[Presente Absoluto - Aventura Tier 7] - Aquel que odia la música
#7
Ante la disyuntiva que se les presentaba a las dos piratas recién salidas del local, aunque Miyori en un principio sopesó la idea de regresar a pedir información sobre la localización del lugar que buscaban, la pelinaranja terminó por seguir la iniciativa que Maki tenía en crear ellas su propio camino. Si no sabían dónde estaba la plaza en la que se daría el concierto, tan sólo necesitaban que su propia música les guiara. Mientras que Maki tocaba una grave pero enérgica melodía con su Memoria Resonante, Miyori optó por tararear y seguir aquel conjunto de notas que salían emitidas de la guitarra de la peliverde, creando una sinfonía conjunta que más de uno desearía escuchar en esa desdichada ciudad.

Con ello, el dúo artístico que podían embelesar a cualquiera con su despliegue artístico, se dirigieron rumbo a la callejuela central - o mejor dicho, la segunda callejuela a la izquierda, considerando que habían descartado la ruta por la que habían venido -, topándose de lleno con un tramo recto y estrecho de 2 metros de ancho, de más de 50 metros de largo cuyo final no se podía apreciar. En las paredes de dicho camino, era común ver algunos contenedores, así como cubos de basura o, mismamente, basura directamente desperdigada por el suelo. Restos de comida, deshechos, animales devorando a otros animales muertos - e incluso vivos -. Aquel trayecto era la definición clara de la anti-higiene, el terror de aquellas personas pulcras y maniáticas de la limpieza - y si ya tenían la lengua suelta como para insultarte a la primera de cambio... Apaga y vámonos -.

Desde que entraron por la boca de la callejuela, y una vez las dos chicas recorrieran aproximadamente 19 metros, Maki sería capaz de discernir la presencia de una persona, una persona débil, en cuánto a nivel de poder. Por su posición, se encontraba próximo a la pared que tenían las Valar a su derecha, presuntamente apoyado en ella por la cercanía de la presencia. Sin embargo, con cada paso que daba la capitana de las Valar, en su radar aparecía una nueva presencia ubicada también apoyada en la pared, tras la primera presencia detectada. Y con otro paso, otra aura aparecía... Y otra... Y otra... Y así de manera sucesiva hasta formar una ridícula fila de unos 100 hombres apoyados de espaldas contra la pared de un callejón de 2 metros de ancho. Por supuesto, la misma música que les guiaba fue también las que llamó la atención - una vez que os acercarais hasta estar a 15 metros de ellos - de los hombres apilados. Si ya era ridícula la forma en la que estaban dispuestos y posicionados, que todos fueran vestidos de la misma manera yo ayudaba en lo más mínimo. Siguiendo el típico estereotipo de los pandilleros de los 80's, todos llevaban un pelo engominado - a saber de qué - hacia atrás, formando un prominente tupé. Sus ropajes se componían de un camiseta blanca, sobre la que se cubría una chupa de cuero negro de manga larga y, por supuesto, en su tren inferior, no podían faltar unos vaqueros roídos, rotos, que se remataban en unas botas de cuero altas.

- ¡Eh! ¿Escucháis eso, pedazo de mojigatos? - preguntó el que estaba más cerca de las Valar por posición, quién se estaba peinando el tupé con un peine de mano amarillo. Se giró hacia el resto de pandilleros que hacían exactamente lo mismo que, el que vamos denominar, como Antonio.- Ahora que lo dices... ¿Se escucha como una melodía y un tarareo, no? - respondía el que estaba a la izquierda de Antonio, el bautizado como Francisco José. Tras escuchar a su compadre, Antonio giró su cuello hasta mirar en la dirección de la que procedía aquel conjunto de notas, llegando a apreciar dos figuras que, prontamente, se tornaron en dos bellas jovencitas. Carne de cañón para 100 hombres babosos que llevaban sin mojar el churro, probablemente, desde que se nacieron.- ¡Chavales! - exclamó, llamando la atención de todos los integrantes de la pandilla "Revienta-Puertas". Antonio - al igual que el resto de sus compañeros -, se guardaron en sus bolsillos sus peines al unísono, con una sincronía que daba escalofríos. - ¡Hoy se come! ¡A sus puestos! - ordenó, separándose de la pared, hasta formar una fila perfecta de 100 personas, que se dirigían hacia las Valar.- ¡Ahora! ¡El compás de la muerte! - 


Y tras aquellas palabras, y haciendo de esta escena algo aún más rocambolesco, los 100 pandilleros empezaron a chasquear su mano derecha, al mismo tiempo, dando un paso y caminando al son de su compás. Así hasta que, quién los lideraba, quedaba a dos metros de las chicas mientras que, el último de ellos, quedaba a unos 50 metros. - ¿Qué hacen dos chicas como vosotras en un sitio como este? - empezó a preguntar, con tono de ligue a las artistas, mientras volvía a extraer el peine de su bolsillo, comenzando a peinarse el pelo hacia atrás nuevamente.- ¿Queréis pasar un buen rato con Antonio, Francisco José, José Luis, Miguel, Juan José, Paco, Antonio 2, José Fernando, Fermín, Antonio 3 y un largo etcétera? -  No parecía que aquellos pandilleros quisieran dejar, así como así, escapar a los dos quesitos que se presentaban ante ellos, ¿qué sería lo que pasaría a continuación?

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RE: [Presente Absoluto - Aventura Tier 7] - Aquel que odia la música - por Garnet D. Matlock - 18-09-2026, 08:12 PM

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