[Pasado][Fic] Parte 3. Redención
#1
Hace 9 años.
 


Justo hoy se cumplía dos años. Hacía dos años que no bebía. Dos años desde que había conocido a Bart. No parecía demasiado tiempo, pero estos dos años habían dado para mucho. No sabía cómo, pero ese hombre había conseguido engatusarme poco a poco. Comenzó mandándome tanto trabajo que, entre eso y tener que ocultárselo a mi madre apenas tenía tiempo para pensar en conseguir botellas para beber. Además, con los puros que me regalaba iba paliando esa necesidad de alcohol. Después, a pesar de haberle repetido en numerosas ocasiones que era una inútil incapaz de que mis entrenamientos diesen sus frutos, se había empeñado en hacerme entrenar con él para poder mantenerse en forma, ya que no podía practicar con nadie. Actualmente, era a lo único a lo que nos dedicábamos. Ya no me hacía ir de un lado, ahora tan solo nos veíamos a las afueras de la cueva para llevar a cabo estos entrenamientos. Gracias a ellos había descubierto que lo mío no eran las armas de fuego, aprender a combatir con katanas era completamente diferente, un soplo de aire fresco tras años de frustración tratando de aprender a utilizar un arma con la misma soltura con la que lo hacían mi padre y mi hermano. Esto era algo mío, no tenía a nadie con el que compararme. Además, hiciera como lo hiciese no parecía que fuese posible decepcionar a Bart. De esta forma, cada vez iba progresando un poco más, aunque todavía me quedaba bastante para aprender a utilizas las dos espadas, tal y como él hacía.
 
Aquel día acudí a la misma hora de siempre. Fui puntual, pero no vi a Bart de pie en el camino, como era habitual. Continué caminando hasta la cueva y le encontré. Estaba sentado en el suelo tosiendo sin cesar y tapándose la boca. Corrí hacia él y me tiré a su lado para averiguar qué estaba pasando. No parecía herido, pero entre los dedos de la mano con la que se tapaba la boca se deslizaban finos regueros de sangre. Antes de que pudiese decir nada Bart intentó tranquilizarme. —No pasa nada. Aunque no lo parezca estoy bien —consiguió mascullar entre toses—. Ya ves. He masticado algo duro me he hecho daño en la boca y me he atragantado.
 
Fruncí el ceño sin creerme esa historia. Aparté su mano y apreté sus mejillas para obligarle a abrir la boca. No se quejó, así que no parecía que tuviese una herida, además, no tenía sangre en los dientes. Bart apartó la cabeza hacia un lado y empujó mi brazo para alejarme. —¡No me mientas! ¡¿Qué mierda es esto?! ¿Qué ha pasado? —pasé del enfado a la duda en un segundo. De momento lo importante era saber cómo solucionar el problema y para eso necesitaba que Bart fuese sincero. —Joder, ¿ahora eres mi madre? Te he dicho que no pasa nada —contestó ya sin apenas toser y mientas se ponía en pie con algo de dificultad. No me había dado cuenta hasta ahora, cuando nos conocimos le llegaba a la altura de los hombros, pero ahora ya teníamos la misma estatura. Sabía de lo que era capaz ese hombre, en un abrir y cerrar de ojos podría hacerme rebanadas, pero ahora mismo tan solo parecía una persona mayor bastante frágil. —Dime ahora mismo qué está pasando o me largo de aquí y no vuelves a verme más. Lo digo muy en serio. No volveré.
 
Mi amenaza debió parecerle graciosa, porque comenzó a reír de tal forma que la tos regresó. —Lo sé. Sé que lo harías… —su risa se fue apagando, al igual que su voz. Volvió a sentarse con cuidado y me hizo un gesto para que me sentase a su lado. Le hice caso y esperé en silencio hasta que volvió a hablar. —Estoy enfermo y no hay solución. Pero no tienes que preocuparte, ya no soy joven. Además, tampoco merezco que sientas lástima por mí. Hay cosas de mi vida que no conoces y, tal vez si las conocieras, no querrías seguir viniendo a hacerme compañía. Eso en el mejor de los casos, porque es posible que hasta acabe entre rejas.
 
