Fly On | Presente Relativo [+18]
#8
DECLARACIÓN




¡Maríaaaa! ¡Eres una tramposa!

Fue lo último que escuchó del Malvavisco mientras las risas se desbordaban de sus labios, unas encantadoras y hermosas como su dueña. Entre aquellos setos de verdes colores, con la tenue iluminación artificial fabricada por algún manitas, la mestiza se sintió… joven. ¿Curioso, No? Ella a sus 20 años físicamente lo era, sin embargo, la inocencia de la adolescencia solo fue un suspiro efímero que la convirtió en mujer muy pronto, que la arrancó sin piedad de lo que aquella etapa significaba para cualquiera. Ilusiones, amigos, amores, juegos, frustraciones, todo combinado para formarla de “manera correcta” e insertarla a la “sociedad de bien”… en su caso, sucedió… abrupta y traumáticamente, con matices perversos que la obligaron a refugiarse en la compañía de los grillos, en las quimeras de las vanas esperanzas de… ser normal.

En los últimos años ocurrió. Poco a poco, la María Merlot que llegó a las manos de Ashveil fue desvaneciéndose, llevándola a una preciada y añorada metamorfosis, descubriéndose así misma y lo que esperaba de su propia vida. La belleza rodeada de miedo, sumisión y desesperanza, la hermosa joya para ser vista y usada, se desdibujaba…  quedando la esencia pura de una mujer que solo deseaba ser libre, feliz y plena. Esa luz que irradiaba le hacía aún más etérea. El interior y el exterior al fin coincidían, así lo comenzó a sentir desde Tequila Maní. ¿Lo habrán notado? ¿Quiénes? En general las personas a su alrededor, en particular ese escurridizo Malvavisco. Claro, aun faltaba mucho, aun estaba rota pero como la más valiosa porcelana con hilos de oro y amor iba soldando sus piezas.

Sus pasos la llevaron, o eso imaginaba, hacia la victoria. ¿No podía ser tan difícil, verdad? Luego de las palabras, que buscaban desconcentrar al hombre de ojos cerúleos, se mantuvo en silencio con el corazón latiendo a la expectativa de su reencuentro, ese órgano traidor estaba reaccionando de forma… inexplicable a Beltegeuse. ¡No, no era momento para analizar! Tenía un juego que ganar. La luz en el sitio se torno un poco más… ¿iluminada? Pero al ras del suelo como si de las profundidades de este emergieran miles de luciérnagas. ¿Estaba haciendo trampa? No podía juzgarlo, ella fue la primera en buscar distraerlo para obtener una ventaja. Una sonrisa embelesada se apoderó de sus labios al tiempo que mordía el inferior para anclarse a la realidad. No debía volar, no debía dejarse llevar pero lo que sentía… que la maniataba y descolocaba, convirtiéndola en un caleidoscopio dónde solo él era el culpable.

¿Él ganó? Seguramente, era el más rápido.
¿Ella perdió? No le preocupaba eso, la verdad.
La preocupación recaía en que… se extravió.

Por un momento se reprochó esa idea, sabiendo que era terrible orientándose. La sonrisa desapareció. La presión en su labio aumento. ¿Arruinó de nuevo su cita? La alegría de antes fue reemplazada por un manto de amargura hacia sí misma, y de tristeza por sabotearlos a ambos sin proponérselo. El corazón que antes estuvo latiendo sin control pero con júbilo, aminoró sus pulsaciones. ¡Tonta, tonta, tonta! Se reprochó, abrió la boca para llamarlo. La cerró de nuevo porque la voz se negó a salir, como si las manos del tormento la ahorcaran recordándole que “algo sucio” como ella… no podía, ni en sueños, atreverse a anhelar… a una hermosa estrella.

Pequeña.
Insegura.
Perdida.

La espiral de emociones negativas la fue arrastrando hacia los demonios que habitaban en su interior, esos a los cuales los grillos mantenían a raya pero que no dejaban de coexistir con su esencia misma. El sudor frio en las manos, la mirada perdida en la inexistente tiniebla, el aire faltándole en los pulmones… 

Sola.
Olvidada.
Desolada.


