Hoy, 12:54 AM
Avancé tras el grupo de piratas, viendo como el gigante se iba al otro lado de la cueva a ver algo mientras cargaba a sus dos amigas. Tenía la sensación de haber visto antes dicho comportamiento, pero no sabía si era algo cultural de aquella raza o es que de verdad era el gigante que había conocido y cuyo cabello también era similar. En cualquiera de los casos, lo mejor era no pensarlo demasiado. Y más por que si era el que había conocido podíamos estar todos en problemas, o más bien él. Por supuesto no sería por mí, yo jamás desvelaría quién era, pero bueno, tenía que centrarme en lo que tenía por delante.
Su otra compañera se había quitado la ropa mientras avanzaba dejando al descubierto tremendo cuerpo. Se acercaba al mío, pero por supuesto no llegaba a alcanzar mi belleza. Le dejaría disfrutar de estos minutos de gloría, había visto charcos por doquier y no quería terminar cayendo en alguno. Sin poder nadar y sin saber que profundidad tenían podía significar mi muerte, por que no creía que ninguno de aquellos piratas me fuera ayudar a excepción de Vesper. Y aunque lo había conocido él tampoco podía nadar, así que estaría jodida. Había dos personas en aquella cueva, un hombre y una mujer, cada uno en una parte de la misma. Por su disposición podían controlar todos los ángulos de aquella cueva. Menos el escenario cubierto por un telón negro, seguramente donde estuviera quien había montado todo aquello.
Viendo los charcos, y la posición de todos, decidí que el mejor sitio para quedarme sería cerca de una gran piedra, o mejor encima. Además me daba seguridad tener a la pirata aquella a mi izquierda. Se me había mojado un poco la ropa y esa piedra sería perfecta para dejarla secando en lo que comenzaba todo aquello. Me quité la ropa, quedando en ropa interior y con las dagas, la seguridad era importante, otro motivo para elegir la piedra. Además de que se me vería bien, y seguramente las comparaciones serían odiosas, y aunque al pirata que estaba en la entrada le molestara, el podía hacerlo también. O podía secarme el la ropa si gustaba. También me daba una buena linea visual sobre la tarima del frente.Desde allí, haciendo un cálculo mental aproximado por la distancia que había recorrido, creía poder llegar a casi cualquier parte de la sala con mis poderes del diablo. Envenenar a los presentes no me serviría de nada ahora mismo, y menos con lo débil que era el veneno, pero era un dato a tener en cuenta en caso de peligro. La disuasión podía ser más efectiva que algunas cosas y saberse envenenados podía cambiar las percepciones. Y más si no se conocía los efectos y potencia del veneno.
De repente la cortina negra se abrió dejando ver a un hombre, con diferentes taras, pero que parecía más seguro de sí mismo que cualquiera de los presentes. Se podía oír aún la tormenta exterior, que debía ser cada vez más fuerte. Aunque dejé de oírla cuando el pirata comenzó con su discurso. Había algo en él que hacía casi imposible cortarle, no sabría decir qué era, pero ahí estaba. Me contuve, manteniéndome tranquila apoyada en la roca. Por mucho que insistiera en decir que se fuera todo el mundo, estaba seguro que la inmensa mayoría, de acuerdo o no con él, no se iba a marchar. Decir que lo había intentado siete veces no sé si era lo mejor si buscabas subordinados, aliados y demás, pero sí que dejaba clara una cosa, su fuerza de voluntad, su deseo de llegar al otro lado, y, por supuesto su determinación inquebrantable.
Ya había llegado hasta allí, no era momento de echarme atrás. No podía hacerlo. Si quería ser capaz de seguir mis sueños, de llegar a lo que siempre había querido, aunque fuera de algo diferente al sueño inicial, no podía dar marcha atrás. No haría muchas de las cosas que se esperaban de mí en aquella confederación, varias de las veces que exhortó a irse a gente lo habría tenido que hacer, pero allí seguía. El Grand Line era la única oportunidad para crecer y avanzar, para poder desarrollarme y cumplir con mis metas. Aunque me estaba dando cuenta de una cosa, quizás tendría que encontrar a gente con mis mismos ideales, tal como estaba haciendo el tal Berachiah. Varios grupos de piratas asintieron, a pesar de que algunos plantearon en alto mis pensamientos sobre las siete veces, en especial Verper, con el coincidía en su apreciación sobre el pirata. Mi reacción fue asentir con la cabeza de forma aprobatoria a la oferta. Me vestiría antes de ponernos en marcha a cualquier parte, rezando por que la ropa se hubiera secado auqnue fuera un poco.
