Fly On | Presente Relativo [+18]
#9
'¡Shiiiiiiiiiiin! ¡Eres un tramposo!'

Sus párpados se levantaron más de lo habitual, su corazón dio un vuelco y durante un breve instante se detuvo, volteándose al lugar desde el que se escucharon esas palabras. ¿Cómo era posible que un cambio tan leve y sutil le generase aquella ola de emociones? En donde ajeno a todo juego y misticismo artificial sus deseos inmediatos lo incitaban a abrirse paso a través los setos que conformaban aquel laberinto, dispuesto a llegar hasta la cintura de María otra vez, a su rostro y por encima de cualquier otro anhelo que pudiese tener en ese dichoso momento, a sus labios.

Se vio tentado a ser débil, ceder, pero entonces entendió la importancia de las acciones, el peso que semejante acto podría imponer entre ambos, forzándose a contenerse aún y si no podía borrar la enorme sonrisa que escuchar su nombre en la voz de la semi-sirena le generaba, porque tenía una prioridad mientras estuviesen separados por aquellas paredes naturales verdes, y era guiarla hasta la meta.

'Cuando ponga mis manos en ti ya verás, Shin'

Se relamió los labios al recibir tal declaración, costándole la concentración tan perfecta que mantenía entre el Kenbunshoku y el uso de su fruta, aunque no tardó demasiado en volver a vislumbrar los motivos que seguían alejándolo de María a la par que ella iba tomando las direcciones incorrectas, redirigida por su constante atención al espíritu celeste de la pirata. A más rápido terminasen de vencer el laberinto, menos tiempo de la cita consumirían, muy a pesar de que jugar a las escondidas resultara así de divertido, con la voz ajena llenándolo de adrenalina y los segundos sin tocar su cuerpo avivando una expectativa creciente, donde el calor físico parecía capaz de incinerarlo de manera espontánea.

Por suerte, los desafíos de Merlot e incluso las amenazas de dejarlo sin arroz estimulaban un pique que podía terminar volviéndose peligroso en el mejor de los sentidos, acelerando el paso del albino a medida que iba esquivando los enrevesados pasillos que transitaba, manteniendo en su cabeza los abruptos mapeos de la zona bajo la intención de conseguir que ella llegase en primer lugar.

No supo si era porque la encantadora voz de María alimentaba sus fantasías, lujuriosas y sobreprotectoras, o en su defecto, era otro de los efectos irremediables que su poderosa fruta del diablo le otorgaba, pero en la recta final de esa mini-aventura se sintió más ligero que nunca, símil a una fuerza invisible tirando de sus movimientos, brindándole la falsa sensación de estar flotando entre las partículas de su propia luz, como si estuviese intentando atrapar luciérnagas, dispuesto a ponerlas en el camino que exploraba a modo de guía para quien perseguía sus pasos. Inhalaba y exhalaba sin esfuerzo aparente, incluso podría cerrar los ojos y la incertidumbre de chocar contra un extremo de los setos seguiría brillando por su ausencia.

Ya no podía culpar a la altura.

El tiempo que pasaba cerca de María, pero sin ella próximo a él, lo estaba enloqueciendo.

Lo que recorría cada vena de su cuerpo no era otra cosa más que adrenalina.

De esa que ataca cuando alguien se convierte en testigo cercano de la persona que le gusta.

No lo descubrió al reencontrarla de espaldas, siendo espectador de su perfecta figura expuesta a su toque. Ni tampoco al darle ese pequeño empujón, incrementando el calor en la palma de su mano incluso y si no hizo contacto directo con su piel. Lo sintió tras verla voltearse, agitada y con sus mejillas rojas, observándolo con un pequeño deje de desesperación que no tardó en transformarse, apareciendo una sonrisa que terminó de desarmarlo, adornada por la caída de la manga de su camisa y esa curiosidad única en sus ojos ámbar, tan segura de sí misma que nada en el mundo portaba la suficiente credibilidad para atreverse a enfrentarla y terminar venciendo.