Confiaré en qué no dejarás... que me pierda.

Volvió a moverse, debía salir de ahí.
¡Quería salir de ahí!

Asustada y envuelta en ansiedad.
La obsidiana espiral le arrebataba los sentidos.

Cayó al abismo.
Espero el golpe.
No sucedió.

Algo la sujeto.
La atrajo contra sí.
No dolió.


¡Te atrapé!

La voz del Malvavisco acompañó aquella arremetida que la sacó de la oscuridad y la trajo de nuevo a la luz. Los ojos de la mestiza se abrieron por la sorpresa. Al escucharlo, y al sentirlo sobre la tela de su cuerpo, recordó como respirar. El aire fresco de la noche regreso a sus pulmones, y la sonrisa reclamó el trono de sus labios. El corazón, antes angustiado recordó su cruzada desenfrenada contra ella, en favor a Shin Hasegawa, cuando la inercia de su agarre la hizo quedar frente a frente. Ámbar sobre aquel azul hipnótico. ¿Qué clase de magia utilizaba sobre ella? Arrancándola de la oscuridad de sí misma, atrayéndola a su cálida luz.

¿Cómo te atreves a escaparte de mí cuando llevo tantísimo tiempo esperando para verte?

Lo siento.

Quiso disculparse.
La voz quedo atrapada en su garganta.

También estuve esperándote.
Por tanto tiempo.
Más del que imaginas.

¡Ella también deseaba ser sincera!

Apoyar sus manos en el pecho.
Ponerse en puntillas.
Besarlo, hasta que sus labios se desgataran.
Olvidarse de todos.
Del mundo.

Y casi lo hace, un segundo más y el laberinto hubiera sido testigo de una entrega sin remordimientos, del ansiado encuentro de sus cuerpos. A diferencia de la llegada, descarada a sus caderas, la retirada se convirtió en una tortura, lenta y estimulante, que la hizo soltar un suspiro suave cuando sintió el frio dónde antes estuvo un fuego electrificante. Lo sabía, a esa altura lo sabía con plena certeza… su toque le causaba cortocircuitos, borraba su mente, la dejaba a merced de aquello que no podía ver pero que disfrutaba y ansiaba sentir.

¡Sigue mi voz, María! Y quizás te deje ganar...

Estiro la mano, no lo alcanzó.

¿Lo traspaso?

En un momento estaba.
Al siguiente no.

Su corazón protestó.
Luego se emocionó.

Ahora era él…
Quien la empujaba a jugar…

¿Cómo podía ponerle etiqueta a la hermosa sensación de su presencia?

¿Atrapada?
No.

¡Arruinada!

— ¡Shiiiiiiiiiiin! ¡Eres un tramposo! — al fin recordó como hablar, la voz envuelta en una felicidad irreal y una estúpida alegría. Lo llamó por su nombre, el cual utilizó una única vez cuando leyó aquella identificación en la playa. Los pies de la mestiza se pusieron uno delante de otro, y empezó a correr por aquel laberinto, siguiendo la voz del hombre al tiempo que un par de risitas se escapaban sin proponérselo — ¡No tendrás arroz por tramposo! Cuando ponga mis manos en ti ya verás, Shin — ahí estaba de nuevo, la forma en que su lengua y labios se fusionaban para pronunciar un nombre, su nombre.

¡Por ahí no! ¡Vuelve! ¿¡O acaso sigues queriendo escaparte!?

Se detuvo cuando escuchó la advertencia, giró sobre su propio eje, la voz no venía de la derecha hacia donde fue, sino de la izquierda, el otro lado — ¿Escapar? ¡Jamás! Obtendré mi premio, saldaré mi deuda… y te recordaré siempre como perdiste ante mí, Shin — aunque su voz sonó muy segura, su interior dudaba de cada una de esas afirmaciones pero él no tenía porqué saberlo ¿No? Volvió sobre sus pasos, la respiración agitada, la expectativa de volver a sus brazos… ¿Qué? Si, quería tenerlo tan cerca como hace un momento… quería… todo de él.

