P.A: Tasajo y manzanas [Aventura T4 - Bai/Mahou]
#5
Por un instante no hubo nada que sentir, no al menos en los promontorios. A lo sumo, y siendo muy generosos, una vibración sensorial instintiva y primaria, como un hambre sorda, que emitían los bichejos que habitaban aquel páramo de arena. Y, sin embargo, en el preciso instante en el que se dispuso a cortar su Haki, sintió de golpe algo más; su pecho se quedó rígido por un momento y su mano, que había aflojado la fuerza sobre la empuñadura ante la vacuidad del entorno, se crispó de pronto al notar aquel huracán de sensaciones.

Uno, dos, tres... Cincuenta.

Cada una de aquellas presencias ofrecía exactamente la misma sensación, una frecuencia animalesca similar a la de un animal en peligro. Y, sin embargo, el problema era otro: ¿Cómo demonios podía transmitirle todo aquello a Mahou? Bai se llevó la mano al rostro para masajearse el puente de la nariz y, a continuación, resopló por la nariz de pura frustración al verse incapaz de explicarle aquello con gestos. Y, por supuesto, llamar a Zhang no era una opción.

—Mahou —le llamó antes de mirar hacia atrás por un instante y terminar de usar su Haki.

Escrutando de reojo la lejanía, y exigiendo a su mente una velocidad de raciocinio inusual, observó cómo una ráfaga de viento seco flagelaba de nuevo las rocas de Báltigo al tiempo que una pequeña nube de arena se levantaba para arremeter contra los ciclópeos cimientos de la fortaleza que se alzaba en el horizonte. Frunció el ceño, clavando su vista en aquel enclave hermético y macizo arraigado en medio de un páramo donde apenas sobrevivían unos pocos arbustos. No había ninguna otra construcción en leguas a la redonda. Se llevó el antebrazo hacia adelante, tapándose del sol y cerrando los ojos por un segundo, obligando a sus pensamientos a reordenarse.

Y es que, por un lado, era obvio que nadie erigía ni sostenía un bastión como aquel, menos que tuviera una razón muy concreta.

Pero, ¿quién? Los civiles que habitaban el mundo no podían ser; nadie en su sano juicio elegiría un terreno tan árido y desprovisto de recursos para asentarse. Los marines tampoco encajaban en aquella ecuación, pues no necesitan esconderse en los confines de la Grand Line.
Bai se volvió a girar, volviendo su rostro hacia Mahou mientras seguía pensando. Después. negó con la cabeza.
Tampoco podían ser comerciantes ni cazarrecompensas, ya que, a un lugar como Báltigo no llegaba ni el comercio ni existían los suficientes suministros frescos que pudieran justificar el riesgo de vivir en un sitio así.

Intentó pensar un poco más rápido, sacudiendo las plumas de sus alas por el camino y obligándolas a volver a su posición natural.

¿Piratas, tal vez? Parecía improvable pero, si compartían su forma de ver el mundo con la del Eco del Vacío, jamás echarían raíces ni fortificarían de aquel modo un desierto.

Solo quedaban dos opciones y, ambas, le erizaron el vello de la nuca.

Fue entonces cuando, tras tomarse ese instante para meditar, le dedicó a la mona una señal con el mentón para indicarle que se alzase y siguieran las huellas de la caravana. Bai también lo hizo, se incorporó apoyándose con fuerza en los muslos para tomar impulso y replegó las alas en un reflejo mecánico, sopesando cuál de las dos posibilidades le gustaba menos mientras sobre ella se cernía la amenazante sospecha de que aproximarse a aquel portón equivaldría a firmar una sentencia de muerte o a un conflicto estéril —sobre todo ante su absoluta incapacidad de comunicación y la escasa probabilidad de que Mahou supiera improvisar una retirada.

Luego, cuando ya estuvo completamente erguida y había empezado a andar, empezó a pensar en el siguiente problema que tenían frente a ellas.

«Cincuenta presencias», sopesó Bai de pronto, mientras la suela de goma de las botas se hundía en la arena. Era un número bastante intimidante, y quizás lo hubiera sido mucho más si la calidad de las auras percibidas hubiera sido puramente hostil. «Cincuenta...», repitió mordiéndose el labio con un gesto de concentración en el rostro, hundiéndose un poco más en la arena mientras avanzaban siguiendo el rastro en silencio.

De hecho, si lo pensaba bien y con mayor rigor del que había invertido al pensar en la fortaleza, aquella vibración colectiva —como de rebaño acorralado— descartaba por completo a un escuadrón de élite, como lo pudieran ser los hombres del Cipher Pol. Bai miró hacia atrás sin dejar de caminar, contemplando cómo los promontorios empezaban a tapar la fortaleza; ahora solo le quedaba una posible opción de quienes residían ahí.

—¿Revolucionarios? —murmuró, poco antes de sacudir la cabeza como si hubiera comprendido algo de golpe—. Podrían ser...

De súbito levantó la vista, forzándose a abandonar los vericuetos de su mente para regresar a la cruda realidad del páramo. Fueran quienes fuesen, parecían ser los únicos que podían ayudarles con el tema de comida. Por ende, seguir sus huellas no era una opción impulsiva, sino la única vía lógica para obtener recursos o información sin llamar a la puerta del fortín.

Y, sin embargo, no se le iba de la cabeza la idea de que, si había alguna clase de enfrentamiento, cincuenta contra dos —y con Mahou reaccionando más por instinto que por órdenes complejas—, las situaba en una situación bastante compleja.
Bai se acarició el rostro con mayor frustración; la masa jugaba en favor de los desconocidos. Y ya no solo el volumen, sino el individuo a quien apenas había percibido y que parecía muchísimo más fuerte que los demás.

—Mahou... —Bai abrió la boca en un intento desesperado por hacerle entender a la mona lo que había sentido—. Mahou, uno —al decirlo hizo un gesto con la mano y levantó un único dedo.

—Bai, uno —repitió la mímica.

—Bai y Mahou, dos —esta vez levantó dos dedos.

—Ellos... —señaló las huellas que seguían y trató de explicarle cuántos eran —cincuenta—. Dijo, levantando los cinco dedos de una mano y con el otro imitando a un cero.

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Bai Mudan
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RE: P.A: Tasajo y manzanas [Aventura T4 - Bai/Mahou] - por Bai Mudan - 03-10-2026, 04:24 PM

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