Sin embargo, lo que ocurrió tras extenderle la mano, invitándola, fue distinto a lo que esperaba. Empezó con leves parpadeos que forjaron la 'duda', luego un sonrojo evidente, distinto al de segundos atrás, pues éste incluso viajaba hasta sus preciosas orejas, indicando un crecimiento de la... ¿vergüenza que estaba atravesando? No quería hacerse ideas incorrectas, como si ilusionarse demasiado con la posibilidad de afectarla en ese sentido tan íntimo pudiese lastimarlo si se equivocaba, o en su posibilidad mínima, decepcionarlo, pero tampoco pudo evitarlo tras bajar el brazo y observar la forma en que retrocedió un paso, desapareciendo la energía magnética característica de Merlot hasta convertirse en alguien tímida.

Contrario a cualquier tipo de resultado negativo, sus titubeos lograron enternecer la atracción que sentía hacia ella, enalteciendo el impulso protector sobre su persona, detalle que conseguía mezclarse con esa preocupación creciente que comenzaba a dominarlo por no entender si aquello que presenciaba era algo positivo, o en su lugar, la chica estaba sufriendo.

Y para su desgracia, no tardó mucho más en confirmarlo.

Merlot se dio vuelta, alejándose y eludiendo el magnetismo que los volvía a juntar una y otra vez en el mismo punto, la gravedad. Sólo ahí el albino volvió a ser consciente del entorno, observando el lago de reojo, la glorieta y las flores adornándola, hasta que la voz contraria eliminó el mundo de su ecuación, a veces podía llegar a asustarlo la facilidad con la que María conseguía aislarlo de todo.

'¿Malvavisco?'

Aquello le hizo fruncir el ceño levemente considerando que hacía no mucho lo había llamado por su nombre, eso fue suficiente para que se acercara unos pocos pasos, intentando no invadir el espacio que había impuesto y en simultáneo, queriendo demostrarle que estaba ahí, a tiempo para volver a encontrarse con el hipnotizante ámbar de su mirada, una conexión que coloreó de manera aún más intensa si cabía la piel de su rostro. La risilla posterior consiguió relajarlo, hacerle creer que todo quedaría en una confesión íntima, privada, de esas capaces de forjar nuevos vínculos, y por eso comenzó a prestarle atención desde una ilusión extraña, esperando ciertas palabras.

Se cubría la cara a la par que le preguntaba qué le había hecho, Shin ladeó levemente la cabeza hacia su derecha, observándola agacharse, y entonces la misma energía que recordó moviéndose en el laberinto, convirtiéndolo en la persona más ligera del mundo, flotando, empezó a marchitarse.

'Lo siento…'

Sus ojos cristalinos lo llamaron, acercándose con sutileza.

'soy un desastre…'

El preámbulo de su historia, algo que no esperaba escuchar al percibir de ella la sensación de que era increíblemente hermética. Quizás se encontraría por fin el motivo, lo que había debajo de esa capa, justo como hacía él, escapando del fantasma de Ichiro, de la sombra de Himari y esos ojos tan vacíos y a su vez, repletos de emociones que lo perseguían a cada paso que daba, sus compañeros caídos.

Comprender que no se llamaba María Merlot lo sorprendió, aunque nunca le importaron demasiado los nombres considerando que sólo por nacer en una rama familiar heredó las esperanzas de personas que ni siquiera conocía. Jamás podría sentirse traicionado por ello, mucho menos cuando comenzó a unir las piezas del relato desgarrador, en donde el desprecio a "Kassandra" le daba ciertas ideas respecto al destino que habría sufrido años atrás.

El breve cruce de miradas posterior delató que estaba llorando a pesar de sus esfuerzos, encontrando las pistas mediante el enrojecimiento de sus ojos, y ver que fue incapaz de sostenerle el contacto visual siendo una persona de personalidad tan fuerte le hizo sufrir en completo silencio la idea de lo mucho que le estaría costando sacar cada una de esas palabras de su pecho. Quiso hablar, recordarle que nada de eso la definía, sin embargo, optó por el silencio, al menos hasta que considerase que le dijo todo lo que necesitaba expresar.

Abruptamente se levantó, y suspendió incluso las reglas del tiempo con sus palabras.

Sólo se repetía una frase durante esos breves segundos, ínfimos, que parecían horas.

