05-01-2024, 12:16 AM
Vista la iniciativa de por lo menos una de las dos, volví a abrir la puerta y comenzamos nuestro largo camino hasta el comedor, pasaron menos de 2 horas, al rededor de medio minuto, ya habíamos llegado, la mítica barra, el mítico salón flamenco y su mítica bóveda convenientemente puesta para la aparición aleatoria de un ser gigante, incluso enorme. Maeve y Don Gato fueron derechitas a pedir comida, yo sin embargo me quedé empanado mirando fijamente algo que me había llamado la atención al fondo, tras la sucia camarera, era como una especie de cuenco metálico con un palo también metálico saliendo de un lado, estaba puesto sobre una fuente de calor así como las antiguas hogueras pero en miniatura, dentro de esto había como una especie de alimento preparado.
— ¿Y tu que quieres? - dijo una voz que provenía de la sucia boca de la sucia camarera
— ¿Yo? Eso - dije señalando lo que llamaremos "cazuela con comida" - putrefacta hostelera - añadí
— ¿me entiendes? - añadió Balban
— Encima de feo maleducado, un filete y un vaso de agua para la señorita refinada y un plato de gachas para el engendro.
— Y una cerveza
— ¡Y una cerveza!
Mientras esperábamos a que nos trajesen la comida y bebida miré a Maeve y a su nuevo gato.
— Oye... a ti se te ha dado bien eso de pegar gente, no me lo esperaba de una borracha de medio metro ¿me entiendes? ¿Dónde has aprendido a tener tan mala hostia? ¿Nos pegamos?
Mi obsesión por el dolor se estaba intensificando desde hace un tiempo, la voz de Balban cada vez resonaba más fuerte y en ocasiones podía notar como hablaba por mi.
— ¿Y tu que quieres? - dijo una voz que provenía de la sucia boca de la sucia camarera
— ¿Yo? Eso - dije señalando lo que llamaremos "cazuela con comida" - putrefacta hostelera - añadí
— ¿me entiendes? - añadió Balban
— Encima de feo maleducado, un filete y un vaso de agua para la señorita refinada y un plato de gachas para el engendro.
— Y una cerveza
— ¡Y una cerveza!
Mientras esperábamos a que nos trajesen la comida y bebida miré a Maeve y a su nuevo gato.
— Oye... a ti se te ha dado bien eso de pegar gente, no me lo esperaba de una borracha de medio metro ¿me entiendes? ¿Dónde has aprendido a tener tan mala hostia? ¿Nos pegamos?
Mi obsesión por el dolor se estaba intensificando desde hace un tiempo, la voz de Balban cada vez resonaba más fuerte y en ocasiones podía notar como hablaba por mi.
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