16-08-2023, 01:46 AM
-"Todo acabó aquí, Vulkan, volvamos a la base, no deberíamos estar aquí y has ocasionado un gran revuelo"-
Eso me dijo Sephiroth tras poner orden. Las advertencias fueron más que suficientes para que todo el personal allí presente volviera a sus quehaceres. Y eso nos tocaba a nosotros también.
Fuimos los dos recorriendo el camino de vuelta. Sephi lo tenía todo ya preparado para marchar y terminar con esta pequeña aventura. En el transcurso y vuelta hacía el puerto, le conté con detalle todo lo sucedido y como había fracasado en un intento demasiado temprano de hacer aliados demasiado poderosos.
Pero no me iba con las manos vacías. Me iba con una lección y algo más importante, una presa.
Una lección sobre como los civiles pueden estar igual de manchados que los piratas y como actúan engañando al Gobierno. Si la institución no los veía, mi justicia absoluta caería sobre ellos, palabra.
Y una presa. Terence Blackmore. Aquel nombre lo tendría grabado a fuego para el resto de mi vida hasta verle con una bala en el cráneo. La justicia convencional no actuaría de manera acorde con gente como él, así que tenía que ser yo quien debía fallar la sentencia.
Pero no era el momento. No aún. No tenía ni poder ni rango para hacerlo de manera limpia. Pero no se me olvidaría, eso seguro.
Para ese momento subimos al barco vuelta al G 34. Tocaba relajarse y descansar en el trayecto. Y al regresar, seguir con el trabajo.
Eso me dijo Sephiroth tras poner orden. Las advertencias fueron más que suficientes para que todo el personal allí presente volviera a sus quehaceres. Y eso nos tocaba a nosotros también.
Fuimos los dos recorriendo el camino de vuelta. Sephi lo tenía todo ya preparado para marchar y terminar con esta pequeña aventura. En el transcurso y vuelta hacía el puerto, le conté con detalle todo lo sucedido y como había fracasado en un intento demasiado temprano de hacer aliados demasiado poderosos.
Pero no me iba con las manos vacías. Me iba con una lección y algo más importante, una presa.
Una lección sobre como los civiles pueden estar igual de manchados que los piratas y como actúan engañando al Gobierno. Si la institución no los veía, mi justicia absoluta caería sobre ellos, palabra.
Y una presa. Terence Blackmore. Aquel nombre lo tendría grabado a fuego para el resto de mi vida hasta verle con una bala en el cráneo. La justicia convencional no actuaría de manera acorde con gente como él, así que tenía que ser yo quien debía fallar la sentencia.
Pero no era el momento. No aún. No tenía ni poder ni rango para hacerlo de manera limpia. Pero no se me olvidaría, eso seguro.
Para ese momento subimos al barco vuelta al G 34. Tocaba relajarse y descansar en el trayecto. Y al regresar, seguir con el trabajo.