'me gusta tu'

Merlot seguía evadiendo a sus orbes cerúleos, y cuando siguió hablando entendió los motivos. No era timidez o vergüenza, había algo más que no se atrevía a definir sin que lo hiciera ella misma, porque mientras más escuchaba, menos margen de dudas existía respecto a las ideas que se cruzaron con las primeras pistas, y es que a pesar de las risas al identificarse en forma de "una malvada pirata", estaba agitada, muy diferente a las bocanadas de aire que tomaba luego de la carrera por el laberinto.

Pudo reaccionar de muchas maneras al enterarse. Odiar al mundo, preguntar por los culpables, hacer énfasis en toda la ira que lo carcomía desde dentro, como si la oscuridad de quererlos a todos muertos estuviese opacando durante breves lapsos la luz que quería llevar a los oprimidos, sin embargo, entendió que nada de eso sanaría su dolor, y que María no estaba sincerándose por la búsqueda de un héroe que la alejase de sus hostigadores. Porque su cuerpo le había sido arrebatado, su libertad, y aún así nunca dejó de luchar, él no tenía cabida en aquel enfrentamiento, sólo podía ofrecerle algo mucho más sencillo.

Las lágrimas esta vez no pudieron ser ocultadas de su vista, una que reflejaba tristeza y también, determinación, recordando la playa cuando ella la menciona, y guardando en su memoria los nombres de Ashveil y Hyákinthos al ser quienes la ayudaron cuando más lo necesitó. Entonces volvió a entrar en su relato, como si fuese ajeno a todo mal en la historia de su vida, o ella no pudiese permitirse disfrutar los momentos a su lado sin pensar en lo que fue, y eso, de cierta forma consiguió hacerlo enojar más que el daño con el cual cargaba su memoria.

'… lamento haberte hecho perder el tiempo...'

Realmente estaba enojado, pero...

...al final recibió sus últimas palabras con una sonrisa suave.

—Hey. —ni siquiera la interrumpió al escuchar los breves desvaríos en donde indirectamente daba por finalizada la cita, como si alguna voz en su interior le estuviese gritando que por contarle todo aquello él escaparía del laberinto, y la dejaría sola con el peso que acababa de intentar compartir. Quizás, creyendo en el fondo que también necesitaba exteriorizar esas incertidumbres, para entonces entender lo equivocada que estaba. Shin se acercó a la pelirrosa hasta ponerse justo delante de ella, buscó su mirada y aún sin tocarla pero manteniendo la cálida curva formada en sus labios hizo una sola pregunta.

—¿Te gusta ser María Merlot?

Un pequeño titubeo le arrebata otra risilla, casi tímida, increíblemente atípico en la persona que se conoce habitualmente como Hasegawa Shin, y él enfatiza esa fracción de duda sin darse cuenta, rascándose con su diestra la zona cervical. —Lo siento, a veces hago preguntas raras... —confesó, volviendo a mirarla —No necesitas responder ahora. —se alejó medio paso y volvió a observar el entorno. Estaban justo en el centro, y llevaba desde el torneo de Skypiea con ganas de devolverle el regalo que ella le hizo cuando se conocieron, ¿podría explicárselo correctamente?

—Lo entenderás mejor si confías en mí, ¿de acuerdo? —levantó el dedo índice al final, porque no quería simplemente decirle que su pasado no cambiaba cuánto la deseaba, y lo mucho que le gustaba verla sonreír, especialmente si él se convertía en el culpable. —Por ahora... quiero pedirte que me dejes decidir si pierdo el tiempo o no. Porque voy a quedarme sin importar lo que digas. Es lo que elijo. —la mano bajó tras asegurarle aquello, y la sonrisa del hombre volvió a ganar confianza.

—Nací por conveniencia. Pertenezco a dos clanes que fueron rivales toda su vida, y que tras ver lo mucho que se destruían, decidieron aliarse concertando un matrimonio. Soy el primer hijo de esa familia. —una breve pausa, en donde no rompió el contacto visual —Ellos forman marines, y me cargaron con la responsabilidad de llevar el honor de las personas involucradas en la historia de los clanes. Quizás habría seguido todos los dogmas que me impusieron de no ser porque conocí a alguien. —ese fue el primer instante donde su voz pareció quebrarse.

—Ella me enseñó lo que había más allá del mundo que me mostraron. Cuántas personas podían sufrir por decisiones que algunos consideran "rutinarias", y no dejó de presionarme hasta que lo terminé entendiendo. —desvió la mirada hacia el lago, anteponiéndose al nudo en su garganta —No pude salvarla. Ni al resto de mis amigos. —los fantasmas que lo perseguían, apoyándolo en sus momentos difíciles, culpándolo cuando intentaba dormir.

