Ayer, 12:18 PM
Ya nada importaba. Un solo ataque más fue suficiente para arrebatarle lo único que le quedaba.
El brillo de sus ojos comenzó a apagarse, el dolor se esfumaba y dejaba paso a una sensación fría, que comenzó a ocupar todo su cuerpo increíblemente rápido. ¿De qué había servido? Nada hubiera sido diferente si él moría aquella noche que su pueblo fue arrasado, nada hubiera cambiado si él siguiera siendo golpeado por bandidos y marines en aquella isla del North Blue. ¿De qué sirvieron tantos años de entrenamiento? Tanta preparación, meditación, aprendizaje y maduración solo para terminar exactamente igual que su familia.
¿Podría verlos ahora? No, seguramente no, no debía existir nada después de la vida que tenían en ese mundo. Incluso si algo como el paraíso existía, él había cometido suficientes actos atroces como para no merecerlo.
Ya daba igual, ese mundo no lo recordaría, cualquier logro que alguien pudiera atribuirle se perdería con el tiempo. No fue más que un pirata débil, uno cuya suerte nunca apareció, uno cuya vida terminaba en ese mismo punto, tan solo como había deseado estarlo por muchos años.
Se podría arrepentir de muchas cosas en sus momentos finales, pero tampoco serviría de nada. Nadie lo escucharía, nadie estaría a su lado, nadie llevaría la historia de Rackham Uker así como él mismo llevó la de sus padres, su hermana y su maestro.
Ese mono de mierda se saldría con la suya, esos marines que ocupaban el mundo como una plaga también. Si sus compañeros seguían vivos, como había dicho el peliblanco, seguro sufrirían en prisión hasta el fin de sus días, sus hermanos no tendrían noticias de él, no pudo encontrar a su abuelo y ya no le quedaba familia.
Familia.
Un rostro cruzó por su mente, el de una mujer de cabellos naranjas que había conocido en Skypeia. ¿Quién podría haber adivinado que encontraría algo de su propia sangre en otra parte del mundo? Le recordaba a su pequeña hermana, a aquella hermana que podría haber vivido y crecido si la muerte no hubiera tocado su puerta, tal vez por eso ella se cruzó por su mente.
El brillo de sus ojos comenzó a apagarse, el dolor se esfumaba y dejaba paso a una sensación fría, que comenzó a ocupar todo su cuerpo increíblemente rápido. ¿De qué había servido? Nada hubiera sido diferente si él moría aquella noche que su pueblo fue arrasado, nada hubiera cambiado si él siguiera siendo golpeado por bandidos y marines en aquella isla del North Blue. ¿De qué sirvieron tantos años de entrenamiento? Tanta preparación, meditación, aprendizaje y maduración solo para terminar exactamente igual que su familia.
¿Podría verlos ahora? No, seguramente no, no debía existir nada después de la vida que tenían en ese mundo. Incluso si algo como el paraíso existía, él había cometido suficientes actos atroces como para no merecerlo.
Ya daba igual, ese mundo no lo recordaría, cualquier logro que alguien pudiera atribuirle se perdería con el tiempo. No fue más que un pirata débil, uno cuya suerte nunca apareció, uno cuya vida terminaba en ese mismo punto, tan solo como había deseado estarlo por muchos años.
Se podría arrepentir de muchas cosas en sus momentos finales, pero tampoco serviría de nada. Nadie lo escucharía, nadie estaría a su lado, nadie llevaría la historia de Rackham Uker así como él mismo llevó la de sus padres, su hermana y su maestro.
Ese mono de mierda se saldría con la suya, esos marines que ocupaban el mundo como una plaga también. Si sus compañeros seguían vivos, como había dicho el peliblanco, seguro sufrirían en prisión hasta el fin de sus días, sus hermanos no tendrían noticias de él, no pudo encontrar a su abuelo y ya no le quedaba familia.
Familia.
Un rostro cruzó por su mente, el de una mujer de cabellos naranjas que había conocido en Skypeia. ¿Quién podría haber adivinado que encontraría algo de su propia sangre en otra parte del mundo? Le recordaba a su pequeña hermana, a aquella hermana que podría haber vivido y crecido si la muerte no hubiera tocado su puerta, tal vez por eso ella se cruzó por su mente.
“Dijiste que mi muerte sería un espejo de mi vida, maestro. Supongo que no te equivocaste”
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