[EVENTO CAMBIO ZONA] A la caza de los sueños; Parte 1
#60
Las largas orejas de Vixen se agitaron al descubrir un gato suelto entre los Wanga. Bueno, un chico de pelo blanco con una máscara felina que no le sonaba de nada y que, hasta hacía un momento, había estado fingiendo conocer las canciones de la tripulación. ¡Pero qué cojones! ¿De dónde había salido aquel chamaco? Divertida con el descubrimiento, se acercó por detrás y apoyó las manos sobre la máscara.

—Ay, pero mira qué lindo el minino que se nos ha colado. ¿Tú eres de los nuestros o te has apuntado por tu cuenta al concierto, mi niño?—pregunté, asomándome por encima de él con una sonrisa de oreja a oreja—. Porque cantar, lo que se dice cantar, como que no es lo tuyo. Andas un poquito perdidito, ¿eh? Pero tranquilo, que esto queda entre tú y yo… al menos por ahora, kishishishi.


Afuera, la tormenta ya aporreaba la costa sin ninguna educación: truenos rabiosos en el horizonte, los cascos de los barcos dándose de ostias contra los cascos vecinos. Fue entonces cuando la peña se abalanzó hacia la gruta, cual rebaño de estúpidos corderitos, todos con unas prisas de cojones por demostrar quién la tenía más grande. Vi no tenía una mierda que demostrarle a nadie, ¿o es que aquellos gilipollas no sabían que los mejores manjares se cocinan a fuego lento? Sus pensamientos se fueron al carajo cuando apareció aquella pelirroja, luciendo un escote que la hizo olvidar dónde coño estaba. La mujer las saludó llamándolas «reinas» y «encantadoras doncellas», pero la coneja ya tenía la mirada clavada bastante más abajo de su cara. Entrecerró los ojos, asomó la puntita de la lengua y sonrió con una expresión de auténtica marrana.


—Ay, mi madre... ¡Pero qué dos monumentos tienes ahí, guapetona! Kishishishi. —Se inclinó un poquito para contemplarlos mejor, sin el menor pudor—. Oye, ¿y tú no tendrás frío? Porque con este temporal esas dos pobres criaturas van a necesitar abrigo. Alcé las manos con los dedos abiertos, haciendo el amago de acercarlas al pecho de aquel ángel y entonces levanté la vista hacia ella.


Vixen apoyó juguetonamente las manos sobre su pecho y abrió los ojos como platos. Las mejillas se le encendieron y las orejas se le irguieron de golpe, mientras una sonrisa de retrasada le ocupaba media cara.

—¡AY, PERO QUÉ COSITAS MÁS LINDAS, COÑO! —exclamó, hablándole directamente al escote—. ¿Cómo están mis dos niñas preciosas? ¿Las están tratando bien? ¿Comen suficiente? Antes de tener tiempo a pensar si aquel movimiento iba a provocar que aquella chica me asesinara por faltosa, le planté un besito suave en uno de los mameyes de la tía, con una sonrisa de lo más traviesa.

—Ay perdona, se me ha ido la educación a tomar por culo. Encantada de conocerte. Y que conste que te estaba escuchando, ¿eh? Lo de las doncellas y todo eso. Lo que pasa es que me has puesto delante dos razones muy gordas para distraerme.

La tía le pareció un amor de señorita. No todos los días una desconocida la llamaba reina con tanto cariño. Y qué coño, Vixen tampoco pensaba olvidarse de aquella pelirroja tan fácilmente. Con la cantidad de gilipollas que había por allí, daba gusto encontrarse con alguien así. El problema venía pegado detrás: un escolta pelirrojo, con su sonrisita impecable y una reverencia de camarero de hotel caro. A Vixen se le borró la sonrisa de golpe. Se quedó mirándolo con cara de pocos amigos, sin molestarse siquiera en devolverle el saludo, hasta que el tío pasó de largo. Ni una puta palabra le dedicó. A ver si con un poco de suerte el tío pillaba la indirecta.

