[Presente absoluto] Noche flamenca
#22
Un detalle se había colado en el plan de Alzeid y lo había trastocado por completo: el estado de embriaguez de Irina. En ningún momento el peliblanco habría esperado una reacción como la que tuvo la agente, teniendo en cuenta que siempre mostraba coherencia, saber estar y templanza. De hecho, en numerosas ocasiones se acercaba al grupo, con cierto aire de superioridad, expresando que “a ver qué se podía esperar de ellos”, en un intento por ponerlos a prueba porque quizá, a sus ojos, no reuniesen los requisitos suficientes para ejercer las misiones del gobierno. Pues justamente esa persona estaba completamente ida, borracha, montando un numerito en un bar de la isla de Toroa. Y Alzeid no podía estar más contento de presenciar aquello. En una sucesión de imágenes, como sacadas de una película, Irina comenzó a moverse hacia uno de los fans y asestarle un par de golpes que de seguro crearon algún agujero adicional en su cuerpo. Algunos se habían referido a eso como “un piercing”, pero Alzeid lo había percibido como una manera de proteger a su presa. Llegados a este punto, no había ninguna duda: Daryl era la mascota de Irina, aunque por algún motivo decidió mantenerlo sin correa; darle cierta libertad. “Nadie va a tocar a mi perro”, decía. Seguramente, ladrar no era lo único que le hacía. Alzeid no pudo más que sonreír ante esta situación, hasta dejar escapar una serie de carcajadas que pudieron inundar el local. Daryl no se quedó atrás, sino que cual animal violentado por un enemigo se lanzó hacia otro de los fans y lo golpeó bruscamente, rompiendo en el acto la camisa que llevaba. La elegancia no era lo suyo, estaba claro. – ¿Alguien más quiere intentarlo? – Repetía con sorna. Alzeid no podía parar de reírse. Aquella situación le estaba excitando. – ¿Puedes intentar mejorar tu sentido de la moda? – Se limpió un par de lágrimas que caían de sus ojos. Era simplemente “un hombre”, un heterobásico de manual. Si Alzeid escribiese un libro sobre cómo el heteropatriarcado ejerce una presión sobre su vida por la androginia que le caracterizaba, Daryl sería la viva imagen y materialización de dicho sistema de opresión. ¿Quién utilizaba camisas de un tallaje más pequeño sólo para marcar sus músculos? Un heterobásico. Pero lo importante aquí no era esto, sino que Alzeid le recordaría toda la vida a la justa y responsable Irina cómo atacó a un civil en un estado de embriaguez máxima. Lillia estaba completamente horrorizada y no sabía qué hacer. Se acercó a Alzeid en un par de ocasiones, pero éste la ignoró por completo. – ¡Que sepas que estoy grabando todo! – Le reprochó. Pero vaya oportunidad, músico, actor y ahora podría ser director de cine con tremenda pieza audiovisual. 
 
Pero Alzeid no era el único que estaba disfrutando de aquella situación. Uno de los objetivos del joven andrógino, que ahora parecía haber desplegado un pequeño par de alas, también se lo estaba pasando bien. Muy bien. Lo particular de esta persona es que pensaba que aquello era una obra de teatro, “un segundo acto”. ¿Cuán engañado podía estar? Pero lo más importante de todo es que había dicho que Alzeid, además de cantar, era un actor de primer nivel. La excitación volvía a surgir dentro de él como un volcán a punto de erupcionar.  – En efecto, el arte corre por mis venas. Pero todavía no has visto nada de lo que soy capaz de hacer. – Volvió a guiñarle el ojo, a pesar de los fútiles intentos anteriores. Incluso le invitó a cantar otra canción, algo que le pareció muy buena idea. Así que, rápidamente, golpeó con su pierna derecha la mesa en la que se había apoyado previamente, cuando instó al grupo de fans a atacar a Daryl, y la lanzó hacia la puerta del local, en un intento por bloquear la salida para que todas y todos los presentes se quedasen allí. Un extraño pez, que hablaba completamente sólo, acababa de llegar unos minutos antes. – Las almas siguen llegando, así que todavía es muy pronto para irse, ¿no? Mi amigo quiere que cante. – Comenzó a aplaudir sin ningún motivo aparente.
 
