mis padres.
Se que de haber podido respirar, me hubiese faltado el aire igual. Yo soy el culpable de todo lo que me ha pasado. Yo soy el único que se ha dejado llevar hacia el lado oscuro, a la delincuencia. Siento mi cuerpo muy pesado. No solo por la pena, sino por el salto que ha iniciado el marine que me atrapa. Me siento más débil que nunca, a su merced, como si pudiese hacer conmigo lo que quisiera. De hecho, lo hace. Sus palabras causan que mi cuerpo se estremezca. ¿Qué es lo que tengo que ver? Volamos y no soy capaz de reaccionar. Incluso cuando me suelta y mi cuerpo rueda por el suelo por el impulso, no soy capaz de hacer nada. El dolor de mi cabeza es tan intenso que se que no sería tan veloz como antes. Pero lo que me bloquea del todo es ver cómo Eros permanece estático en su sitio, como una estatua. Oigo la voz del marine y veo como mi capitán se desploma.
El aire que había comenzado a llenar mis pulmones se congela. Busco con desesperación a Kiyoshi. El doctor no está en una situación mejor. Mis amigos han sido derrotados. Me levanto y corro dando tumbos hasta su posición. A medio camino, antes de llegar a Eros, mis piernas ceden. O tal vez es mi mente la que lo hace. De cualquier manera, mi cuerpo se desploma. Las rodillas frenan mi caída. Los brazos caen sobre el revés de mis manos. Mi cabeza es demasiado pesada. Mis ojos miran al cielo pero no puedo dejar de ver la imagen de mis compañeros en el suelo. La voluntad por seguir adelante se ha fugado de mi cuerpo. Sí alguien pudiera ver mis ojos, estoy seguro de que no tendrían vida.
Mi mente se ha convertido en un torrente de imágenes. Imágenes que van de Eros en el suelo a aquella borrachera de la playa. De Kiyoshi herido a mí fascinación por sus planes. Nos veo derrotados. Nos veo celebrando juntos. Veo cada una de nuestras batallas, de nuestras huidas, de nuestras victorias y de nuestras aventuras. Veo también a Uker, el último de mis amigos. El mismo al que ahora dejaríamos solo, cuando nuestros huesos fueran a parar a una celda o a una tumba. En todos mis recuerdos aparecían ellos. Los Sepultura se habían convertido en todo para mí. Ellos eran mi hogar. Los dioses no jugaban con mi mente, no sé burlaban de mi. Tan solo me daban un último regalo, me mostraban nuestros momentos juntos. Me mostraban lo que soy.
Tal vez el error venga de haber viajado a la isla del cielo con mis amigos, de los deseos por llevarme el oro de allí, por el ansia de adquirir nuevos poderes. O incluso de las atrás, de la pasividad total que tuve en Jaya, o de nuestro paso por Arabasta. El frío de Drum o las grandes selvas de Little Garden. En alguno de aquellos lugares debía estar lo que los dioses me mostraban para reírse de mi. O tal vez fuera antes. Antes de los cabos gemelos, en Samba, en esa vida de delincuencia que tomé allí por necesidad. Que digo necesidad, por obligación. Pero mi mente me lleva más atrás, antes incluso de las imágenes que habían estando pasado por mi mente existieran. Una época que ya se dibujaba borrosa en mi mente. A aquel momento en el que me infiltre en el barco de mis padres.
Se que de haber podido respirar, me hubiese faltado el aire igual. Yo soy el culpable de todo lo que me ha pasado. Yo soy el único que se ha dejado llevar hacia el lado oscuro, a la delincuencia. Siento mi cuerpo muy pesado. No solo por la pena, sino por el salto que ha iniciado el marine que me atrapa. Me siento más débil que nunca, a su merced, como si pudiese hacer conmigo lo que quisiera. De hecho, lo hace. Sus palabras causan que mi cuerpo se estremezca. ¿Qué es lo que tengo que ver? Volamos y no soy capaz de reaccionar. Incluso cuando me suelta y mi cuerpo rueda por el suelo por el impulso, no soy capaz de hacer nada. El dolor de mi cabeza es tan intenso que se que no sería tan veloz como antes. Pero lo que me bloquea del todo es ver cómo Eros permanece estático en su sitio, como una estatua. Oigo la voz del marine y veo como mi capitán se desploma.
El aire que había comenzado a llenar mis pulmones se congela. Busco con desesperación a Kiyoshi. El doctor no está en una situación mejor. Mis amigos han sido derrotados. Me levanto y corro dando tumbos hasta su posición. A medio camino, antes de llegar a Eros, mis piernas ceden. O tal vez es mi mente la que lo hace. De cualquier manera, mi cuerpo se desploma. Las rodillas frenan mi caída. Los brazos caen sobre el revés de mis manos. Mi cabeza es demasiado pesada. Mis ojos miran al cielo pero no puedo dejar de ver la imagen de mis compañeros en el suelo. La voluntad por seguir adelante se ha fugado de mi cuerpo. Sí alguien pudiera ver mis ojos, estoy seguro de que no tendrían vida.
Mi mente se ha convertido en un torrente de imágenes. Imágenes que van de Eros en el suelo a aquella borrachera de la playa. De Kiyoshi herido a mí fascinación por sus planes. Nos veo derrotados. Nos veo celebrando juntos. Veo cada una de nuestras batallas, de nuestras huidas, de nuestras victorias y de nuestras aventuras. Veo también a Uker, el último de mis amigos. El mismo al que ahora dejaríamos solo, cuando nuestros huesos fueran a parar a una celda o a una tumba. En todos mis recuerdos aparecían ellos. Los Sepultura se habían convertido en todo para mí. Ellos eran mi hogar. Los dioses no jugaban con mi mente, no sé burlaban de mi. Tan solo me daban un último regalo, me mostraban nuestros momentos juntos. Me mostraban lo que soy.
Vuelvo en mi para mirar a mis compañeros. Veo que uno de los marines se encuentra quitándole el rifle a Kiyoshi. Me lavento y corro hacia él con el puño en alto. Le lanzo un golpe a la mandíbula, pese a que se que posiblemente sea lo ultimo que haga. No puedo hacer otra cosa. Al fin se cual era mi lugar. Al fin se que es lo que soy.
—Yo soy sepultura.
Una afirmación que me define. Una frase que me liga a ellos sea donde sea que nos lleve el destino.
Antología