No estaba prestando mucha atención a las palabras que dijo después de lo de que estaba enfermo. La primera vez que le conocí estaba enfrentándose a unos marines, no era ninguna sorpresa que había tenido sus enfrentamientos con la ley, además, yo tampoco había sido del todo sincera con él respecto a mi familia. Lo que no me esperaba era lo de su enfermedad. —No puede ser. ¿Cómo no va a tener solución? Seguro que nunca has ido a un médico, nunca pisas la ciudad. Eres un cabezota. Yo puedo llevarte a un médico, el de mi familia es muy bueno y… y si no podemos encontrar otro. Será por médicos. Hasta puedo hacer que uno venga hasta aquí y…
 
—Para ya. No voy a ir a ningún médico. Nadie puede verme. ¿Acaso tú atenderías a un pirata moribundo? ¿No preferirías ir a entregarle por su recompensa? Supongo que te lo tendría que haber dicho antes, pero ahora que ya no me queda mucho tiempo todo da igual. ¿Por qué no te largas a contárselo a tu madre? Seguro que se alegra mucho de que hayas encontrado a un pirata fugado de la justicia y no un pirata cualquiera. El gran capitán Black Bart. Yahahaha —su risa resonó con fuerza, pero no transmitía felicidad, sino una tristeza inmensa. Lo que decía no tenía sentido, a lo mejor estaba delirando por la enfermedad, pero, ¿cómo sabía lo de mi madre? —Sé lo que estás pensando y no estoy loco. Sé desde hace tiempo quién eres, no soy idiota y todo lo que te he dicho es verdad. ¿Por qué no vas al cuartel de la marina y preguntas por mí? Seguro que todavía hay por ahí un cartel viejo con mi cara. Anda. ¡Vete! Y no vuelvas hasta traer a todo el cuartel de marina contigo. YAHAHAHA.
 
Todavía no sabía si creerme lo que estaba diciendo, pero había conseguido enfadarme. Me di la vuelta y comencé a correr mientras su risa iba apagándose cada vez más por la distancia. Si esto era una mentira para librarse de mí pensaba volver y llevarle a rastras a ver a un médico. Tenía razón, su historia era muy fácil de comprobar y ni siquiera tenía que ir a ningún cuartel. Entré en la casa y me dirigí al despacho de mi madre. No solía entrar ahí, pero sabía que guardaba todos los wanteds que llegaban al cuartel. Abrí los cajones de su escritorio y empecé a sacarlos. Los papeles se amontonaban encima del escritorio de forma caótica, yo pasaba la mano por encima para apartar los de arriba y ver los que habían quedado bajo, buscando su cara. Cada vez que abría un nuevo cajón sacaba nuevos carteles de piratas, lo que dejaba a relucir la obsesión de mi madre. Bajo un cartel de un pirata desdentado vi otro sobresaliendo en el que se podía leer un nombre: Black Bart. Aparté el de la parte de arriba de un manotazo. Ahí estaba, justo delante de mí, el wanted del capitán pirata Black Bart, con la imagen de un joven Bartholomew Roberts.
 
Durante un par de días no pude comer ni dormir. Estaba tirada en la cama y no podía dejar de pensar. ¿Por qué ese pirata me había ayudado? ¿Por qué no me había dicho nada hasta ahora? Tanto tiempo viviendo en las sombras y ahora parecía que quería entregarse. ¿Cuántos delitos habría cometido? ¿A cuántas personas habría matado? Nunca le había visto hacer daño a ninguna persona, incluso parecía llevarse bien con algunas de la ciudad. Sabía quién era mi madre y, a pesar de ello, había seguido entrenando conmigo. Demasiadas preguntas sin respuesta y, si Bart era encerrado o moría, me iba a quedar para siempre con la duda. Al final, no sabía lo que había hecho como pirata, pero sabía lo que había hecho por mí. Iba de duro, fingía que actuaba por interés, pero siempre acababa prestando su ayuda. ¿Qué debía hacer? ¿Existía una respuesta correcta? A lo mejor ya era tarde.
 