¡Oh, wow! ¿¡Eso que veo es el final!? ¡Apúuuurate, María! ¡Sería una pena que lo viera yo solo!

— ¿Qué? ¿Qué estás viendo? ¡No! No, me digas. ¡Cuando te alcancé, Shin, ya verás! — el gozo en su voz era evidente, y usaba su nombre con una mezcla entre dulzura y afecto. Casi lo alcanzaba, su voz la guio, mas que indicaciones, fue solo seguir a su corazón. Entonces lo vio, una luz que desapareció justo en un parpadeo cuando ella llego a la salida de ese laberinto, descubriendo los rosales y el reflejo de una superficie acuática a lo lejos. Sus pies se detuvieron por un momento.

El centro…
La victoria…

Amarga y vacía…

Un sinsentido…
Que le dio sentido a todo…

No se trataba del lugar ni el premio…
Lo verdaderamente importante…

Siempre fue… ÉL.

Aquel que entre millones de estrellas…
Brilló solo para ella.

Arruinada.

Iba a entrar de nuevo, iba a buscarlo.
Playa, cielo, arena, laberinto.
Nada de eso significaba algo.
Si Él no estaba ahí.

Entonces, la estática de antes, el suave toque electrificante, la empujó hacia delante haciéndola cruzar la meta imaginaria. Volteó inmediatamente, encontrándose con aquel que por un momento temió haber perdido… otra vez… por segunda vez esa noche. 

Desde hoy, podríamos decir que eres más rápida que yo. Te lo perdonaré, sólo porque odiaría que borres esa sonrisa de tu rostro.

María sonrió ante sus palabras y los gestos que la acompañaron. ¿Cómo se veía a ella misma en ese momento? Agitada, con el pecho subiendo y bajando por la carrera, con las mejillas sonrojadas, y quizás una de las mangas de su camisa un poco caída, mostrando aún mas sus brazos. Lo vio extender la mano, lo escuchó pedirle que le mostrará su premio… ¿Cómo decirle que el premio lo tenia delante? ¿Qué la gloria fue conocerlo y la victoria tenerlo ahí, solo para ella?



Cree…
Atrévete…

Un medio paso acortó la distancia, esta vez tomó su mano pero no palma con palma, sino que sostuvo la suya por debajo y lo atrajo hacia ella llevándola a su pecho, justo en aquel latido errático y maravilloso que él provocaba. ¿Qué quería decirle con ese gesto? Lo que no podía aun formar con palabras, entonces llevó la mano masculina a su mejilla… cerró los ojos, sintió su tacto y calor, disfrutó de tenerlo al fin para ella, se deleitó de como el fuego de la cercania le recordaba lo viva que estaba.

¿Por qué seguir alargando? Ambos lo deseaban. Ella lo sabía. Lo sentía en cada mirada. En la caricia de sus palabras. ¿Por qué no ser valiente? ¿Por qué no tomar lo que su cuerpo pedía a gritos? Cuando abrió los ojos, la mirada ámbar ardió de deseo — Shin — pronunció bajo, seductor y entre un suspiro atrayente — Bésame — más que una solicitud, fue una suplica venida directo de sus propios anhelos. Sin esperar a que él la complaciera, ella se puso de puntillas y lo busco, aquellos labios que sonreían con altivez, que bromeaban con facilidad… ¿A que sabrían? Estaba por descubrirlo

Un roce de labios.
Un gemido.
¿Su sabor?
Memorable.

Y nada más, porque la desinhibición se apoderó de ella, sensual y hambrienta. Su lengua se abrió paso a su interior, las manos se apoyaron en su bien formado pecho. Estas no tardaron en cerrarse con fuerza sobre la tela arañándolo en el proceso mientras su cuerpo se pegaba al suyo buscando el calor que tanto fantaseo. Las manos bajaron sin romper el beso, buscando el borde de la blanca camisa, invadiéndolo sin pudor, tocando una piel que le fue negada por años — Shin — suspiró su nombre contra los labios cuando se despegó por aire pero no tardo en volver a besarlo con la intensidad de una condenada que busca el ultimo aliento de vida.

