Sombras doradas entre los árboles - [Priv Kibai / Pasado]
#16
Ante el cortés ofrecimiento de Kibai para acompañarla de vuelta al pueblo, Kagura le respondió levantádnose y tomadno su mano sin dudar, lo cual dibujó una amplia sonrisa en el rostro del mink, el cual tras asegurarse de que la hoguera quedaba convenientemente apagada, se encaminó con ella de vuelta por el camino que conducía fuera del bosque.

Con la joven pelirroja sujetada de su brazo derecho firmemente, Kibai la condujo por el sendero de tierra y hojarrasca que llevaba de regreso hacia la ciudad. En el trayecto, Kagura se mostraba animada, riendo y manteniendo con él una animada charla mientras la suave luz de la luna creciente los envolvía en un halo plateado. El mink miraba de vez en cuando hacia arriba, alegrandose una vez más que el astro no estuviese en plenilunio, pues en ese caso no se habría atrevido a salir del interior del barco, ni tampoco habría conocido a aquella excéntrica muchacha.

Aún a pesar de las rarezas de Kagura, mientras seguían caminado Kibai se dio cuenta de que realmente estaba cómodo a su lado. Las risas ante sus frases y bromas eran naturales, y el mink se descubrió de pronto riendo y respondiendo a las mismas con una familiaridad que no había tenido con prácticamente nadie, al menos desde aquel fatídico día en el que habia caído de los acantilados de Zou.

— Es muy rara si, pero también me cae muy bien. — pensaba para si mientras veía como Kagura se secaba los ojos ante una broma que había hecho acerca de las bolas de pelo. En un gesto de cercanía, el mink frotó de nuevo la frente con la cabeza de la joven, cerrando momentáneamente los ojos para fijar su olor en su memoria. No era que fuese a ser una libreta de direcciones, pero le gustaba asegurarse de recordar bien los olores de las personas importantes para él, y aquella extraña muchacha se las había arreglado para en apenas unas horas colocarse directamente en esa categoría.

Tras una caminata que se le hizo a Kibai mucho más breve de lo que le hubiese gustado, la pareja llegó a una bifurcación del camino. El mink reconoció cerca la casa en ruinas con el pozo de dónde había sacado el agua y el trozo de pedernal. Incluso si aspiraba con concentración, podía percibir el inconfundible olor a sal del mar que aguardaba su regreso más allá de la primera línea de casas iluminadas que se podían apreciar ya claramente.

— Bueno…supongo que aqui nos separamos...puedo regresar sola a casa, puedo cuidarme muy bien — le dijo Kagura, aunque su mano seguía firmemente agarrada a la suya, y Kibai tampoco hizo el menor intento por soltarla. Mientras ella se despedía, el mink no dijo nada, limitándose a mirarla con los ojos brillando levemente en la penumbra nocturna, fijando cada rasgo que la muchacha en su memoria. Ante la petición final de que le cocinase algo la próxima vez que se viesen, Kibai esbozó una sonrisa que dejaba ver sus colmillos superiores, y antes de que Kagura soltase su mano del todo, la cola del mink se enroscó alrededor de su cintura.

— Si con eso consigo hacerte feliz Kagura, te prometo que comerás lo más delicioso que habrás probado en tu vida. — le aseguró Kibai antes de adelantarse rápidamente hacia la joven y dándole un suave mordisco en la punta de la nariz, poniendo especial cuidado en que sus colmillos no le hiciesen el menor daño.

— No cuenta como beso. — le susurró sin apartar el rostro mientras su cola se desenrollaba del talle de Kagura y volvía a su posición natural. — Nos vemos, futura marine.

Con aquellas últimas palabras, Kibai se giró de espaldas a la muchacha y tras caminar unos metros, dio un salto, aterrizando sobre las maderas del tejado de uno de los edificios más cercanos al linde del bosque. Desde allí divisaba perfectamente los aparejos del Swift, pero antes de emprender definitivamente el regreso, el mink se volvió una última vez, respirando el aroma de Kagura que la brisa marina había tenido a bien traerle, quien sabía si por última vez.

El trayecto de regreso al barco trascurrió en un completo silencio, mientras Kibai saltaba de tejado en tejado hasta aterrizar son suavidad a apenas diez metros del pantalán del puerto. Los dos marineros que estaban de guardia en la cubierta lo miraron con extrañez, pues era muy poco habitual que el mink llegase de vuelta de una de sus "expediciones" antes del amanecer.

— Vaya Kibai, que te ha pasado? Ya nos echabas de menos? —  le dijo uno de ellos, apoyado relajadamente sobre su rifle.

— Nah, mírale la cara. — intervino su compañero dándole un toque en el hombro. — A este le ha pasado algo más serio, que te lo digo yo. Vamos, chico, qué te ha pasado? Te has encontrado alguna fiera salvaje que te ha disputado la presa?

Kibai soltó un leve bufido, a medias entre risa y sarcasmo, mientras subía las tablas de madera que unían al barco con el muelle.

— Algo así, se podría decir. No he traído nada para la cocina, lo siento. No es que haya tenido muchas oportunidades de cazar algo.

Sin añadir más detalles, el mink se dirigió directamente a la zona de proa del Swift. Con el equilibrio que había aprendido a adquirir tras tanto tiempo navegando a bordo del buque, caminó con un pie delante del otro por el bauprés, hasta tumbarse cuan largo era en el tercio final del palo, dejando reposar la cabeza sobre los antebrazos. La luz del amanecer aún era sumamente tenue, pero Kibai ya notaba como su calor empezaba a entibiar su piel. A medida que los ojos se le cerraban, Kibai rememoró todo lo que le había acontecido aquella noche, soltando pequeñas risitas al recordar los momentos mas salientables desde su encuentro con Kagura, pasando por la caza y la preparación de la cena, a los agradables momentos compartidos por ambos al calor del fuego.

Su último pensamiento fue una capa de cabello pelirrojo que lo envolvió para arrastrarlo al mundo de los sueños.
[Imagen: gvCFAP2.png]
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RE: Sombras doradas entre los árboles - [Priv Kibai / Pasado] - por Kibai - 16-09-2026, 01:40 AM

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