21-09-2026, 12:40 PM
- La coherencia no es una de mis dotes - contesté al navegante ante la pelea con mi ¿eninovio? - Desde que te abrieron la cabeza dices cosas muy extrañas... Creo que conecté algo mal, a veces no te entiendo y te veo demasiado centrado en comer... Además, ¿desde cuando comes tanto? Deberíamos revisarte de nuevo cuando volvamos a Haibu... ¿Quizá podría ponerte una placa de metal? No lo sé... Quizá el astillamiento de los huesos este apretando la parte afectada del cerebro y no supe ver que tenía que haber limado las imperfecciones - dudé de mis capacidades. Sin duda Korg estaba muy disperso últimamente, demasiado hambriento, demasiado altivo. Escuché a Quetzalli, sin lugar a dudas el también querría divertirse - El perro de mi perro - me referí a Max D. Bambú - tiene algo extraño. Parece torpe pero es ágil, parece estúpido pero su lengua es afilada y es un comunista peligroso, de ideales contradictorios y sueños utópicos - Sonreí - seguro que la Santa Muerte estaría muy feliz de acoger en su regazo a ese esperpento de la naturaleza - sabiendo lo que mis palabras encenderían en el pecho de mi general.
Extendí mi haki de observación 125 metros, lo suficiente para reaccionar si esas ratas tuvieran cualquiera intención hostil. No tardé en sentir la vida en la isla, pequeñas luces de nulo poder se contaban a centenares, hasta que un aura poderosa entro a la par que el Niebla encallaba en el puerto de aquel estercolero comunista. Mis dientes rechinaron, cuando el aura tomo la forma de un hombre al que detestaba, un aura verde de naturalidad fogosa. Mi ojo le siguió hasta que se frenó frente a nuestro barco, recto y regio, con la isla a su espaldas, con una imagen de custodio y protector casi me produce una arcada. Mi mirada seria le desafío desde que mi ojo y los suyos se encontraron, con un rostro apático mientras intentaba encauzar mis emociones.
Después casi sin lugar a la espera llegó el dálmata, con un aura que se mimetizaba con su pelaje, no sé que hablaría con Kisuke, pero se cuadró tras él, en su espalda... Solo eso dos hombres valían más que tripulaciones enteras. Patético. No tardó en llegar una tercera, de aura insignificante, semi desnuda... ¿En esto habían caído? En el libertinaje y la lujuria, aunque ¿Qué podía esperar de ellos? Sin embargo... El suelo retumbó con unas pisadas, centrado en Kisuke y su perro fiel no me había dado cuenta por la debilidad de su aura, pero era enorme, gigantesca... eso era.... Mi ojo se movió del particular duelo que tenía con Kisuke para encontrarse con una cabeza de pelo negro que sobrepasaba los edificios, un muchacho de altura colosal que me cuadriplicaba el tamaño... Eso era... Eso era....
Moví la cabeza rápidamente volviendo a Mogaro y carraspeé para no parecer una fan desbocada. Mi rostro volvió a oscurecerse y a mostrar su seriedad habitual, para después, hacer que mis tobillos explotasen en humo y mi cuerpo se precipitase hacia el puerto de Mogaro, mi espada en la mano diestra mientras mis pelos aletearon el trayecto. Caí sobre las maderas del puerto que rechinaron y retumbaron ante mi peso dejándome a 10 metros de Kisuke y sus pajes. Primero me centré en Panda, escupiendo al suelo mientras le miraba, en una señal que personaba el asco y repulsión que me daban los de su calaña.
Mientras Korg y Quetzalli saludaban empecé a mirar de arriba a abajo al gigante, era grande... Pero sabía que podían ser más grande, pero nunca se sabía cuando volvería a ver alguno. Una vez terminaron con su formalidades mis tripulantes y con Korg una vez más pensando en comer... De verdad le pasaba algo, hablé.
- Veo que sigues rodeado de moscas, como la mierda que eres - dije a Kisuke sin retirar mis ojos del gigante - ¿Por cuanto me lo vendes? - Redireccioné mi cara hacia él gran lider de la revolución, mientras levantaba el pulgar izquierdo, de mi mano libre, pues en la otra sostenía mi espada "La Hoja del Luto", para señalar al gigante - Al ser comunista no puedo aceptarlo como tripulante, pero si valdrá como mulo de carga para las minas y como mi esclavo. Quizá después de cien mil golpes y siete años de esclavitud le perdone lo de la revolución y haber sido tu vasallo - dije totalmente en serio - Pon un precio, le pongo una cadena en el cuello, lo cargo y nos vamos. Olvidamos el brazo y descontáis lo que me debéis más los intereses - después con una mirada de asco cambié el foco a la muchacha semidesnuda que estaba junto a ellos - así podréis seguir con lo que sea que estéis haciendo aquí. Con suerte te matará alguna enfermedad - alegué a los tríos, cuartetos o lo que hicieran con aquella pobre diabla. De verdad que los comunistas eran una de las cosas más obscenas que había conocido en mi vida - ¿Hay trato? -
Extendí mi haki de observación 125 metros, lo suficiente para reaccionar si esas ratas tuvieran cualquiera intención hostil. No tardé en sentir la vida en la isla, pequeñas luces de nulo poder se contaban a centenares, hasta que un aura poderosa entro a la par que el Niebla encallaba en el puerto de aquel estercolero comunista. Mis dientes rechinaron, cuando el aura tomo la forma de un hombre al que detestaba, un aura verde de naturalidad fogosa. Mi ojo le siguió hasta que se frenó frente a nuestro barco, recto y regio, con la isla a su espaldas, con una imagen de custodio y protector casi me produce una arcada. Mi mirada seria le desafío desde que mi ojo y los suyos se encontraron, con un rostro apático mientras intentaba encauzar mis emociones.
