[Presente Absoluto - Aventura Tier 7] - Aquel que odia la música
#10
Los pandilleros de la callejuela, atraídos hacia las dos mujeres como las polillas que se veían embriagadas e hipnotizadas ante el más mínimo estímulo lumínico, no tenían ni idea de con quiénes habían ido a parar. O mejor dicho, con quién habían ido a parar pues, la dualidad moral que presentaba la capitana de las Valar, Maki D. Zen'in, y la más reciente incorporación Miyori Hoshino, era cuánto menos digna de estudio. Esta última, era una fiel defensora de que todas las vidas, cualquiera de ellas - incluso la más carente de emociones y rebosante de maldad -, tenían derecho a existir, a vivir la vida y ser felices. Mientras tanto, la primera, marcada de por vida a fuego y siendo un fiel creyente de que su mera existencia era la de un monstruo, no tenía ninguna clase de reparo y escrúpulos en mostrarle esa faceta suya al mundo, desmembrando y sesgando las vidas de cualquiera que pudiera osar hacerle frente o entrometerse en su camino y el de sus nakamas. Y Miyori Hoshino, para bien o para mal, sería testigo de esa faceta - hasta ahora oculta - de su capitana.

Quedando Antonio, el que parecía el cabecilla de la pandilla, a dos metros de la mujer peliverde, tras soltar una serie de insinuaciones, quizás, sin ningún pretexto violento detrás, tras empuñar una de sus espadas la pirata, en un abrir y cerrar de ojos todo, en un tramo de 20 metros de largo, se torno en una lluvia de sangre, cabezas y brazos desmembrados, siendo la artífice la mujer que se abría paso entre los pandilleros de la zona, dejando cerca de unos cuarenta cadáveres muertos en el piso y a merced de la mugre, las ratas y animales callejeros que habitaban la zona. Las caras llenas de horror y terror del resto de supervivientes que habían observado como la vida de sus compadres era sesgada en un abrir y cerrar de ojos no tenían precio, quiénes escuchaban como la espadachina preguntaba sobre la ubicación de la plaza de la ciudad. - ¡Y a mi qué me cuentas, zorra! ¡Cómo si sólo hubiera sólo una plaza por aquí! - le increpó Felipe Luis, probablemente el único pandillero que quedaba con vida que tenía la poca voluntad como para responder a las exigencias de la que se les había presentado como "La muerte". Seguidamente, como si aquello le hubiera sabido a poco, Maki propinó un salto de unos 10 metros, tras lo cuál asestó una serie de dos tajos horizontales tanto al frente como a la parte de atrás, cercenando la vida de otros cuatro civiles que, quizás, lo único que querían era simplemente irse de fiesta. Pero fiesta la que aún quedaba pues, otro salto más al frente por parte de la capitana pirata, y, tras ello, otra acometida contra los pocos pandilleros que podían estar al alcance suya, siendo esta vez la causa de la muerte, no un corte, sino una fractura en el pecho que hizo que su caja torácica se hundiera y fragmentara en mil pedazos, llevándose por delante a otros cuatro habitantes de la ciudad subterránea. 

Y antes de que pudieran siquiera reaccionar a los movimientos de la persona que estaba reduciéndolos a polvo y pedazos un aluvión de flechas - dirigidas específicamente hacia zonas del cuerpo no letales - no tardaron en impactar en los que aún permanecían en pie y con consciencia, quedando abatidos ante la asistencia necesaria de Miyori Hoshino quién, con el corazón en un puño, alegaba que ella jamás osaría - con su buena voluntad - ser quién decidiera si alguien debía vivir o no. Sea como fuere, ya no quedaba nadie que se interpusiera en su camino.

Si las dos miembros de las Valar continuaban su camino hacia el final de la callejuela, acabarían llegado a una especie de avenida - entrando perpendicularmente por ella - de unos 30 metros de ancho y de una longitud - tanto si miraban hacia su izquierda como a su derecha - inconmensurable. El bullicio por aquellas lindes era mucho más notorio, paseando por la avenida todo tipo de personas, tanto de edad como económico - juzgando por las calidades de sus ropajes -. La enorme calle subterránea estaba plagada de luces artificiales de todos los colores que daban un ambiente lleno de vida, aunque prácticamente esa vida era una ilusión por las condiciones en las que vivían. Igualmente, la avenida también poseía múltiples salidas y entradas, a modo de callejuelas, como por las que acababan de transitar las dos heroínas. Conforme salieran hacia la avenida - si es que lo hacían -, aquellos con un buen sentido del oído podían detectar una conversación proveniente de un niño rubio - de unos 8 años -, que iba agarrado de la mano de lo que debía ser su madre, también rubia. Ambos presentaban unos ropajes que, si bien en una primera instancia debían ser blancos, la suciedad de vivir perpetuamente en el subsuelo hacia que se tornaran de un color grisáceo. - ¡Mami, mami! ¿Vamos a ir a eso del contuerto de las onee-san? -  preguntaba el crío mientras daba pequeño brincos de emoción. La mujer rió nasalmente. - Se dice "concierto", tesoro. Luego vamos, ¿vale, cariño? Mami tiene que hacer antes unas cosas. Afortunadamente, plaza vertedero nos pilla al lado, así que nos dará tiempo a estar allí, ¿vale? - le respondía con dulzura su madre, causando que el zagalín diera saltitos aún más de alegría.- ¡Yupiii! ¡Contuerto! ¡Contuerto! - celebraba con euforia e inocencia el niño que, en esos momentos, debía estar a unos 15 metros frente a vosotras junto a su madre, caminando desde vuestra derecha, hacia vuestra izquierda.

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RE: [Presente Absoluto - Aventura Tier 7] - Aquel que odia la música - por Garnet D. Matlock - 21-09-2026, 08:52 PM

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