—Menos reverencias, Zanahorio —mascullé para mi—. Que a este paso vas a acabar besando el suelo.

Magnus aprovechó que Vixen estaba de buen humor para dedicarle un poema sobre su contoneo y sus muslos. El señorito no se conformó con soltar cuatro rimas: se lo recitó entero, con una seriedad que daba hasta vergüenza ajena. Y lo peor era que al desgraciado se le daba bien. Vi lo escuchó con los brazos cruzados y una ceja arqueada, aguantándose la risa hasta que terminó.

—Pinga, Magnus. Eso casi ha sido cultura —dijo, señalándolo con el dedo—. El poema me lo quedo, que una tiene su corazoncito. Pero la próxima vez que me recites algo mientras me miras el culo, por lo menos disimula, coño, que me vas a poner colorada.


Le dio un manotazo cariñoso en las nalgas de esos que podían dejarle el culo dormido a cualquiera menos a aquel armario. Qué remedio, el cabrón se había currado el poema y hasta le había sacado una sonrisa. Un punto para el grandullón.

Centella, a su lado, seguía por algún sitio del Nirvana. La caída de antes la había dejado sentada en el barro, con la mirada perdida y la cara roja como un tomate. La pobre estaba tan ida que quizás no se había enterado del besito que Vixen acababa de plantarle a la exhibicionista en una teta. Mejor así, porque a lo mejor se habría cortado un poquito de haber tenido a Casquito pendiente.

La feria empezó a dirigirse hacia la gruta y Vixen avanzó chapoteando entre los charcos hasta adentrarse unos cinco metros tierra adentro. Allí se acomodó junto a la pared izquierda, a pocos pasos del tipo pelo arcoíris que andaba repartiendo órdenes como si fuese un sargento de la Marina. Vi lo repasó de arriba abajo con una ceja arqueada. No sabía qué coño se había creído aquel tío, pero de entrada no le hizo ninguna gracia. Y entonces llegó el plato fuerte. Berrinchu Pito Erectus, «Gulpoop», o como se llamase, subió al estrado del fondo de la gruta. Desde donde estaba Vixen, a unos cincuenta metros, apenas y distinguía su figura y los destellos dorados de su dentadura, aunque lo escuchaba perfectamente. El tipo soltó un discurso contra el Gobierno Mundial, habló de sus siete intentos fallidos de alcanzar el Grand Line y propuso formar en Kutsukku una gran confederación pirata. Finalmente, desenvainó el sable y lanzó su desafío a los presentes.

A su alrededor, algunos asentían entusiasmados y otros parecían aburridos hasta los cojones. Vixen, en cambio, escuchaba con atención. Había algo que no le cuadraba. ¿Cómo coño podía un pirata con siete fracasos a sus espaldas permitirse semejante montaje? Gulpoop no le daba precisamente la impresión de ser el cerebro de la operación. Tenía labia, sí, pero a sus ojos no pasaba de ser el payaso al que habían puesto a dar la función. ¿Quién coño pagaba el circo? Su mirada se desvió hacia la mujer de pelo blanco que permanecía a mitad de la gruta, con una mano sobre el arma. Tampoco sabía qué pintaba allí, pero le despertaba curiosidad.

Lo de formar una confederación pirata podía sonar muy bonito, pero Vixen ya tenía un capitán al que seguir y una tripulación con la que compartía sueños mucho más grandes que los de aquel bocazas con dentadura de lujo. Confiaba en los suyos, en lo que habían construido juntos y en todo lo que todavía les quedaba por conseguir. ¿Y ahora iba a comprometerse con un mindundi del que no sabía una puta mierda? Ni de coña. Tampoco pensaba descartarlo todo sin conocer mejor el asunto, porque quizá hubiese algo interesante detrás de tanta palabrería. Se cruzó de brazos y permaneció en silencio, observando el estrado con una ceja ligeramente arqueada. De momento, prefería escuchar y averiguar quién llevaba realmente las riendas de aquel tinglado.



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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] A la caza de los sueños; Parte 1 - por Vixen Ventress - Hace 5 horas

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