![[Imagen: 5a152e37-97f4-4ef5-b536-36415b87bfb9.png]](https://i.ibb.co/VY071b2z/5a152e37-97f4-4ef5-b536-36415b87bfb9.png)
Después casi sin lugar a la espera llegó el dálmata, con un aura que se mimetizaba con su pelaje, no sé que hablaría con Kisuke, pero se cuadró tras él, en su espalda... Solo eso dos hombres valían más que tripulaciones enteras. Patético. No tardó en llegar una tercera, de aura insignificante, semi desnuda... ¿En esto habían caído? En el libertinaje y la lujuria, aunque ¿Qué podía esperar de ellos? Sin embargo... El suelo retumbó con unas pisadas, centrado en Kisuke y su perro fiel no me había dado cuenta por la debilidad de su aura, pero era enorme, gigantesca... eso era.... Mi ojo se movió del particular duelo que tenía con Kisuke para encontrarse con una cabeza de pelo negro que sobrepasaba los edificios, un muchacho de altura colosal que me cuadriplicaba el tamaño... Eso era... Eso era....
![[Imagen: 681dfa88-8b1b-4167-8f31-ed313ac8d739.png]](https://i.ibb.co/pjG6sY3T/681dfa88-8b1b-4167-8f31-ed313ac8d739.png)
- ¡UN GIGANTE! -
Grité abriendo la boca de par en par y perdiendo la compostura. ¿Cuántos años llevaba sin ver a uno? La última vez fue aquella enorme mujer... ¿Como se llamaba? Fueron unas cuantas noches las que habíamos compartido, estaba al servicio de aquel imbécil todavía no había conocido a Lily... ¿Cómo se llamaba? Mmm... No podía ser, había olvidado su nombre pero no las cosas que me hizo, todavía era joven y me enseñó más de una y de dos cosas que nunca olvidaré. Moví la cabeza rápidamente volviendo a Mogaro y carraspeé para no parecer una fan desbocada. Mi rostro volvió a oscurecerse y a mostrar su seriedad habitual, para después, hacer que mis tobillos explotasen en humo y mi cuerpo se precipitase hacia el puerto de Mogaro, mi espada en la mano diestra mientras mis pelos aletearon el trayecto. Caí sobre las maderas del puerto que rechinaron y retumbaron ante mi peso dejándome a 10 metros de Kisuke y sus pajes. Primero me centré en Panda, escupiendo al suelo mientras le miraba, en una señal que personaba el asco y repulsión que me daban los de su calaña.
Mientras Korg y Quetzalli saludaban empecé a mirar de arriba a abajo al gigante, era grande... Pero sabía que podían ser más grande, pero nunca se sabía cuando volvería a ver alguno. Una vez terminaron con su formalidades mis tripulantes y con Korg una vez más pensando en comer... De verdad le pasaba algo, hablé.
- Veo que sigues rodeado de moscas, como la mierda que eres - dije a Kisuke sin retirar mis ojos del gigante - ¿Por cuanto me lo vendes? - Redireccioné mi cara hacia él gran lider de la revolución, mientras levantaba el pulgar izquierdo, de mi mano libre, pues en la otra sostenía mi espada "La Hoja del Luto", para señalar al gigante - Al ser comunista no puedo aceptarlo como tripulante, pero si valdrá como mulo de carga para las minas y como mi esclavo. Quizá después de cien mil golpes y siete años de esclavitud le perdone lo de la revolución y haber sido tu vasallo - dije totalmente en serio - Pon un precio, le pongo una cadena en el cuello, lo cargo y nos vamos. Olvidamos el brazo y descontáis lo que me debéis más los intereses - después con una mirada de asco cambié el foco a la muchacha semidesnuda que estaba junto a ellos - así podréis seguir con lo que sea que estéis haciendo aquí. Con suerte te matará alguna enfermedad - alegué a los tríos, cuartetos o lo que hicieran con aquella pobre diabla. De verdad que los comunistas eran una de las cosas más obscenas que había conocido en mi vida - ¿Hay trato? -
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