Salté de la cama y salí corriendo de la habitación para ir hacia la biblioteca. Había recibido una educación básica, con tan solo 17 años no había tenido tiempo de especializarme en ningún tipo de estudio, pero eso no me iba a frenar. Las respuestas tenían que estar en los libros. Entré en la biblioteca me puse a leer apresuradamente los títulos de los lomos de los libros sobre medicina. Eran los libros de mi abuela, médico marine. Tras su fallecimiento los habíamos guardado en nuestra biblioteca y nunca había imaginado que nadie los volvería a leer. Atlas de anatomía humana, Tratado de fisiología médica, Bioquímica médica, Tratado de cirugía, Manual de diagnóstico visual: Reconociendo patrones clínicos, Medicina para estudiantes…
 
Agarré los dos últimos, los lancé sobre la mesa y empecé a ojearlos. Pensé que sería más fácil, que bastaría con saber leer para encontrar la respuesta, pero nada más lejos de la realidad. No tenía ni idea de medicina, ni siquiera sabía qué estaba buscando. ¿Toser sangre? ¿Cómo buscaba un síntoma en un libro de más de mil páginas? ¿Ese era el único síntoma? Si no volvía a ver a Bart era imposible saber cuál era su enfermedad y, por tanto, cómo curarla. Estaba segura de que ni un médico podría averiguarlo con tan poca información. De repente, la puerta de la biblioteca se abrió de golpe y vi la figura de mi madre. —¿Qué eran esos golpes? ¿No tendrías que estar entrenando? —preguntó con tono de reproche. Estaba convencida de que a estas horas tendría que estar trabajando en el cuartel, no esperaba encontrármela. —¿Como no estoy en casa crees que puedes hacer lo que te da la gana? Yo ya no sé qué hacer contigo, eres…
 
—Quiero estudiar medicina —dije sin dejar que continuase con la bronca. Había sido demasiado brusca y su rostro de contrariedad no era una buena señal. —Digo… Quiero ser como la abuela. Quiero estudiar medicina para pertenecer al cuerpo médico de marines. No puedo ser como papá, no soy suficiente y la abuela también era todo un ejemplo a seguir —a medida que hablaba la expresión en el rostro de mi madre se iba suavizando. Sabía perfectamente qué debía decirle, porque sabía qué era lo que quería escuchar. —Lo sabía. No está mal reconocer las propias limitaciones. Ya sabía que nunca llegarías a ser como tu padre, muy pocos pueden. Está claro que no estás progresando en tus estudios, te veo dispersa, así que, de acuerdo. Esperemos que la medicina se te dé mejor que el resto de cosas a las que has dedicado infructuosamente tu tiempo.
 
Me mantuve en silencio, aliviada por haber conseguido mi objetivo, aunque sin saber si sería suficiente o si llegaría a tiempo. Cuando mi madre se fui me puse a leer aquellos libros con más detenimiento durante horas, hasta que caí dormida sobre ellos. No desperté hasta el día siguiente, con los rayos del sol que se colaban entre las cortinas de la biblioteca. Abrí los ojos algo confusa y con la cara pegada a una de las hojas del libro de medicina. No tardé en recordar lo que debía hacer. Me levanté tan rápido que tiré la silla al suelo y salí de la casa para ir hacia la cueva. No sabía que podía encontrarme, pero había pensado en todas las posibilidades, hasta la peor de todas ellas. No vi a nadie fuera, así que entré en la oscura cavidad. —¿Bart…? ¡Bart! —grité tras no obtener respuesta. Una silueta salió desde el fondo de la cueva acompañada por un olor claramente reconocible: el humo de los puros Montecristo, los favoritos de Bart. Ahora que lo pensaba, ni sabía cómo los conseguía, pero ahora mismo no me importaba en lo más mínimo. —Deja de gritar. ¿Ya han venido a detenerme?
 