Su otra compañera se había quitado la ropa mientras avanzaba dejando al descubierto tremendo cuerpo. Se acercaba al mío, pero por supuesto no llegaba a alcanzar mi belleza. Le dejaría disfrutar de estos minutos de gloría, había visto charcos por doquier y no quería terminar cayendo en alguno. Sin poder nadar y sin saber que profundidad tenían podía significar mi muerte, por que no creía que ninguno de aquellos piratas me fuera ayudar a excepción de Vesper. Y aunque lo había conocido él tampoco podía nadar, así que estaría jodida. Había dos personas en aquella cueva, un hombre y una mujer, cada uno en una parte de la misma. Por su disposición podían controlar todos los ángulos de aquella cueva. Menos el escenario cubierto por un telón negro, seguramente donde estuviera quien había montado todo aquello.
Viendo los charcos, y la posición de todos, decidí que el mejor sitio para quedarme sería cerca de una gran piedra, o mejor encima. Además me daba seguridad tener a la pirata aquella a mi izquierda. Se me había mojado un poco la ropa y esa piedra sería perfecta para dejarla secando en lo que comenzaba todo aquello. Me quité la ropa, quedando en ropa interior y con las dagas, la seguridad era importante, otro motivo para elegir la piedra. Además de que se me vería bien, y seguramente las comparaciones serían odiosas, y aunque al pirata que estaba en la entrada le molestara, el podía hacerlo también. O podía secarme el la ropa si gustaba. También me daba una buena linea visual sobre la tarima del frente.Desde allí, haciendo un cálculo mental aproximado por la distancia que había recorrido, creía poder llegar a casi cualquier parte de la sala con mis poderes del diablo. Envenenar a los presentes no me serviría de nada ahora mismo, y menos con lo débil que era el veneno, pero era un dato a tener en cuenta en caso de peligro. La disuasión podía ser más efectiva que algunas cosas y saberse envenenados podía cambiar las percepciones. Y más si no se conocía los efectos y potencia del veneno.
De repente la cortina negra se abrió dejando ver a un hombre, con diferentes taras, pero que parecía más seguro de sí mismo que cualquiera de los presentes. Se podía oír aún la tormenta exterior, que debía ser cada vez más fuerte. Aunque dejé de oírla cuando el pirata comenzó con su discurso. Había algo en él que hacía casi imposible cortarle, no sabría decir qué era, pero ahí estaba. Me contuve, manteniéndome tranquila apoyada en la roca. Por mucho que insistiera en decir que se fuera todo el mundo, estaba seguro que la inmensa mayoría, de acuerdo o no con él, no se iba a marchar. Decir que lo había intentado siete veces no sé si era lo mejor si buscabas subordinados, aliados y demás, pero sí que dejaba clara una cosa, su fuerza de voluntad, su deseo de llegar al otro lado, y, por supuesto su determinación inquebrantable.
Ya había llegado hasta allí, no era momento de echarme atrás. No podía hacerlo. Si quería ser capaz de seguir mis sueños, de llegar a lo que siempre había querido, aunque fuera de algo diferente al sueño inicial, no podía dar marcha atrás. No haría muchas de las cosas que se esperaban de mí en aquella confederación, varias de las veces que exhortó a irse a gente lo habría tenido que hacer, pero allí seguía. El Grand Line era la única oportunidad para crecer y avanzar, para poder desarrollarme y cumplir con mis metas. Aunque me estaba dando cuenta de una cosa, quizás tendría que encontrar a gente con mis mismos ideales, tal como estaba haciendo el tal Berachiah. Varios grupos de piratas asintieron, a pesar de que algunos plantearon en alto mis pensamientos sobre las siete veces, en especial Verper, con el coincidía en su apreciación sobre el pirata. Mi reacción fue asentir con la cabeza de forma aprobatoria a la oferta. Me vestiría antes de ponernos en marcha a cualquier parte, rezando por que la ropa se hubiera secado auqnue fuera un poco.
Nostacosas

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