27-12-2023, 02:25 PM
El ambiente no era todo lo espacioso que podía ser para lo hostil que se estaba volviendo, había unas mesas, unos taburetes, entre los guardias y yo había vía libre de acción, nada nos interrumpía, detrás de mi a la derecha se encontraba la barra del bar donde el camarero reposaba, aquel día, para variar, era un día húmedo y frio, nada nuevo en isla lluvia.
Peteiro estaba a punto de cometer crímenes contra el pueblo de Murkhold ¿y qué? como si me importase, que cojones si me importase, lo estaba incitando yo a hacerlo, cuando la rabia y la sed de sangre llegan, el cuerpo de Peteiro es solo un vehículo y yo su conductor, a partir de ahora mando yo.
Ante la preguntita de Maeve, ordené a Peteiro una respuesta
— Algo ingenioso, ya
— ¡La que os va a dar esta!
— He dicho ingenioso... en fin, imbécil, corre hacia ellos.
El ansia, las ganas de dolor, de producirlo y de sentirlo, la vocecilla de Balban, necesitaba eso, le hice caso y corrí lo más rápido que pude hacia los tipejos.
— Lo ensayado, salto y a la cara
Y eso hice, corriendo hacia uno de los guardias salté y le asesté un puñetazo en todo el centro de la cara, derribándolo de inmediato, en ese momento algunos guardias más que al parecer, esperaban fuera, entraron a ayudar a sus compañeros, uno de estos nuevos, con la furia de haber visto un puñetazo tan bonito, asestó contra mi con su arma.
— ¿Crees que puedes darme con e-
— No lo esquives, siente el dolor
Y eso hice, hay ocasiones que no entiendo por qué hago caso a Balban, pero lo hago, el guardia furioso me dio un golpe bastante rico, de esos que llenan el corazón y el alma.
— ¡Si! ¡DOLOR!
Al pequeño diablillo le gustaba esa sensación, mentiría si dijese que a mi no, es de las pocas cosas que disfrutábamos juntos.
— ¡Pero que cojones te has creído! No sabes o que has hecho puto pez - dijo otro de los guardias mirándome con bastante asco.
Peteiro estaba a punto de cometer crímenes contra el pueblo de Murkhold ¿y qué? como si me importase, que cojones si me importase, lo estaba incitando yo a hacerlo, cuando la rabia y la sed de sangre llegan, el cuerpo de Peteiro es solo un vehículo y yo su conductor, a partir de ahora mando yo.
Ante la preguntita de Maeve, ordené a Peteiro una respuesta
— Algo ingenioso, ya
— ¡La que os va a dar esta!
— He dicho ingenioso... en fin, imbécil, corre hacia ellos.
El ansia, las ganas de dolor, de producirlo y de sentirlo, la vocecilla de Balban, necesitaba eso, le hice caso y corrí lo más rápido que pude hacia los tipejos.
— Lo ensayado, salto y a la cara
Y eso hice, corriendo hacia uno de los guardias salté y le asesté un puñetazo en todo el centro de la cara, derribándolo de inmediato, en ese momento algunos guardias más que al parecer, esperaban fuera, entraron a ayudar a sus compañeros, uno de estos nuevos, con la furia de haber visto un puñetazo tan bonito, asestó contra mi con su arma.
— ¿Crees que puedes darme con e-
— No lo esquives, siente el dolor
Y eso hice, hay ocasiones que no entiendo por qué hago caso a Balban, pero lo hago, el guardia furioso me dio un golpe bastante rico, de esos que llenan el corazón y el alma.
— ¡Si! ¡DOLOR!
Al pequeño diablillo le gustaba esa sensación, mentiría si dijese que a mi no, es de las pocas cosas que disfrutábamos juntos.
— ¡Pero que cojones te has creído! No sabes o que has hecho puto pez - dijo otro de los guardias mirándome con bastante asco.
Aclaraciones
