16-09-2026, 02:08 AM
Hacia un calor de los mil cojones… debe ser verano, que año que importa, poco mas de medio día. Seguro. ¿El día? ¿Que? Maki no es un a jodida esclava del tiempo. Da igual. Solo vive el momento. Basura basura basura, por todos lados, casi que cortocircuitaba su mente con tanta basura. Así que sí. estamos en el reino de la basura. El solo escuchar quesadilla hizo que se le revolviera el maldito estómago, maldita sea. El aroma a queso y a la basura ahora le parecían exactamente el mismo. Tenían que irse pronto o mierda… se volvería vegana como Merlot. Pero. Seria un crimen el no comer huevos o leche… mierda el queso… debían salir pronto como sea.
Limpiaba cuidadosamente su espada, cruzada sobre sus muslos mientras tenía una pierna sobre la otra. Su mirad de acero y oro sentenciaba que era una excelente espada, pero jamás sería una tan fuerte como su Hoja de los mil recuerdos rotos. Una que cada vez que se movía dentro de su guitarra, creaba un traqueteo melódico y armónico capaz de enaltecer la magia del movimiento y el arte con solo un movimiento. Miro el trapo con el que limpiaba y… —Demonios… seguro ya está más sucio que antes. Esta maldita isla… la odio.— Mando a la mierda el paño que cayó sobre un receptáculo para más…si más basura.
Su hermana le preguntaba por quesadillas… no, por favor. Le extendió el den den mushi y ella parpadeo con algo de asombro. Miro el caracol, miro a Merlot y volvió a mirar el caracol. —Que?— solo los reflejos de Maki lograron atraparlo en el aire sin que se hiciera pedazos contra el suelo o la cara de la quemada.
Fue entonces que escucho una voz… una voz con una potencia increíble… potencialmente llena de locura. Y entonces comenzó una espiral ascendente o mas bien descendente a un abismo sin fondo. Lo de la promoción del un cebratun. Demonios si que era todo tan extraño. Ya no era nada de eso, o bueno atún si, pero no… demonios. Estaba volviéndose loca por cercanía?... —… …. … Quiero volver a la superficie— No es que echara de menos el Abrasivo sol, el infinito cielo o el mar eterno. Solo… quería diez o quince minutos de silencio y convivir con sus propios pensamientos. La vista se clavó directo en los dorados ojos de la sirena.
—No, no… no quiero bolitas de… … … de…— Contuvo las náuseas y el vómito… había comido cientos de ellas pensando que les decían así por que parecían pulpos, no por que fueran del jodido animal cazado y carneado en un barco de mala muerte. —… Pulpo… es… es que descubrí que son hechas de verdadero pulpo, que asco— Poso sus dedos sobre su boca en caso de que no pudiera aguantar. —Aunque veinte quesadillas de carne con mucho queso tampoco suenan mal.— Pero de donde vendría la comida, se preguntó, una gota de razón dentro de la tripulación no vendría mal. —Pon una para mí.— Le devolvio el Den Den Mushi a Merlot, pero antes de que pudiera alejarse, señalo al animal con un dedo. —Y dile que no le ponga nada raro. La última vez que alguien dijo «es una salsa especial», terminé cagando fuego durante dos días.— Probablemente no era necesario contar aquella historia.
Pero ya estaba dicha. Se levanto de la caja y envaino la espada, acomodándose la chaqueta mientras miraba alrededor.
La conversación sobre la isla había despertado nuevamente algo que llevaba un rato rondándome la cabeza. Los túneles y la basura por todas partes, pasadizos interminables por todos lados que parecían extenderse mucho más de lo que cualquier estructura normal debería permitir como si fuera algo que rompía con la física. Dio un par de pasos y de pronto no sintió su fragancia. —¿Y dónde está Miyori?— Entrecerro los ojos como ecrutando a cada uno de los presentes. —No me digan que también se perdió.— Se llevo una mano al rostro. —Tenemos una sirena hablando con una taquería inexistente, un médico intentando pedir veinte quesadillas, un tipo desnudo navegando quién sabe dónde y ahora posiblemente una navegante desaparecida.— Miro hacia el techo de la cueva. —Qué tripulación de mierda.— Una pequeña sonrisa apareció en su rostro. —Me gusta.— Se colgó la espada en la espalda y se equipo las dos espadas enormes. —… … … Ire por ella… ha… no olviden decirles a esos quesilladeros de mierda que estamos en una isla culera llena de basura… Chika… Isla Chika en la corriente Akai… sino como les llegaran par de tontos.— Traqueteo alejándose de ellos para mirar con detenimiento las cuevas donde esta Miyori o estará durmiendo bajo cubierta?... se volvió a los demás y miro a la puerta de los camarotes. —Olvidenlo, lo hare yo... Hey... taqueros, estamos en Isla Chika, Corriente Akai, no pagaremos envio a domicilio entendieron?... mas vale que esten buenas o dejare tuerto al repartidor.— Arrebato el den den mushi esta vez para asegurarse que llegase... la comida?... madre mia se estaba volviendo tan loca como el resto de su tripulación.