Pero había tantos estímulos en aquel pequeño lugar, que Alzeid no sabía en qué centrarse. Otra de sus presas estaba completamente desbocada, seguramente como consecuencia del alcohol. Era el hombre trajeado, que se encontraba bailando con la corbata puesta en la cabeza. – Depende. – Le respondió mientras se acercaba a él. Con cada paso que daba, se sentía mucho más animado de lo habitual, más excitado, con más ganas de hacer cualquier cosa. Notaba como un soplo de fuerza, de vitalidad, como un impulso que le invitaba a desenfrenarse y despreocuparse de la cotidianidad. Así que, siguiendo sus instintos, agarró la corbata del trajeado, que se encontraba dando vueltas sobre su cabeza, y lo acercó para darle un beso. – ¿Cuánto me ofrecerías? – Sonrió, para después dar unos pasos hacia atrás y quitarse la chaqueta, dejando ver sus brazos, repletos de cicatrices, y parte de su abdomen, debido a la apertura de la camisa (y a que era de estilo cropped).
 
De fondo, los gritos de la joven maleducada, que no dejaban de interrumpir las conversaciones que los y las presentes intentaban tener, alertaron a Alzeid de la presencia de alguien más. De “una grandullona”. Alzeid se dio la vuelta sólo para comprobar que Jude estaba fuera del local, llamándolos por nombres completamente equivocados y con un tono de voz bastante triste por no poder entrar. ¿Pero quién dijo que no podía? – Lillia, ¡Lillia! – La llamó un par de veces, señalándole el extremo derecho de la barra y el techo, haciendo gestos que parecían indicar que “tenía que abrir algo”. Lillia parecía negarse en un principio por el enfado que tenía, pero acabó sucumbiendo a los encantos de Alzeid. – ¡Abre el techo, que viene una fan enorme! – Antes de que Lillia comprase aquel lugar, el local solía ser un circo para actuaciones de grupos ambulantes en donde él había tocado un par de veces años antes. Lillia no hizo una segunda planta, sino que puso un ‘falso techo’ para dar una impresión más acogedora del local. Pero en realidad era enorme, quizá unos treinta metros de altura. Todo el edificio que se podía ver desde fuera era aquel local. *RRRRR, RRRRR*, un extraño ruido inundó el lugar. El techo se estaba abriendo por completo, quedando completamente resguardado en los laterales y ampliando la altura del local. – ¡Jude! ¡Entra! – Le hacía señas desde la ventana, indicando que mirase al techo.
 
En todo este jolgorio, Alzeid no había pasado por alto el gesto que había tenido la maleducada con su presa. Un alma que necesitaba de sus dotes de salvador. Poco a poco, fue acercándose a la cerveza que había dejado para que alguien se la bebiese y se la lanzó de vuelta. – Lillia trabaja demasiado como para que malgaste su tiempo en atender a gente como tú. Un alma completamente rota. – Rompió parte de su camisa para limpiar al hombre trajeado, aprovechando el momento para establecer todavía más contacto, y sin perder de vista a la maleducada. – Había dicho que nadie podía irse... ¿pero quién te necesita a ti? – Le desagradaba completamente. Cero sentido de la moda, un alma rota y un comportamiento infantil. La antítesis de Alzeid. 
 
Pero ahora ya estaban todas y todos allí. La fiesta no había hecho más que comenzar.
 
Resumen
Karmas


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RE: [Presente absoluto] Noche flamenca - por Alzeid - 12-12-2023, 12:48 PM
RE: [Presente absoluto] Noche flamenca - por Alzeid - 14-12-2023, 05:10 PM
RE: [Presente absoluto] Noche flamenca - por Alzeid - 18-12-2023, 01:50 PM
RE: [Presente absoluto] Noche flamenca - por Alzeid - 28-12-2023, 12:24 AM

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