No sabía como pero cuando se dio cuenta lo tenía contra uno de los setos — Shin — repitió con los ojos nublados por el placer y las ganas de que sus pieles se encontraran sin obstáculos, y eso hizo… le quitó el sobre todo, le sacó la camisa… lo beso en el mentón, bajo a su oído a susurrarle como lo iba a hacer gemir de placer, y como esperaba que él lo hiciera con ella. Descubriéndose mutuamente, explorándose con la fascinación y magnetismo que los hacia girar el uno alrededor del otro. Volvió a reclamar sus labios… ¿Desde cuanto besar se sentía tan… bien? ¡Nunca! No había repulsión, solo delicia y ganas de más.

Se separó de nuevo siento artífice de su propia desnudez al quitarse su propia camisa de holanes, quedando expuesta en brassier hacia el hombre, ese que la hacia sentir reina del mundo en su presencia, y mendiga miserable en su ausencia — Shin — repitió bajó y sugerente, llevando las manos hacia atrás para desabrochar la prenda… para terminar de juntar sus cuerpos, para unirse en uno solo…

Se gentil, por favor.
Se gentil, por favor.
Se gentil, por favor.
Se gentil, por favor.



La voz la trajo al presente. Un parpadeo, seguido de otro, y otro. Trago saliva. Levantó la vista… la mano seguía extendida frente a ella, la invitación del hombre a recorrer ese lugar misterioso. Las mejillas de María se tornaron de un rojo precioso, al igual que sus orejas. ¿Qué acababa de pasar? Dio un paso hacia atrás, tomando distancia del inocente y virginal malvavisco, ajeno a sus pensamientos lujuriosos — S-si — apenas logró balbucear girándose sobre sus talones, dándole la espalda y huyendo de esos ojos que parecían leer su mente…

Una inhalación rápida, unos pasos apresurados. Las manos a su pecho. El corazón agitado. ¿Y su cuerpo? ¡Su cuerpo estaba ardiendo! ¿Cómo pudo haberlo visto como un objeto satisfaciendo sus mas bajos instintos? ¡Estaba avergonzada!  Tanto que camino para alejarse, ignorando el hermoso lago, las flores a su alrededor, y la glorieta en el medio. ¿Cómo iba a volver a verlo a los ojos? ¡No podía! ¿Y si se lanzaba al agua? Con suerte el primo mono gyojin la estafó y se hundiría hasta morirse, mejor que el bochorno que estaba experimentando en ese momento.

¿Desde cuando ella tenía esos pensamientos?
¡Desde nunca!

Siempre odio ser tocada.
Siempre odio ser utilizada.

Jamás buscó por voluntad propia el acto sexual.
Conocía el placer, si, se lo demostró el Capitán Uva…
Pero no era algo que ansiará…

No hasta ahora…
No hasta él…

Estaba confundida…
Demasiado…

Debía poner distancia…
¡No!

— ¿Malvavisco? — lo llamó por su apodo inhalando por ultima vez antes de voltear y buscarlo con la mirada. Verlo solo trajo las imágenes de su fantasía pecaminosa, lo que volvió a colorear muy intensamente sus mejillas y orejas de un fascinante escarlata. Abrió la boca, iba a decir algo, pero no salió nada, solo una risilla… que fue creciendo hasta convertirse en una risa gracial, encantadora y tímida. La dama llevó las manos a su cara intentando calmarse, alejando la imagen del hombre de su retina.

Arruinada.


