Hace 2 horas
El ambiente era lúdico, la luz, apenas una estrella danzante en una galaxia de posibilidades, un mar oscuro solo iluminado por una luna tenue sobre la infinita soledad de un mundo aun por descubrir. Su pasividad al acompañarla era algo que a Maki le llamaba la atención, algo que parecía que hace mucho no encontraba en otra persona. Mientras entraba al cuarto se preguntaba por qué le resultaba tan fascinante aquella persona, eran sus alas blancas, su altura, sus músculos, su piel bronceada o sus labios carnosos? No.
Lo que realmente le atraía, aunque ella aun no lo descubriera era otra cosa. Era algo más allá de todo lo físico y tangible, era su desplante, su actitud y su presencia. casi como algo metafísico actuando sobre ella, que era pequeña, marcada por la desgracia, impulsiva y violenta. Casi como dos caras de una moneda dos magnetos, creía ella que surgía una atracción tan difícil de evitar que no podía llegar a comprenderlo.
Cuando estuvieron ahí ambas, una de pue frente a la otra, Maki se acercó, admirando su piel, sus tatuajes, roso con sus dedos cada pluma que adornaban su espalda, sus ojos azules como pozos sin fondo, le devolvían la mirada y la sumergían cada vez mas en la locura.
Por qué la había traído aquí… Maki se sentía nerviosa por la mirada curiosa de los transeúntes, de todo aquel que se deleitara en el chisme y ella con su impulsividad no deseaba iniciar un pleito. Ahora en la soledad de su cercanía no sabía cómo comunicarse con ella. Parecía hablar solo un par de palabras. Ella le nombro. Maki quiere permanecer ahí, pero su propia naturaleza inquieta termina obligándola a moverse, a hacer algo, a llenar el silencio. —No… no digas nada, quisiera que nos conozcamos, quiero… ya se que quiero. Quiero conocerte… quiero saber de ti, de tu historia, de donde vienes… a… a donde vas?— No sabía si comprendía lo que le decía… quizás… quizás con alguna charada podría entenderle?. Si, podría servir de algo.
Su caricia. Su mano sobre su rostro parecía como un premio a un perro que ha sido apaleado, como si nada de lo que sufrió durante toda su vida no importase igual a como renacer, un simple acto. Una caricia. Una muestra de amor desinteresado. Maki poso su mano sobre la de ella. Acariciando sus dedos también. Suavemente cerro los ojos, torció su cabeza hacia esa caricia, reconfortándose y queriendo vivir este momento para siempre. Pero… no podía. Debía seguir adelante.
—Espera… espera…— Aparto el rostro de la caricia de la joven alada, admiro su cuerpo en evidencia ansiedad. La llevo a la cama e hizo que se sentara en ella. Sin dejar de mirarle y se encamino a una pequeña mesa redonda que con mucho ruido arrastro hasta quedar al borde de ella con una sonrisa nerviosa —Mira… mira esto… ojalá entiendas lo que deseo… o al menos por ahora… por que tengounasganasinsanasdecomerteperoesmuypronto para una primera cita.— Hablo tan rápido como un rayo cayendo sobre un árbol abandonado en el descampado. Acerco una silla, mas alta que la cama por lo que quedaron a la misma altura casi.
Maki entonces saco una infinita cantidad de cosas robadas de su bolsillo, un encendedor, una cucharilla, una pajilla, clips, un magneto, una pluma y así así, tornillos, pedazos de cristal, un par de anteojos rotos, muchas tonterías obtenidas de su cleptomanía inconsciente. Así… Maki. Con un gran suspiro. Primero se apunto a si misma. Y después apunto a un mechero. Y lo puso sobre una tarjeta de presentación de un marine. Se apunto y apunto al mechero. Se volvió a apuntar y apunto nuevamente al mechero. Después sonrió con sus ojos entrecerrados hizo un saludo de la marina y uniendo sus brazos arrullo un bebe imaginario. Su origen. Marire Fort.
Después de ello, para sorpresa de nadie, sacó otro encendedor, esta vez de color verde. Lo colocó junto al anterior y los observó alternativamente. Primero señaló uno, después el otro y finalmente se señaló a sí misma, levantando dos dedos. Dos personas. Dos vidas. Dos hermanas.. Y mirando a todos lados, busco algo… algo como… si… un plato. Puso ese plato un poco mas adelante. Y sobre el puso una pajilla doblada como las alas y las movió como lo haría un pájaro rudimentario. Pero para acentuar y que se comprendiera mejor apunto a la pajilla y aleteo como un pájaro. Se puso la pajilla sobre la frente hizo el saludo la volvió a poner sobre el plato y volvió a aletear… — Kyaaaak! Kyaaaak! Kyaaaak!— Hizo el sonido de una gaviota entre risas… se detuvo un segundo y miro el rostro de Bai. ¿Estaría entendiendo?... esperaba que sí. Era la primera vez que le contaba su historia a alguien y era extraño, más aún que fuera a alguien que no hablara su mismo idioma.
