28-09-2026, 06:42 PM
(Última modificación: 28-09-2026, 06:45 PM por Garnet D. Matlock.)
Tras el desafortunado desenlace en la que se tornó la conversación con la mujer - que huyó despavorida junto a su retoño ante las visibles marcas de sangre que se encontraba sobre las prendas de la pelirrosa -, las dos piratas comenzaron a transitar por la avenida de la zona de viviendas siguiendo las indicaciones de la madre. Durante el trayecto, Miyori pudo otear una serie de locales, de entre las cuáles, no pudo evitar focalizarse en una tienda de ropa pues, visto lo que acababa de suceder, era mejor ocultar aquellas rojizas manchas.
Para su desgracia, aquella tienda de ropa era más lujosa de lo que podía haber parecido en una primera instancia y es que, si aunabas la calidad de sus ropajes, junto a lo raro que era poder encontrar un buen material textil en una isla tan muerta y contaminada como aquella, estaba claro que la ley de la oferta y la demanda hacía de las suyas para encarecer el producto. En total los dos abrigos de la marca Lior que se había agenciado la melómana, ascendía a un precio de casi 35.000 berries. Era lo último en cuanto a moda Sevenesca.
Tras eso, y sin más contratiempos, las intrépidas amantes de la música consiguieron llegar finalmente hasta el lugar que habían estado buscando desde que escucharon aquella conversación en la taberna. Por ironías de la vida, en un lugar dónde la basura se concentraba a raudales como ocurría en la plaza vertedero, el ambiente se sentía más limpio, puro e idílico gracias al poder y magia que surgía de la música. El violín danzaba con armonía, junto a una voz femenina, impoluta, limpia y vibrante que reverberaba por los confines de la plaza, haciendo que una multitud de personas se vieran atraídas por tan delicioso manjar auditivo. Por su parte, el dúo de piratas artistas, siendo también atraídas como polillas hacia la luz, no dudaron en acercarse y ver, de primera mano, quiénes eran los artífices de tan preciosa melodía.
Para ello, Maki - siendo seguida con sumo cuidado por Miyori -, se abría paso - con una delicadeza asombrosa para la capitana de las Valar - entre la muchedumbre de hombres y mujeres que escuchaban atentamente al recital, esquivando hombros, caderas y codos como una alérgica a los gatos evadiendo a toda costa el contacto con cualquier clase de felino. Con montones de basura arremolinándose bajo sus pies, tras varios minutos de lo que podría haber desembocado en una considerable ansiedad social, las dos chicas consiguieron arribar hasta lo que se podía catalogar como "primera fila" del concierto, pudiendo ver con mayor claridad, y a unos cinco metros de distancia, a la fuente de tan bella canción.
Se trataban de dos mujeres que, a pesar de la suciedad y contaminación que les rodeaba, se veían la mar de pulcras y limpias. Las dos llevaban un vestido de seda, ambos siendo de manga corta y presentando grosso modo los mismos elementos decorativos - consistentes en volantes en la zona de los hombros y cintura del vestido -. Siendo uno de los vestidos de color rosa pastel y el otro de un azul turquesa, sobre cada uno de los vestidos reposaba una capa con capucha - del mismo color azul que uno de los vestidos que llevaba una de las dos féminas -, que se ataban alrededor de la parte baja de los cuellos de las artistas mientras que, a la altura de lo que sería la parte de la nuez, ambas tenían un collar del mismo color que sus vestidos. Sobre sus cabezas una contaba con una llamativa pero discreta corona dorada, mientras que la otra con una diadema de flores de diversos colores. En cuánto a las mujeres en sí, ambas poseían la tez morena, tono de piel que contrastaba a la perfección con el color de pelos de ambas, siendo peliblanca la que portaba el vestido rosa, y peliazul la que portaba el vestido azul turquesa. Sus rasgos eran sumamente similares, poseyendo tanto la misma longitud y corte de pelo, así como unas facciones faciales idénticas, sobresaltando sus grandes ojos, y una nariz y boca angulosa, siempre con una expresión que irradiaba vida. Daba igual cuántas veces se las mirara, estaba claro que eran gemelas.
