29-09-2026, 01:20 AM
El viento en Baltigo sin duda era un enemigo temible, y que en combinación con toda la arena presente en la isla, producto de la erosión constante la que la roca era sometida dificultaba grandemente la visión, pero aquello no era tanto impedimiento para el Haki de Observación de Bai Mudan, de modo que a su percepción llegarían numerosas auras, un total de cincuenta al menos que la percepción de la birkaniana pudiese notar, sin demasiada distinción de colores o formas en las mismas, las cuales se hallaban a unos trescientos metros de distancia, más allá de los promotorios de roca horadados por la erosión.
Aquellas auras desprendían un sentimiento general de alerta y de cierta preocupación conjunta, y avanzaban de manera regular hacia la entrada del Valle del Silencio. A juzgar por la velocidad a la que se movían junto con las dos carretas, llegarían pronto al desvío que abandonaba la ruta principal y llevaba hacia aquel valle, mucho más recóndito y aislado de la visión privilegiada que los centinels del castillo ocupado por el ejército Revolucionario tenían de toda la llanura que rodeaba la fortaleza.
La pareja de Mahou y Bai continuó su camino en la misma dirección en la que la que la caravana se movía, aunque en cierto momento la birkaniana eligió detener la marcha, mirando con actitud sospechosa hacia los orificios de los promontorios rocosos. Aquellas pausas permitieron que la caravana se adelantase levemente en su posición, saliendo del alcance del Haki de Observación de la joven alada.
Los orificios devolvieron su mirada hueca hacia la extraña pareja de piratas, enviando un agudo coro de silbidos al colarse el viento por sus rendijas, pero nada más salió de allí. La caravana parecía estar cada vez más lejos, y con ella la promesa de poder obtener las provisiones que los piratas necesitaban. A cierta distancia, la fortalez de la isla seguí irguiéndose como un vigilante omnipresente, cuyos matacanes defensivos parecían simular mil ojos que controlaban todas las direcciones.
Aquellas auras desprendían un sentimiento general de alerta y de cierta preocupación conjunta, y avanzaban de manera regular hacia la entrada del Valle del Silencio. A juzgar por la velocidad a la que se movían junto con las dos carretas, llegarían pronto al desvío que abandonaba la ruta principal y llevaba hacia aquel valle, mucho más recóndito y aislado de la visión privilegiada que los centinels del castillo ocupado por el ejército Revolucionario tenían de toda la llanura que rodeaba la fortaleza.
La pareja de Mahou y Bai continuó su camino en la misma dirección en la que la que la caravana se movía, aunque en cierto momento la birkaniana eligió detener la marcha, mirando con actitud sospechosa hacia los orificios de los promontorios rocosos. Aquellas pausas permitieron que la caravana se adelantase levemente en su posición, saliendo del alcance del Haki de Observación de la joven alada.
Los orificios devolvieron su mirada hueca hacia la extraña pareja de piratas, enviando un agudo coro de silbidos al colarse el viento por sus rendijas, pero nada más salió de allí. La caravana parecía estar cada vez más lejos, y con ella la promesa de poder obtener las provisiones que los piratas necesitaban. A cierta distancia, la fortalez de la isla seguí irguiéndose como un vigilante omnipresente, cuyos matacanes defensivos parecían simular mil ojos que controlaban todas las direcciones.
La Caja de Pandora