—El día que nos conocimos decidiste mostrarme algo especial, y durante un pequeño instante me liberaste de esas cargas. Por primera vez en mucho tiempo sentí un silencio real en mi cabeza, y desde ese momento te he recordado muchísimas veces, imaginando qué podría existir detrás de la mujer fantástica que me regaló ese rato de calma. —volvió a mirarla, la sonrisa en sus labios se hizo más resplandeciente —¿Lo recuerdas, no? Te dije que tenía algo pensado para ti, en las gradas de los Juegos. —recortó otra vez la distancia, y acercó levemente su mano a uno de los hombros de la semi sirena —¿Puedo? —con sutileza, finalmente hizo contacto, aferrándola a él, pasando el otro brazo debajo de sus muslos y cargándola contra su pecho, una manera distinta de abrazarla.

—Deja a tu corazón disfrutar, yo también quiero mostrarte cosas maravillosas.

Sin perder su tangibilidad, comenzó a rodearse por completo de luz.

—Ven, vamos a volar.

Elevó la vista al cielo, devolviéndole las palabras que ella supo pronunciar antes de llevárselo a mar.


La realidad se transformaba, desafiando a lo imposible en cada pequeño centímetro de altura que ganaban. Los iris cerúleos de Shin reflejaban la noche, hasta que incontables pequeñas estrellas aparecieron, rodeados por el brillo etéreo que se desprendía desde su cuerpo, elevados en la misma sensación flotante que lo atacó mientras la guiaba hacia la meta, aunque disfrutando de la diferencia crucial que minimizaba su vuelo a algo sencillo en comparación: Abrazaba a la protagonista de sus emociones.

El suelo dejó de importar, y con ello, lo que rodeaba al mundo terrenal y al llamado "mar inferior". La fuente, las flores y el laberinto reducían su tamaño hasta desaparecer, abriendo ante ellos un espectáculo reservado a sólo unos pocos, y era la ciudad de Shandora vista desde el cielo. Volaban, como una bandada de pájaros migrando a tierras lejanas, a sitios que sus pequeñas existencias jamás habrían imaginado, llegando más allá del límite que se les había impuesto, libres, en instantes efímeros.

No dejaban de moverse, guiados por la estela dorada que Shin dejaba a su paso, dejando de subir cuando consideró que llegaron al punto ideal y, desde esa misma perspectiva, entregándose también a disfrutar del paisaje, del paseo que le estaba regalando. La observaba de reojo, intentando descifrar lo que podría estar pasando por su cabeza, si le estaba gustando o si mostraba señales de miedo, aunque en el fondo, los ojos ámbar tan expresivos, símil a la naturalidad de su portadora, eran todo el mundo que él quería apreciar en aquel instante.

Entenderla dejó de ser su prioridad, se notó en la forma que sus dedos parecían acariciar las partes por donde la sostenía sin perder la firmeza, y por los breves sonidos de alegría que exhalaba ante la adrenalina del vuelo. Nuevamente esa sensación en su presencia, como si de pronto estuviese ante un millar de descubrimientos nuevos que conseguían entusiasmarlo, al igual que cuando todavía soñaba con ser un niño normal, sin enfrentarse a las cargas que incluso otros adultos evitaban. Al final, eso era lo importante, se alzaban por encima de lo que consiguió herirlos, un lugar donde nadie más los alcanzaría para hacerles daño, o reprocharles decisiones que podrían haber evitado.

Guiados por un único impulso.

Seguir volando.

—¿Sabes? Siempre tuve un sueño... —las palabras de Shin fueron casi un susurro, mezclándose con el viento, buscando intimidad incluso donde no había nadie más para escucharlos —Aunque tardé mucho tiempo en darme cuenta de que realmente era mío. —observaba al frente, la luz lunar reflejada en la ciudad y sus movimientos gráciles en el aire, cuidándola incluso de los impulsos abruptos. Su expresión se había convertido en una serena, lejos de las exaltaciones previas, porque seguía abriéndose con algo que rara vez confesaba a las personas que lo rodean.

