Hace 2 horas
Nuestra aventurera estaba salvando por los pelos. Su agilidad tomó por sorpresa a el ogro ya que no es lo normal que alguien que se centrara en disparar pudiera moverse con suficiente agilidad. La cara del líder pasó a estar muy sorprendida y a su vez enojada. Luchar contra una mujer no era problema, pero que le rechazara a él, a el líder, al último hombre verde en pie. Su orgullo quedó herido, terrible, su semblante cambió al de alguien agresivo.
La gatillo alegre puso el cañón sobre él y tras el fuerte ruido de la detonación. El hombre se quedó con una mirada sostenida. Tras haber sido disparado por aquella mujer. Aquel calor en su abdomen que duró un instante y luego sintió como el calor salía de su cuerpo.
Impactado, herido, ya no solo emocionalmente, ahora físicamente, sus palabras dejaron un hueco en su corazón, sus detonaciones casi dejan un hueco sobre sus intestinos. Cuando se ees rechazo por el amor de su vida no queda de otra más que rendirse.
Pero las detonacio no solo hirieron al líder de la banda enfermedad. Fueron muchos disparos los que ella dió. Eso atrajo a otras personas. Personas fuertes, musculosos, que llevan kimonos de artes marciales.
—wai wai wait. Y esos dihparo. Eto que e’— Una voz grabe, pero con un notorio ascento caribeño como de alguien que viene de batería. — Aquí ehte poco e muelto. — Todo un grupo de artistas marciales hicieron presente en la zona. Acompañados de un niño pequeño que hace poco había sido salvado por nuestra protagonista.
—Es ese señor. Es Ase de la banda enfermedad. El nos estaba atacando, pero la señorita de pelo azul me salvó. — Dijo el niño, mientras señalaba a su evidente agresor. Los hombres comenzaron a hacer posturas de Kung Fu, Karate, Taekwondo, era evidente que iban a atacar al hombre verde.
En ese momento Ase sintió el verdadero terror. Sin su banda, sin su mujer, sin futuro no le quedó que lanzarse al vacío una vez que ellos llegaron. Esperando la muerte. Muerte que no llego pues no era un techo tan alto y lo que hizo fue entregarse a que esos hombres musculosos le dieron a una tremenda paliza.
El pequeño niño vio a su salvadora y subió hasta donde estaba ella. No fue algo sencillo, en absoluto, hizo todo su esfuerzo para llegar hasta ella. — Gracias onee-san. Me salvaste la vida. Después de que me rescate fui por ayuda, me daba miedo que te pasará algo.— El muchacho fue muy agradecido con ella. Tanto es que hasta el dió un abrazo casi con lágrimas en los ojos y con mocos saliendo de su nariz.
— Yii-io tenía mucho miedo que le pasará algo a la one-san. Gracias por salvarnos a todos. — Sr abrazo más fuerte de ella sabiendo que todo lo malo ya había pasado y que ahora todo volvería a la senda de la paz.
La gatillo alegre puso el cañón sobre él y tras el fuerte ruido de la detonación. El hombre se quedó con una mirada sostenida. Tras haber sido disparado por aquella mujer. Aquel calor en su abdomen que duró un instante y luego sintió como el calor salía de su cuerpo.
Impactado, herido, ya no solo emocionalmente, ahora físicamente, sus palabras dejaron un hueco en su corazón, sus detonaciones casi dejan un hueco sobre sus intestinos. Cuando se ees rechazo por el amor de su vida no queda de otra más que rendirse.
Pero las detonacio no solo hirieron al líder de la banda enfermedad. Fueron muchos disparos los que ella dió. Eso atrajo a otras personas. Personas fuertes, musculosos, que llevan kimonos de artes marciales.
—wai wai wait. Y esos dihparo. Eto que e’— Una voz grabe, pero con un notorio ascento caribeño como de alguien que viene de batería. — Aquí ehte poco e muelto. — Todo un grupo de artistas marciales hicieron presente en la zona. Acompañados de un niño pequeño que hace poco había sido salvado por nuestra protagonista.
—Es ese señor. Es Ase de la banda enfermedad. El nos estaba atacando, pero la señorita de pelo azul me salvó. — Dijo el niño, mientras señalaba a su evidente agresor. Los hombres comenzaron a hacer posturas de Kung Fu, Karate, Taekwondo, era evidente que iban a atacar al hombre verde.
En ese momento Ase sintió el verdadero terror. Sin su banda, sin su mujer, sin futuro no le quedó que lanzarse al vacío una vez que ellos llegaron. Esperando la muerte. Muerte que no llego pues no era un techo tan alto y lo que hizo fue entregarse a que esos hombres musculosos le dieron a una tremenda paliza.
El pequeño niño vio a su salvadora y subió hasta donde estaba ella. No fue algo sencillo, en absoluto, hizo todo su esfuerzo para llegar hasta ella. — Gracias onee-san. Me salvaste la vida. Después de que me rescate fui por ayuda, me daba miedo que te pasará algo.— El muchacho fue muy agradecido con ella. Tanto es que hasta el dió un abrazo casi con lágrimas en los ojos y con mocos saliendo de su nariz.
— Yii-io tenía mucho miedo que le pasará algo a la one-san. Gracias por salvarnos a todos. — Sr abrazo más fuerte de ella sabiendo que todo lo malo ya había pasado y que ahora todo volvería a la senda de la paz.
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