— ¿Qué me has hecho? — susurró entre risas adorables y nerviosas, sin saber si él la habría escuchado al tiempo que se agachaba quedando en cuclillas pero con las piernas juntas sin despegar las manos de su cara. Se sentía tan ajena a si misma, tan insegura por el aluvión de emociones que la carcomían. ¿Sería el efecto de su luz? ¡Si! ¡No! ¿A quien engañaba? No tenía nada que ver con su fruta, y muchísimo que ver con él. Y también con su propia vulnerabilidad, la que de cuando en cuando le recordaba “lo que fue, lo que nunca sería” — Lo siento… — confesó bajando un poco las manos hasta el inicio de sus pómulos, dejando al descubierto sus ojos que brillaban por las lágrimas no derramadas provocadas por la extraordinaria catástrofe en su interior  — soy un desastre… — las manos terminaron de bajar, esta vez para abrazar sus piernas y enterrar la cara entre sus muslos, al tiempo que sentia la tibieza de un sendera recorrer sus mejillas, oculto de la mirada del hombre — ¿Sabes? No soy lo que crees, ni siquiera me llamo María Merlot. No sé ni el nombre con el cual nací, así me puso el Capitán Borracho… podría ser una Anna, una Monserrat, una Ofelia, una Romina…  — el secreto salió sin filtros, nunca lo dijo en voz alta… que ese nombre no fue suyo hasta que alguien decidió otorgárselo porque llamarla “tu” era engorroso. ¿Por qué lo decía ahora? ¿Por qué se lo decía a él? — pero nunca una Kassandra… odio ser una Kassandra… y… es lo que fui por tanto tiempo… — la voz se rompió, el dolor y asco fue palpable en cada letra. Ese era el nombre con el cual la bautizó el bastardo de Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal. De nuevo: ¿Por qué se lo decía? Porque al desearlo, lo puso en la misma posición en la cual ella se encontró durante tanto tiempo…. no quería verlo como un objeto. Él era mucho más que eso, era una preciosa estrella. Y sin contar, que siendo el manojo de nerviosos que era, los filtros fallaban. Movió la cabeza, como si negará, pero realmente buscaba borrar el rastro de las lágrimas. Cuando despegó un poco la cara de las piernas, limpió con rapidez los últimos rastros. Luego alzo la mirada hacia él, el objeto de su confusión, de poner su imperfecto mundo de cabeza, pero no se la mantuvo. 

Una sonrisa.
Un hecho anatómico.
La máquina de bombeo en su pecho.

Un frasco, un órgano de dinosaurio. Lo vio muchas veces en el sitio destinado para Hyákinthos dentro del Flush Royal. Él le explicó el funcionamiento, las venas y la importancia de tener uno muy sano. La forma, aquella de dos lados uniéndose, no tenía nada que ver con la realidad… un pedazo de carne, un motor que enviaba y recibía en un ciclo sin fin para existir un segundo más. Biología pura y dura, no lo contradijo, nunca podría… o eso pensó, porque la teoría y la práctica acababan de chocar contra ella sin piedad.

En ese momento, bajo aquel cielo estrellado, las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes… la fría lógica de su amado médico se resquebrajó en relación con lo que su cuerpo experimentaba, y no, no se refería a la lujuria, sino a algo más que dio paso luego de ese pensamiento. Ahora lo sabía con certeza, desde que volvió a encontrar a Shin Hasegawa no bombeaba solo para vivir, sino que ante su presencia latía torpe, feliz e ingobernablemente. Él convirtió al musculo en su esclavo, él transformó su sangre en lava ardiente… él llevó una caótica revolución a su interior… enseñándole, sin saberlo, un nuevo propósito para una pieza tan maltratada, un propósito que la asustaba, uno que dolía, uno que la hacía sentir grande y pequeña, una reina y mendiga a la vez. Un sentimiento que aún no sabía cómo poner en palabras y mucho menos darle forma con sus acciones. ¿Cómo podía descubrirlo? Ella no comprendía lo que estaba sucediéndole porque nunca alguien la hizo sentir que podía tocar las estrellas. Pero, y siendo fiel a si misma, sería honesta con él, con ella... era siempre el mejor camino… aunque...  la llevará a un acantilado.

Se levantó.
Respiró.
Lo miró.
Pero no lo vio.
Sonrió desviando la mirada.