Puso la pajilla sobre el plato e hizo caminar a ambos encendedores como si fueran muñequitos, hasta que finalmente metió ambos mecheros en el plato. Busco entre las tonterías y encontró mondadientes — SHINK!! SHINK!! SHINK!!— Apuñalo a Bai, ósea no realmente, pero si hizo como que lo hacia con los mondadientes. Se rio nuevamente por la tontería, después de ello puso los mondadientes sobre los mecheros. Su camino. La marina. Y espadas.
Lo que realmente le atraía, aunque ella aun no lo descubriera era otra cosa. Era algo más allá de todo lo físico y tangible, era su desplante, su actitud y su presencia. casi como algo metafísico actuando sobre ella, que era pequeña, marcada por la desgracia, impulsiva y violenta. Casi como dos caras de una moneda dos magnetos, creía ella que surgía una atracción tan difícil de evitar que no podía llegar a comprenderlo.
Cuando estuvieron ahí ambas, una de pue frente a la otra, Maki se acercó, admirando su piel, sus tatuajes, roso con sus dedos cada pluma que adornaban su espalda, sus ojos azules como pozos sin fondo, le devolvían la mirada y la sumergían cada vez mas en la locura.
Por qué la había traído aquí… Maki se sentía nerviosa por la mirada curiosa de los transeúntes, de todo aquel que se deleitara en el chisme y ella con su impulsividad no deseaba iniciar un pleito. Ahora en la soledad de su cercanía no sabía cómo comunicarse con ella. Parecía hablar solo un par de palabras. Ella le nombro. Maki quiere permanecer ahí, pero su propia naturaleza inquieta termina obligándola a moverse, a hacer algo, a llenar el silencio. —No… no digas nada, quisiera que nos conozcamos, quiero… ya se que quiero. Quiero conocerte… quiero saber de ti, de tu historia, de donde vienes… a… a donde vas?— No sabía si comprendía lo que le decía… quizás… quizás con alguna charada podría entenderle?. Si, podría servir de algo.
Su caricia. Su mano sobre su rostro parecía como un premio a un perro que ha sido apaleado, como si nada de lo que sufrió durante toda su vida no importase igual a como renacer, un simple acto. Una caricia. Una muestra de amor desinteresado. Maki poso su mano sobre la de ella. Acariciando sus dedos también. Suavemente cerro los ojos, torció su cabeza hacia esa caricia, reconfortándose y queriendo vivir este momento para siempre. Pero… no podía. Debía seguir adelante.
—Espera… espera…— Aparto el rostro de la caricia de la joven alada, admiro su cuerpo en evidencia ansiedad. La llevo a la cama e hizo que se sentara en ella. Sin dejar de mirarle y se encamino a una pequeña mesa redonda que con mucho ruido arrastro hasta quedar al borde de ella con una sonrisa nerviosa —Mira… mira esto… ojalá entiendas lo que deseo… o al menos por ahora… por que tengounasganasinsanasdecomerteperoesmuypronto para una primera cita.— Hablo tan rápido como un rayo cayendo sobre un árbol abandonado en el descampado. Acerco una silla, mas alta que la cama por lo que quedaron a la misma altura casi.
Maki entonces saco una infinita cantidad de cosas robadas de su bolsillo, un encendedor, una cucharilla, una pajilla, clips, un magneto, una pluma y así así, tornillos, pedazos de cristal, un par de anteojos rotos, muchas tonterías obtenidas de su cleptomanía inconsciente. Así… Maki. Con un gran suspiro. Primero se apunto a si misma. Y después apunto a un mechero. Y lo puso sobre una tarjeta de presentación de un marine. Se apunto y apunto al mechero. Se volvió a apuntar y apunto nuevamente al mechero. Después sonrió con sus ojos entrecerrados hizo un saludo de la marina y uniendo sus brazos arrullo un bebe imaginario. Su origen. Marire Fort.
Después de ello, para sorpresa de nadie, sacó otro encendedor, esta vez de color verde. Lo colocó junto al anterior y los observó alternativamente. Primero señaló uno, después el otro y finalmente se señaló a sí misma, levantando dos dedos. Dos personas. Dos vidas. Dos hermanas.. Y mirando a todos lados, busco algo… algo como… si… un plato. Puso ese plato un poco mas adelante. Y sobre el puso una pajilla doblada como las alas y las movió como lo haría un pájaro rudimentario. Pero para acentuar y que se comprendiera mejor apunto a la pajilla y aleteo como un pájaro. Se puso la pajilla sobre la frente hizo el saludo la volvió a poner sobre el plato y volvió a aletear… — Kyaaaak! Kyaaaak! Kyaaaak!— Hizo el sonido de una gaviota entre risas… se detuvo un segundo y miro el rostro de Bai. ¿Estaría entendiendo?... esperaba que sí. Era la primera vez que le contaba su historia a alguien y era extraño, más aún que fuera a alguien que no hablara su mismo idioma.
Puso la pajilla sobre el plato e hizo caminar a ambos encendedores como si fueran muñequitos, hasta que finalmente metió ambos mecheros en el plato. Busco entre las tonterías y encontró mondadientes — SHINK!! SHINK!! SHINK!!— Apuñalo a Bai, ósea no realmente, pero si hizo como que lo hacia con los mondadientes. Se rio nuevamente por la tontería, después de ello puso los mondadientes sobre los mecheros. Su camino. La marina. Y espadas.

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