Limpiaba cuidadosamente su espada, cruzada sobre sus muslos mientras tenía una pierna sobre la otra. Su mirad de acero y oro sentenciaba que era una excelente espada, pero jamás sería una tan fuerte como su Hoja de los mil recuerdos rotos. Una que cada vez que se movía dentro de su guitarra, creaba un traqueteo melódico y armónico capaz de enaltecer la magia del movimiento y el arte con solo un movimiento. Miro el trapo con el que limpiaba y… —Demonios… seguro ya está más sucio que antes. Esta maldita isla… la odio.— Mando a la mierda el paño que cayó sobre un receptáculo para más…si más basura.
Su hermana le preguntaba por quesadillas… no, por favor. Le extendió el den den mushi y ella parpadeo con algo de asombro. Miro el caracol, miro a Merlot y volvió a mirar el caracol. —Que?— solo los reflejos de Maki lograron atraparlo en el aire sin que se hiciera pedazos contra el suelo o la cara de la quemada.
Fue entonces que escucho una voz… una voz con una potencia increíble… potencialmente llena de locura. Y entonces comenzó una espiral ascendente o mas bien descendente a un abismo sin fondo. Lo de la promoción del un cebratun. Demonios si que era todo tan extraño. Ya no era nada de eso, o bueno atún si, pero no… demonios. Estaba volviéndose loca por cercanía?... —… …. … Quiero volver a la superficie— No es que echara de menos el Abrasivo sol, el infinito cielo o el mar eterno. Solo… quería diez o quince minutos de silencio y convivir con sus propios pensamientos. La vista se clavó directo en los dorados ojos de la sirena.
—No, no… no quiero bolitas de… … … de…— Contuvo las náuseas y el vómito… había comido cientos de ellas pensando que les decían así por que parecían pulpos, no por que fueran del jodido animal cazado y carneado en un barco de mala muerte. —… Pulpo… es… es que descubrí que son hechas de verdadero pulpo, que asco— Poso sus dedos sobre su boca en caso de que no pudiera aguantar. —Aunque veinte quesadillas de carne con mucho queso tampoco suenan mal.— Pero de donde vendría la comida, se preguntó, una gota de razón dentro de la tripulación no vendría mal. —Pon una para mí.— Le devolvio el Den Den Mushi a Merlot, pero antes de que pudiera alejarse, señalo al animal con un dedo. —Y dile que no le ponga nada raro. La última vez que alguien dijo «es una salsa especial», terminé cagando fuego durante dos días.— Probablemente no era necesario contar aquella historia.
Pero ya estaba dicha. Se levanto de la caja y envaino la espada, acomodándose la chaqueta mientras miraba alrededor.
La conversación sobre la isla había despertado nuevamente algo que llevaba un rato rondándome la cabeza. Los túneles y la basura por todas partes, pasadizos interminables por todos lados que parecían extenderse mucho más de lo que cualquier estructura normal debería permitir como si fuera algo que rompía con la física. Dio un par de pasos y de pronto no sintió su fragancia. —¿Y dónde está Miyori?— Entrecerro los ojos como ecrutando a cada uno de los presentes. —No me digan que también se perdió.— Se llevo una mano al rostro. —Tenemos una sirena hablando con una taquería inexistente, un médico intentando pedir veinte quesadillas, un tipo desnudo navegando quién sabe dónde y ahora posiblemente una navegante desaparecida.— Miro hacia el techo de la cueva. —Qué tripulación de mierda.— Una pequeña sonrisa apareció en su rostro. —Me gusta.— Se colgó la espada en la espalda y se equipo las dos espadas enormes. —… … … Ire por ella… ha… no olviden decirles a esos quesilladeros de mierda que estamos en una isla culera llena de basura… Chika… Isla Chika en la corriente Akai… sino como les llegaran par de tontos.— Traqueteo alejándose de ellos para mirar con detenimiento las cuevas donde esta Miyori o estará durmiendo bajo cubierta?... se volvió a los demás y miro a la puerta de los camarotes. —Olvidenlo, lo hare yo... Hey... taqueros, estamos en Isla Chika, Corriente Akai, no pagaremos envio a domicilio entendieron?... mas vale que esten buenas o dejare tuerto al repartidor.— Arrebato el den den mushi esta vez para asegurarse que llegase... la comida?... madre mia se estaba volviendo tan loca como el resto de su tripulación.
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