25-12-2023, 06:49 PM
Tres días de viaje y aún no se divisaba ninguna Isla. El mar hoy estaba tranquilo, pero en esas aguas nunca se sabía. Podía venir una tormenta, una ola de calor, nevar. Estábamos acostumbrados a eso, en realidad y nuestros navegantes hacían un gran trabajo. Salí del comedor del barco y me dirigí a cubierta. Navegábamos hacia el Este. Hacia la Red Lina. A una zona que llamaban cabos gemelos. Sería más fácil ir hacia el lado contrario usando un Log Pose, pero de el muro contrario era exactamente de donde veníamos y esa forma de viajar, al contrario de la mayoría de gente, nos daba más libertad a la hora de cambiar de corrientes y visitar islas que no podrías siguiendo el mismo camino que los demás. Conocer más culturas y gentes diversas, pese a que no entrabamos nunca de lleno en ninguna, más por precaución que por ganas, la mayoría de veces. Al ver el mar tan calmo y el sol brillar delante de mi, me dispuse a tirarme al agua, mi mayor afición en los largos días en aquel inmenso barco. De repente, vi que el equipo de exploración estaba ataviándose para salir. Era posible que hubiesen detectado una isla o que simplemente salían a buscar una. Me acerqué a mi padre, el segundo al mando de aquel equipo mientras cargaba una caja de comida en el bote que solían usar. Me contó que había acertado en segunda estancia. Iban a salir a buscar una isla, ya que en el bote pequeño, irían más rápido. Me quedé mirándolo con una expresión de súplica en mi rostro, como cada vez que los pillaba preparando las cosas para salir. - No, Plátypo, Sabes que no se puede venir nadie externo al equipo de exploración.- La respuesta la conocía de sobra. Miré a mmi padre y le enseñé mis progresos. Froté las manos y comenté que notaba como la electricidad fluía, que ya estaba en el segundo paso de las instrucciones que había en el libro blanco que me había dado Jull, el lémur anciano. Oryko me miró con orgullo, me puso una mano en la cabeza y me frotó la cabeza comentando que ese era el camino, que siguiera así.
Me di la vuelta y salté al agua. Como siempre el agua helada me pasaba por el pico y me traía una sensación maravillosa de calma y tranquilidad. El pelo me protegía de ese mismo frío y mis patas traseras y mi cola ancha eran un timón perfecto. Buceé hasta alejarme casi cincuenta metros del navío en el que iba toda mi tribu. llegué al fondo, agarré un alga me ayudé con ella a tocar el lecho. Apoyé las patas traseras en el suelo y me lancé hacia arriba a toda velocidad. No llegué hasta la superficie y cuando empecé a frenar me giré para volver hacia abajo, pero en ese mismo momento, volví hacia arriba y me volví a impulsar hacia arriba con las patas delanteras. Salí del agua y me elevé como medio metro. Vi el barco a lo lejos y nadé hacia a él. Mi padre y sus compañeros estaban ya adelantados en el bote, impulsado por remos. Me adelanté y llegué hasta el bote para desearles buena suerte. Sabía que no volverían hasta dentro de varios días en el mejor de los casos. Volví al barco y, mientras subía las escaleras miré al horizonte, donde el bote de exploración se iba haciendo más pequeño a medida que se alejaba.
Me di la vuelta y salté al agua. Como siempre el agua helada me pasaba por el pico y me traía una sensación maravillosa de calma y tranquilidad. El pelo me protegía de ese mismo frío y mis patas traseras y mi cola ancha eran un timón perfecto. Buceé hasta alejarme casi cincuenta metros del navío en el que iba toda mi tribu. llegué al fondo, agarré un alga me ayudé con ella a tocar el lecho. Apoyé las patas traseras en el suelo y me lancé hacia arriba a toda velocidad. No llegué hasta la superficie y cuando empecé a frenar me giré para volver hacia abajo, pero en ese mismo momento, volví hacia arriba y me volví a impulsar hacia arriba con las patas delanteras. Salí del agua y me elevé como medio metro. Vi el barco a lo lejos y nadé hacia a él. Mi padre y sus compañeros estaban ya adelantados en el bote, impulsado por remos. Me adelanté y llegué hasta el bote para desearles buena suerte. Sabía que no volverían hasta dentro de varios días en el mejor de los casos. Volví al barco y, mientras subía las escaleras miré al horizonte, donde el bote de exploración se iba haciendo más pequeño a medida que se alejaba.