En ese momento, la mujer peliblanca cesó de tocar su violín mientras que, la peliazul, terminó de cantar, comenzando esta última a hablar entre aplausos y vítores propiciados por el público de la ciudad subterránea.- ¡Gracias, muchas gracias querido público! ¡Esperamos de todo corazón que os haya gustado esta canción que versionamos de la gran estrella de Risky Red, Milka! - exclamaba la mujer de pelo celeste, mientras lanzaba besos al aire a diestro y siniestro.- Nuestra próxima canción será ya la última y...- Mientras la violinista procedía a guardar en un estuche su instrumento para sacar de otro estuche más grande, seguidamente, un bajo, los ojos de la cantante recorrieron la primera fila deteniéndose por completo en las mujeres de pelo verde y rosado, quedándose perpleja ante lo que estaba viendo. Si bien ambas habían cambiado su look desde la última vez que las vieron, era imposible no distinguirlas sólo por eso.- ¿Miyori? ¿Maki? - interrumpió su discurso, preguntando a viva voz por el nombre de las dos mujeres, causando que la peliblanca también desviara su atención, primero hacia su hermana.- Espera, ¿has dicho Maki? - se quería cerciorar de que había escuchado bien las palabras de la peliazul, desviando su mirada hacia el lugar dónde se dirigía la de la cantante, observando ahí a la capitana de las piratas Valar que hace tanto tiempo había conocido.- ¡Maki! - nombró con alegría la mujer de inmaculados cabellos, dando un pequeño salto de felicidad. Ambas se quedaron calladas durante dos segundos, tras lo cuál, se miraron la una a la otra, esbozando una amplia sonrisa las dos. Entre hermanas gemelas, había veces que no había necesidad de decir ninguna palabra para saber en que estaban pensando.
- Muy bien, querido público, ¡habrá un cambio de planes! - habló a viva voz la cantante, dejando un par de segundos de expectación por parte de los residentes.- ¡Recibid con un fuerte aplauso a Maki y Miyori! ¡Dos increíbles y talentosas artistas que tocarán junto a nosotras para cerrar por todo lo alto este concierto! - anunciaba la mujer de vestido turquesa, mientras extendía su mano derecha hacia dónde estaban Maki y Miyori, invitándolas a participar en el recital que habían montado en ese mismo montículo de basura. El público, que no se esperaba este giro de los acontecimientos, rompió a gritar y aclamar los nombres tanto de las dos piratas, como de las dos artistas que habían organizado aquel evento musical.
Eran dos mujeres que, al igual que ambas conocían a Maki - y sólo una de ellas a Miyori -, las dos piratas también debían saber su identidad - por más que la capitana de las Valar tuviera ciertos problemas de memoria -. Se trataban de aquellas dos hermanas que, hace no mucho tiempo, se encontraron de forma separada en distintos puntos del Grand Line. La historia de dos hermanas, amantes de la música, que habían prometido encontrarse tras un desafortunado devenir de los acontecimientos. Dos hermanas que, finalmente, y después de los sucesos de Skypiea, lograron encontrarse recientemente saliendo de la isla de Momoiro.
Para su desgracia, aquella tienda de ropa era más lujosa de lo que podía haber parecido en una primera instancia y es que, si aunabas la calidad de sus ropajes, junto a lo raro que era poder encontrar un buen material textil en una isla tan muerta y contaminada como aquella, estaba claro que la ley de la oferta y la demanda hacía de las suyas para encarecer el producto. En total los dos abrigos de la marca Lior que se había agenciado la melómana, ascendía a un precio de casi 35.000 berries. Era lo último en cuanto a moda Sevenesca.
Tras eso, y sin más contratiempos, las intrépidas amantes de la música consiguieron llegar finalmente hasta el lugar que habían estado buscando desde que escucharon aquella conversación en la taberna. Por ironías de la vida, en un lugar dónde la basura se concentraba a raudales como ocurría en la plaza vertedero, el ambiente se sentía más limpio, puro e idílico gracias al poder y magia que surgía de la música. El violín danzaba con armonía, junto a una voz femenina, impoluta, limpia y vibrante que reverberaba por los confines de la plaza, haciendo que una multitud de personas se vieran atraídas por tan delicioso manjar auditivo. Por su parte, el dúo de piratas artistas, siendo también atraídas como polillas hacia la luz, no dudaron en acercarse y ver, de primera mano, quiénes eran los artífices de tan preciosa melodía.
Para ello, Maki - siendo seguida con sumo cuidado por Miyori -, se abría paso - con una delicadeza asombrosa para la capitana de las Valar - entre la muchedumbre de hombres y mujeres que escuchaban atentamente al recital, esquivando hombros, caderas y codos como una alérgica a los gatos evadiendo a toda costa el contacto con cualquier clase de felino. Con montones de basura arremolinándose bajo sus pies, tras varios minutos de lo que podría haber desembocado en una considerable ansiedad social, las dos chicas consiguieron arribar hasta lo que se podía catalogar como "primera fila" del concierto, pudiendo ver con mayor claridad, y a unos cinco metros de distancia, a la fuente de tan bella canción.