—Cuando vuelo, no puedo evitar recordarlo. —la sonrisa tenue de antes se dibujó, algunas memorias le caían cual cascada aunque sin el poder de doblegarlo —Quiero un mundo donde todos puedan ser libres. —confesó por fin, ante el silbido del aire y la escucha de María, su testigo nocturno, la compañía que eligió y seguiría eligiendo si ella se permitía dejar de intentar huir.

Decidió tomar un cambio de dirección, elevándose otro poco, como si quisiera alcanzar la cima del mundo junto a ella, abriendo todavía más el espectáculo visual que los envolvía entre las estrellas, la ciudad y la luz responsable del vuelo. Ahí, se lo dijo, aquello que imaginó desde que fue capaz de alzarse sobre la tierra por primera vez, recordando la mano de María sosteniéndolo en las profundidades, entregándole su seguridad y dejándose llevar.

Ahora se reencontraban en el extremo opuesto.

—Este es mi mar.

La sutileza de su movimiento lo llevó de nuevo a los ojos de María...

—Que todos puedan ver el mismo cielo.

...y la gravedad que nunca los dejó separarse por completo hizo el resto.

Con cada espacio que desaparecía al acercar sus labios a los de ella.

Con cada momento en que imaginó besarla y se contuvo.

Cerró los ojos, y se dejó llevar.

Como la primera vez.

El brillo de su luz aumentó, deshaciéndose de cualquier ínfimo testigo que pudiese quedar debajo, volviéndolos un destello en mitad de la noche que regresaba sobre su propio vuelo, y en medio, el secreto, un beso lento, reprimiendo la pasión que quería desatar sobre su cuerpo, pero extendiendo sobre cada pequeño significado que María se había ganado en su corazón el cuidado y el deseo por verla sonreír un minuto más a cada segundo.

Avanzaba, incapaz de contenerse ante la miel en sus labios, buscándola con su lengua, con sus brazos, aferrándola sin pudor a su pecho y reclamando aquel instante único ante la desnudez que ambos decidieron mostrarse. Entre las grietas, las fisuras, las lágrimas de una y los ojos secos del otro, tras vaciarse por completo alguna vez. No quería separarse, buscando suaves bocanadas de aire en espacios ínfimos de tiempo donde aquel beso les permitía respirar, pero llegados a cierto punto ganó otra prioridad por sobre el impulso carnal o el enorme cariño que crecía a pasos agigantados siempre que estaban juntos, mirarla a los ojos, y es así como finalmente abandona sus labios, aún apoyando su frente sobre la de María.

—¿Volvemos? —la sonrisa ahora expresa plenitud, comenzando el descenso hacia el centro del laberinto —Pienso reclamar el arroz que me debes. Y quizás, pedirte los días que nos quedan en esta isla. —el peso de saber que tendrían que continuar por caminos separados otra vez lo obligó a intensificar ligeramente el abrazo, costándole la idea de soltarla hasta en el momento que tocaron el suelo nuevamente, reencontrándose con la seguridad de una tierra firme.

Sin romper la cercanía, apoyó el dorso de su mano en una de las mejillas de Merlot, aferrándose con suavidad a la zurda de la mujer con la que le quedó libre —Oye, olvidé decirte algo... —si ella era incapaz de observarlo, se pondría en su campo de visión a la fuerza, porque necesitaba que lo entendiera con toda la claridad del mundo, no había una verdad más grande que esa entre ellos.

—Sigues siendo tú.

Y se lo recordaría las veces que fueran necesarias.

Let there be light
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Fly On | Presente Relativo [+18] - por Hasegawa Shin - 31-08-2026, 09:49 PM
RE: Fly On | Presente Relativo - por Maria Merlot - 07-09-2026, 12:50 AM
RE: Fly On | Presente Relativo - por Hasegawa Shin - 16-09-2026, 04:57 AM
RE: Fly On | Presente Relativo - por Maria Merlot - 26-09-2026, 02:06 PM
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RE: Fly On | Presente Relativo - por Hasegawa Shin - 05-10-2026, 07:27 AM
RE: Fly On | Presente Relativo - por Maria Merlot - 12-10-2026, 09:10 PM
RE: Fly On | Presente Relativo [+18] - por Hasegawa Shin - 14-10-2026, 05:28 PM

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