[FIC - Pasado] Segando el trigo
#10
El mundo de Kibai se había reducido a la cubierta del balandro. Las garras de sus pies tanteaban suavemente la madera de las tablas, mientras que el mink no quitaba ojo a su oponente. Emerald, por su lado, mantenía una sonrisa confiada, girando sus dos hojas cortas con habilidad, sin duda esperando a que Kibai hiciese el primer movimiento. Este sopesó sus opciones: sin duda la joven era lo suficientemente hábil como para reaccionar a su velocidad, así que no podía depender de esta para ganar el combate. En su anterior enfrentamiento en la mina, todo había sido demasiado breve, y ninguno de los dos quería realmente quedarse a pelear, ya que Kibai necesitaba llegar al puerto subterráneo y Emerald necesitaba escapar, pero ahora la situación era claramente distitinta.

Cediendo al fin a su impulso, el mink cruzó de dos rápidas zancadas la distancia que los separaba y lanzó un tajo vertical descendente contra la joven, que entrecruzó sus hojas para frenar el filo de Raimei. Casi sin darle pie a respirar, el mink prosiguió su ofensiva con golpe lateral, pero antes de que consiguiese alcanzar a su adversaria, esta cimbreó el cuerpo como un junco al viento, dejando que la hoja de su espada pasase de largo sin tocarla, contraatacando con un doble tajo cruzado que obligó a Kibai a alejarse un par de pasos rapidamente, cediendo el espacio central de la cubierta a su rival. La sonrisa de Emerald se hizo más amplia, e invirtiendo el agarre de sus dos puñales, dio un salto, levantado ambas armas para apuñalar de lleno al mink en el centro del torso. Este se echó a un lado, notando como la madera de la borda crujía al astillarse por el fiero ataque de la joven, que soltó un juramento y siguió buscando con rápidas estocadas alcanzar el cuerpo de Kibai.

El combate los llevó de una punta a otra de la cubierta, con los dos rivales intercambiando ataques, defensas y contraataques con enconado esfuerzo, tratando de obtener una mínima ventaja sobre el otro. No obstante, a medida que los minutos pasaban y la lucha se iba alargando, Kibai fue consciente de que tenía que terminarlo pronto. Las dos heridas de bala que Emerald le había inflijido al inicio de la pelea le lastraban lo suficiente como para nunca poder llevar la iniciativa de la ofensiva demasiado tiempo, y se estaba cansando mucho más que su oponente. Además, en aquella cubierta, con cajas, múltiples obstáculos y zonas estrechas, las dos hojas de Emerad, más cortas y estrechas, pensadas para apuñalar más que para tajar, eran sin duda más útiles que Raimei. La joven parecía ser ella misma consciente de aquella circunstancia, por su sonrisa mostraba ahora todos los dientes, casi saboreando de manera anticipada su victoria.

Mientras dejaba que su cuerpo reaccionase casi por instinto para defenderse de los ataques de su rival, la cabeza del mink funcionaba a todo trapo, intentando buscar una solución para aquella mala situación. Finalmente, con un cierto amargor, Kibi entendió que para ganar la guerra, era posible que tuviese que perder la batalla. Con un gruñido de esfuerzo, empujó  Emerald hacia atrás, ganando unos cuantos metros para situarse en el espacio más abierto que pudiese encontrar en la abarrotada cubierta, situandose en posición de guardia, con Raimei totalmente extendida para ganar la máxima cantidad de distancia entre él y la joven peliverde.

— Última oportunidad, Emerald — dijo el mink resollando con el esfuerzo, tratando que la voz no traicionase los pinchazos continuos de dolor que el hombro y la cadera le enviaban continuamente. — Si te largas ahora, nos llevaremos al bastardo que está en la bodega a que reciba su merecido castigo, y ya podré darte caza otro día.

La joven soltó una carcajada, mirando de reojo la hoja que sostenía en la mano izquierda, manchada de sangre por un tajo a corta distancia hacia las costillas que Kibai que el mink no había conseguido esquivar a tiempo.

— Vaya, vaya... Tratando que escaquearte, marine? O es que directamente tienes miedo ahora que sabes que tu final se acerca? Será mejor que te quede claro...

Emerald señaló con la hoja izquierda hacia Kibai, dejando que las gotas de su sangre cayesen sobre las tablas de la cubierta.

— Solo uno de nosotros dos saldrá de aquí, y pienso ser yo.

Con cierta resignación, Kibai dio un leve suspiro, agarrando con más fuerza la empuñadura de Raimei.

— Adelante pues.

Emerald soltó un grito y se abalanzó contra él buscando con una hoja su rostro y con la otra su torso. Kibai, sabiendo lo que se le venía, apretó los dientes y aguardó hasta el último momento para hacer su propio movimiento. Con un vaivñen de cabeza, evitó la puñalada al rostro, y desplazó lo justo su cuerpo como para que la segunda hoja de Emerald impactase en su costado. El acero perforó la camisa de su uniforme, empapando de rojo la tela blanca y tiñendo de morado los pantalones azules. Emerald fue a decir algo, pero su fugaz éxito se terminó cuando Kibai la atravesó de lado a lado con Raimei.

La joven peliverde soltó un suave quejido, dejando caer las hojas de sus dagas al suelo con un tintineo metálico, cruzando su mirada con la del mink.

— Vaya... esto si que no me lo esperaba. Pensé que ya te había vencido.

— No me has vencido, solo has dado un mal paso por dar un buen golpe — le contestó el mink meintras retiraba la espada y sujetaba el cuerpo de la joven mientras se desplomaba en la cubierta. Emerald tenía la respiración entrecortada, y el charco que se estaba formando bajo su cuerpo le confirmó que su rival no se levantaría de aquella cubierta.

— Ha sido un buen combate, marine — dijo Emerald, interrumpiendo sus palabras con un acceso de tos. — Lastima que haya durado tan poco. Te diría que tendríamos que repetirlo otro día, pero creo que no va a ser posible.

A pesar del dolor de las balas y la cuchillada, Kibai sonrió, sosteniendo la cabeza de la joven.


— Si, no ha estado mal. Es una pena que no me hayas escuchado y te hayas ido.

Emerald rio levemente, y unos regueros de sangre salieron por las dos comisuras de su boca.

— Si, lo confieso, nunca he sabido escuchar....

Con aquellas últimas palabras, la mano de Emerald cayó a su costado, ya inerte. Kibai le cerró los ojos, antes de levantarse con un gruñido y acercarse hacia el puente del balandro para dar el aviso por Den Den Mushi a la base acerca de lo ocurrido.
[Imagen: Leopardo-vampiro-bajo-la-luna-roja-1.png]
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[FIC - Pasado] Segando el trigo - por Kibai - 25-11-2025, 03:52 AM
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