Se trataban de dos mujeres que, a pesar de la suciedad y contaminación que les rodeaba, se veían la mar de pulcras y limpias. Las dos llevaban un vestido de seda, ambos siendo de manga corta y presentando grosso modo los mismos elementos decorativos - consistentes en volantes en la zona de los hombros y cintura del vestido -. Siendo uno de los vestidos de color rosa pastel y el otro de un azul turquesa, sobre cada uno de los vestidos reposaba una capa con capucha - del mismo color azul que uno de los vestidos que llevaba una de las dos féminas -, que se ataban alrededor de la parte baja de los cuellos de las artistas mientras que, a la altura de lo que sería la parte de la nuez, ambas tenían un collar del mismo color que sus vestidos. Sobre sus cabezas una contaba con una llamativa pero discreta corona dorada, mientras que la otra con una diadema de flores de diversos colores. En cuánto a las mujeres en sí, ambas poseían la tez morena, tono de piel que contrastaba a la perfección con el color de pelos de ambas, siendo peliblanca la que portaba el vestido rosa, y peliazul la que portaba el vestido azul turquesa. Sus rasgos eran sumamente similares, poseyendo tanto la misma longitud y corte de pelo, así como unas facciones faciales idénticas, sobresaltando sus grandes ojos, y una nariz y boca angulosa, siempre con una expresión que irradiaba vida. Daba igual cuántas veces se las mirara, estaba claro que eran gemelas.
En ese momento, la mujer peliblanca cesó de tocar su violín mientras que, la peliazul, terminó de cantar, comenzando esta última a hablar entre aplausos y vítores propiciados por el público de la ciudad subterránea.- ¡Gracias, muchas gracias querido público! ¡Esperamos de todo corazón que os haya gustado esta canción que versionamos de la gran estrella de Risky Red, Milka! - exclamaba la mujer de pelo celeste, mientras lanzaba besos al aire a diestro y siniestro.- Nuestra próxima canción será ya la última y...- Mientras la violinista procedía a guardar en un estuche su instrumento para sacar de otro estuche más grande, seguidamente, un bajo, los ojos de la cantante recorrieron la primera fila deteniéndose por completo en las mujeres de pelo verde y rosado, quedándose perpleja ante lo que estaba viendo. Si bien ambas habían cambiado su look desde la última vez que las vieron, era imposible no distinguirlas sólo por eso.- ¿Miyori? ¿Maki? - interrumpió su discurso, preguntando a viva voz por el nombre de las dos mujeres, causando que la peliblanca también desviara su atención, primero hacia su hermana.- Espera, ¿has dicho Maki? - se quería cerciorar de que había escuchado bien las palabras de la peliazul, desviando su mirada hacia el lugar dónde se dirigía la de la cantante, observando ahí a la capitana de las piratas Valar que hace tanto tiempo había conocido.- ¡Maki! - nombró con alegría la mujer de inmaculados cabellos, dando un pequeño salto de felicidad. Ambas se quedaron calladas durante dos segundos, tras lo cuál, se miraron la una a la otra, esbozando una amplia sonrisa las dos. Entre hermanas gemelas, había veces que no había necesidad de decir ninguna palabra para saber en que estaban pensando.
- Muy bien, querido público, ¡habrá un cambio de planes! - habló a viva voz la cantante, dejando un par de segundos de expectación por parte de los residentes.- ¡Recibid con un fuerte aplauso a Maki y Miyori! ¡Dos increíbles y talentosas artistas que tocarán junto a nosotras para cerrar por todo lo alto este concierto! - anunciaba la mujer de vestido turquesa, mientras extendía su mano derecha hacia dónde estaban Maki y Miyori, invitándolas a participar en el recital que habían montado en ese mismo montículo de basura. El público, que no se esperaba este giro de los acontecimientos, rompió a gritar y aclamar los nombres tanto de las dos piratas, como de las dos artistas que habían organizado aquel evento musical.
Eran dos mujeres que, al igual que ambas conocían a Maki - y sólo una de ellas a Miyori -, las dos piratas también debían saber su identidad - por más que la capitana de las Valar tuviera ciertos problemas de memoria -. Se trataban de aquellas dos hermanas que, hace no mucho tiempo, se encontraron de forma separada en distintos puntos del Grand Line. La historia de dos hermanas, amantes de la música, que habían prometido encontrarse tras un desafortunado devenir de los acontecimientos. Dos hermanas que, finalmente, y después de los sucesos de Skypiea, lograron encontrarse recientemente saliendo de la isla de Momoiro.
Con ustedes: ¡Mara y Dona!
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INFO
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