27-10-2026, 11:02 PM
[personajeinvalido=4554]
Las palabras de Eele fueron desatendidas por los presentes, o tal vez no fueron escuchadas. Esto atacó directamente al ego del gyojin, el cual levantó una de las comisuras de su boca con la intención de mostrar los dientes. El gesto no fue a más, pues antes de que llegase a pronunciar palabra, el viejo sobre el escenario comenzó a hablar de nuevo. El navegante no entendía por qué había tantos de los presentes que se negaban a aquella unión. El hombre no había hablado de subordinarse ni nada parecido, tan solo de colaborar. El viejo parecía pensar igual que Eele, y remarcó que había propuesto una confederación. Puede que Mika y Road no sean los únicos analfabetos-ring. El gyojin, que había vuelto a mirar hacia aquel improvisado escenario, permanecía con los brazos cruzados sobre el pecho, mientras atendía a lo que hacía el tal Berachiah. El hombre, arrebató su botella a un desconocido de primera fila, uno que estaba a unos pocos metros de los Hijos de la Libertad, continuó con su discurso y entonces dio un trago a la botella. Eso fue lo último que hizo.
La cabeza del hombre estalló de repente y su cuerpo inerte cayó con un estruendo sobre los tablones de madera. Eele reaccionó apretando sus puños y levantando la guardia, como si el estallido hubiera sido la campana del ring. La cueva se estremeció y se desprendieron unas columnas de arena del techo aquí y allá. Eele miró a un lado y a otro buscando al causante, pero rápido unos hombres saltaron al escenario. Alas negras igual que Road. El otro mascando chicle igual que Mika. ¿Ya nos salieron imitadores? No creo que ninguno esté a mi altura. Uno de ellos soltó lo que parecía una amenaza y comenzó con el gesto más característico de la capitana de los Hijos de la Libertad. Cuando la pompa de chicle estalló, también se vino abajo la estructura que los resguardaba. El suelo comenzó a temblar a la vez que lo hacían todas las paredes. Las grietas que ya había presentes en el terreno, comenzaron a agrandarse, a recorrer el suelo como si fuesen serpientes en busca de una nueva presa. Eele bajó la mirada. El suelo se abría ante él a gran velocidad. Cuando quiso reaccionar, ya se estaba deslizando por una pendiente rocosa y oscura.
Sus pies perdieron el sustento y su cuerpo comenzó a dar vueltas sobre sí mismo. Tras algún revolcón, Eele extendió sus brazos y abrió sus piernas para comenzar a descender con la parte baja de su espalda. Mira, Pucca, como cuando éramos críos, pensó al recordar como jugaba con sus amigos de pequeños. Y es que no se sabe cómo funciona el cerebro, ni cuando o por qué te va a traer un recuerdo a la mente. El descenso duró poco, aunque fue mucho más de lo que le hubiera gustado al gyojin. Su cuerpo se detuvo contra el suelo con una sacudida que lo hizo deslizarse un par de metros. Alzó la mirada y vio alguien familiar, en todos los aspectos de la palabra, que lo llamaba.
La cabeza del hombre estalló de repente y su cuerpo inerte cayó con un estruendo sobre los tablones de madera. Eele reaccionó apretando sus puños y levantando la guardia, como si el estallido hubiera sido la campana del ring. La cueva se estremeció y se desprendieron unas columnas de arena del techo aquí y allá. Eele miró a un lado y a otro buscando al causante, pero rápido unos hombres saltaron al escenario. Alas negras igual que Road. El otro mascando chicle igual que Mika. ¿Ya nos salieron imitadores? No creo que ninguno esté a mi altura. Uno de ellos soltó lo que parecía una amenaza y comenzó con el gesto más característico de la capitana de los Hijos de la Libertad. Cuando la pompa de chicle estalló, también se vino abajo la estructura que los resguardaba. El suelo comenzó a temblar a la vez que lo hacían todas las paredes. Las grietas que ya había presentes en el terreno, comenzaron a agrandarse, a recorrer el suelo como si fuesen serpientes en busca de una nueva presa. Eele bajó la mirada. El suelo se abría ante él a gran velocidad. Cuando quiso reaccionar, ya se estaba deslizando por una pendiente rocosa y oscura.
Sus pies perdieron el sustento y su cuerpo comenzó a dar vueltas sobre sí mismo. Tras algún revolcón, Eele extendió sus brazos y abrió sus piernas para comenzar a descender con la parte baja de su espalda. Mira, Pucca, como cuando éramos críos, pensó al recordar como jugaba con sus amigos de pequeños. Y es que no se sabe cómo funciona el cerebro, ni cuando o por qué te va a traer un recuerdo a la mente. El descenso duró poco, aunque fue mucho más de lo que le hubiera gustado al gyojin. Su cuerpo se detuvo contra el suelo con una sacudida que lo hizo deslizarse un par de metros. Alzó la mirada y vio alguien familiar, en todos los aspectos de la palabra, que lo llamaba.
—Maldita cueva. Maldita isla. Y maldito viejo bastardo-ring —dijo mientras se levantaba y levantaba la guardia—. Si no hubiese perdido la cabeza, te juro que se la pisaría yo mismo hasta aburrirme —se sacudió el polvo del chaquetón y el pecho—. Estoy bien, Mika. ¿Y tú? —puso la mano junto a la boca—. ¡Oi! Road, Pucca, ¿estáis ahí?
Sus ojos buscaron por la cueva a sus amigos. También escudriñaron la oscuridad en busca de Hanma y Vesper, pero eso es algo que no querría admitir. El gyojin atendió a la advertencia de su amiga. Cuando ella se quitó la cazadora, supo que él debía estar preparado. Levantó la guardia y se situó junto a su capitana, un metro a su izquierda. Mostró los dientes, afilados, en la dirección que apuntaba el dedo de Mika.
—¿Fuisteis vosotros, bastardo-ring? El viejo solo quería ser libre —hizo crujir sus nudillos unos contra otros—. Parece que llegó la hora de los puños.
Rincón de Eele