— Me gusta cómo me miras, me gusta cómo me tratas, me gusta como sonríes, me gusta tu voz, me gusta cómo me haces sentir… me gusta tu — decirlo en voz se sentía liberador, un peso de encima que dejaba de aplastarla contra la realidad — … pero no soy como las otras chicas, yo… no soy… mi pasado… no es lo que soy ahora… una malvada pirata — no encontraba las palabras, cuando dijo “malvada pirata” soltó una risita tonta porque lo más malvado que había hecho fue destrozarle el cráneo a unos monos que traficaban con niños pero estaba procrastinando — … yo… no quiero engañarte… y aunque lo haga… lo descubriras… sería inevitable…  yo quiero… que lo sepas… necesito que lo sepas… — su respiración se agito, sentía que le faltaba el aire… bajo la mirada, era incapaz de mirarlo a los ojos. Se abrazo así misma para darse fuerza… para liberar a su estrella de un ser tan bajo y asqueroso como ella — … no lo elegí, nunca lo hice… no era libre… no era yo… era un lugar oscuro… — la boca se le resecó, sus labios temblaron. Nunca lo dijo en voz alta, ni a sus nakamas, lo sucia que se sentía — mi cuerpo… no era mío… era de quien pudiera pagarle a… — no pudo pronunciar el nombre del maldito tritón, su garganta se cerró y las lágrimas salieron sin esfuerzo — … nunca quise… siempre luche… — suspiro llevando las manos a su cara, limpiando al traicionero liquido que seguro la hacia parecer más patetica de lo que ya era. El pasado sucedió, lo quisiera o no — … cuando nos conocimos, en aquella… playa — sonrió aun sin verlo, una suave sonrisa llena de cariño y algo más... — … habían pasado apenas unos meses desde que Ashveil me rescató, desde que Hyákinthos me… curó — omitió a propósito la forma en la que el antiguo capitán de ojos fantasmales la encontró — … nunca conocí a alguien como tu… con tu sonrisa… con tus bromas… con esa mirada que parecía verme… más allá de… lo que fui — lo último lo susurró, fue la ilusión de un corazón que apenas comienza a aprender — … pero bueno, que trágico sonó todo… es solo la vida sucediendo... no hay mucho que hacer... — habló intentando parecer alegre, al tiempo que quitaba una lágrima de aquí y allá, viendo a cualquier lugar menos al hombre  — … lamento haberte hecho perder el tiempo... — comentó casualmente llevando las manos a su cabello fingiendo arreglar su cola alta, necesitaba ocuparlas en algo… para que el temblor frio de la realidad no fuera tan evidente. Estaba dejando de ir al Malvavisco... dolia... pero era lo correcto — … si me das tu dirección, te haré llegar el arroz. En un papel... si la dices lo entenderé al revés… ya viste ¿No? Lo fatal que se me da eso de orientarse… y eso que soy la navegante de mi tripulación… ¿Gracioso, no? — río, una vacía, distinta a las de antes, fingiendo una serenidad que no sentía, y que cualquiera vería que no existía.

No lo vio.
No se atrevía a buscarlo con la mirada.

Tenía miedo, demasiado.

De ver su rechazo.
De ver en lo que posiblemente se transformó aquel brillo azul tan travieso y dulce.

¿Y cómo culparlo?
Cuando ella misma… se tenía tanto asco.
Uno que no supo de su magnitud, hasta que lo dijo en voz alta.

Hyakinthos siempre tuvo razón.
No debió dudar.
Una máquina de bombeo.
Y nada más.

No quería la nueva función.
La que desbloqueo Betelgeuse.

¿Su médico podría...
Calmar el insoportable...
Dolor?




ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
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Fly On | Presente Relativo [+18] - por Hasegawa Shin - 31-08-2026, 09:49 PM
RE: Fly On | Presente Relativo - por Maria Merlot - 07-09-2026, 12:50 AM
RE: Fly On | Presente Relativo - por Hasegawa Shin - 16-09-2026, 04:57 AM
RE: Fly On | Presente Relativo - por Maria Merlot - 26-09-2026, 02:06 PM
RE: Fly On | Presente Relativo - por Hasegawa Shin - 28-09-2026, 02:47 AM
RE: Fly On | Presente Relativo - por Maria Merlot - 03-10-2026, 10:52 PM
RE: Fly On | Presente Relativo - por Hasegawa Shin - 05-10-2026, 07:27 AM
RE: Fly On | Presente Relativo - por Maria Merlot - 12-10-2026, 09:10 PM

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