Hace 5 horas
24 de primavera, Año 16 ❥ Sorbet Norte
I'm your rock'n'roll Joan of Arc, i'm here to save the world, but...who will save supergirl?
─ ♚ ─
No había nada más que decir.
Su espalda alineada como una espada, su respiración pausada, no necesitaba más para que Nyxara Archeron sostuviese esos pozos oscuros con ferocidad, sin dar un solo paso atrás en ese estrecho callejón. El la había arrastrado hasta allí, él la había sacado de la fila para enfrentar su mascara, él había decidido mover el primer peón en su contra ¿Qué era lo que esperaba a cambio? ¿Una voz dulce y suave cargada de un gracias, eres mi salvador?
Aquello casi le arranca una sonrisa de esos labios carmesí.
Antes, prefería bailar desnuda en medio de un barco cargado de piratas que volverse una mujer incapaz de sostenerse a sí misma.
Entonces, él retrocedió ante el sonido que acababa de quebrar el hermetismo de ese callejón.
“Cobarde”
Los pasos que entraron al callejón fueron la señal y la Archeron giró el rostro hacia el sonido como un látigo, haciendo que las hebras azabaches que se escapaban de esa trenza se deslizaran sobre la suave piel de ese rostro de líneas finas y pecas dispersas, en ese gesto que volvía observar por sobre su hombro, un acto de soberanía absoluta. El mar de sus ojos se fijo en quien los acababa de interrumpir con el mismo interés de quien observa una pelusa en su ropa ¿esa era la calidad de “soldados” que estaban en la institución que le serviría de pantalla? Primero, el insolente que no hacia bien el único trabajo que le habían encomendado y luego otro que parecía temblar solo al alzar la voz.
Al menos, ahora sabía que el chico de los mandados se llamaba Kael
Y eso le daba una ventaja táctica que Kael, no poseía.
Hasta que el chico de los mandados decidió cometer la insolencia de tomar su mano y ella…ella iba a arrancársela solo por ello. Nyxara Archeron no se movió, ni siquiera hizo amago de quitar el gesto; mantuvo su barbilla alzada y sus hombros perfectamente cuadrados, no había temblor, no había forcejeo y hacía falta más, mucho más, si quería hacerla retroceder. Fue ahí, donde Kael cometió el primer error: acababa de subirla al barco de su sargento como invitada.
El chico de los mandados acababa de meter en su barco, a una criatura dispuesta a devorarlos desde adentro.
Justo sobre la almohada de su sargento.
La pelusa en su ropa siguió la orden sin cuestionar absolutamente nada y el cobarde volvió a su posición inicial, volviendo a cargar ese aire sofocante que compartían hace unos instantes atrás – Kael…– su voz, a causa de la cercanía, se volvió ese susurro de seda y se aseguró de pronunciar cada palabra de su nombre como si lo saboreara entre esos labios carmesí. Que no cometiera el error de equivocarse, el veneno estaba impreso en sus palabras – ¿Impel Down? – Lentamente, se inclinó hacia él – ¿Cuándo te transformaste en almirante para enviarme como un capitán pirata a la prisión submarina? – Aquello, casi le arranca una sonrisa de esos labios carmesís mientras sus parpados descendían con suavidad, a penas un suspiro, para medirlo a través del marco oscuro de sus pestañas con esa diversión gélida – ¿Eso es lo que necesitas decirte a ti mismo, para convencerte de que este uniforme no te queda grande, Kael? – Y su nombre en ese murmullo cargado a causa de la cercanía, en sus labios, sonó más dulce de lo que él podría esperarlo – Creer que una prisión esta al alcance de tu mano, soldado, solo expone tu falta de autoridad real –
Y, la tempestad en que se habían transformado sus ojos recorrieron ese semblante de belleza engañosa y exótica. Los mechones oscuros que enmarcaban su rostro, esos pozos que era imposible leer sin importar cuanto sostuviera su mirada, esa mascara de trazos perfectos que podría embaucar a cualquiera que bajara la guardia. Pero, que no se confundiera, la Archeron ya había decido sobre él y sabía exactamente cual era la posición que utilizaba en ese tablero, donde posicionaba a todas las armas que se encontraba en el camino – Dices que la partida se acabó, pero la verdad es mucho más vergonzosa – Sus finos dedos, lentamente, se cerraron sobre el agarre que la había sostenido todo ese tiempo – Lo único que he visto ha sido un montón de palabrería barata de un soldado raso incapaz de hacer la única tarea que le encomendaron – Y su mirada se deslizo de esos pozos oscuros hacia el contacto de los dedos sobre su piel.
Solo una fracción de tiempo.
Antes de volver feroces hacia su rostro.
– Y un hombre, que es incapaz de dejarme marchar porque no tiene la capacidad verbal para someterme – Porque hasta ese momento, solamente uno en Ilisia, lo había logrado – Estas atado a mi en este callejón, Kael – Sus labios carmesís marcaron cada silaba que componía ese nombre, como si fuese un gesto intimo. Uno cargado de ese veneno adictivo que portaba consigo – Porque no sabes que más hacer conmigo – Y eso, era una dulce sentencia o una incuestionable realidad – Así que escucha con cuidado chico de los mandados – Alzó la barbilla en ese gesto de reina, mientras su voz se transformaba en ese filo de plata que prometia un corte mas profundo del que podría aguantar – Suelta mi mano en este preciso momento, porque si osas volver a ponerme los dedos encima sin mi consentimiento, no te va a quedar mano para sostener una orden –
Léeme