Cuando pude discernir su figura por completo le agarré del brazo y le saqué de allí para empujarle contra la pared de la cueva. Le abrí a la fuerza uno de los ojos para fijarme en sus pupilas, no sabía qué estaba buscando, cualquier cosa que pudiese servirme. Bart me apartó el brazo de un suave manotazo, pero rápidamente volví a acercarme a él, esta vez para apoyar mi cabeza en su pecho y tratar de escuchar su corazón. Había leído cuántas pulsaciones por minuto eran las normales, pero no tenía ni idea de qué podía significar que el número fuese mayor o menor, ya me entretendría en eso más tarde. Bart apenas me dejó escuchar nada y me volvió a apartar. —¿Se puede saber qué haces? —preguntó confuso y mirando alrededor —. Voy a curarte. Y no pienso entregarte hasta que me cuentes todo.
 
No esperaba fuese a aceptar mi petición, al menos no tan rápido. Apoyó su cabeza contra la pared, mirando hacia el cielo mientras inhalaba y exhalaba una bocanada del humo de su puro antes de comenzar a hablar. —Fue hace mucho tiempo. Yo era joven y entusiasta, con miles de sueños y ganas de cumplirlos todos. No tenía familia, así que con 20 años me fui con un amigo para viajar por todo el mundo, porque mi mayor sueño era ser completamente libre. No quería deber nada a nadie y quería seguir mis propias normas, hacer lo que me diese la gana para disfrutar de la vida. Cada vez se nos fue uniendo más gente que pesaba como nosotros. Para ganarnos la vida robábamos, pero solo lo justo y necesario, no éramos codiciosos ni pretendíamos enriquecernos. Tampoco saqueábamos a personas necesitadas, solo a las que tenían de sobra. No pretendíamos hacer daño a nadie, sino vivir nuestras vidas sin condiciones, sin ataduras. Nunca he sido tan feliz, pero la marina no tardó en inmiscuirse y poner precio a nuestras cabezas. Eso no nos detuvo, nos enfrentábamos a ellos para poder seguir viviendo a nuestra manera y, durante muchos años, tuvimos suerte. Sin embargo, hace 8 años la cosa se complicó. En una isla cercana hubo un altercado entre varios barcos pirata y la marina. Yo acabé cayendo al mar y no sé qué fue de mi tripulación. Conseguí llegar hasta esta isla y vivir escondido. Con el tiempo hice algunos aliados, pero nadie sabe quién soy. He estado esperando todos estos años y nadie ha vuelto a por mí. Sé que no puede ser porque no lo hayan intentado, éramos como una familia, así que solo quedan dos opciones: no saben donde buscar o no salieron vivos de aquel altercado. Para colmo, los síntomas de la enfermedad que acabó con mi madre comenzaron a manifestarse en mi cuerpo. Era muy pequeño, pero vi como esa maldita enfermedad acabó con su vida en cuestión de pocos años sin que los médicos pudiesen ayudarla. Pensé en rendirme, pero entonces, hace un año ocurrió lo del Rey de los Piratas, Voi D. Rowned. Ese hombre es una inspiración para mí, siempre he soñado en convertirme en alguien como él. Pensé que su muerte sería el fin, pero ha resultado ser el comienzo. Imagino que tu madre ya te habrá hablado demasiado de él y de sus polémicas últimas palabras. Ojalá mi vida no estuviese acabando, porque ahora tengo un nuevo sueño: ir a Laugh Tale.
 
Tras su discurso me quedé en silencio. Continuaba preocupada por su enfermedad, me aliviaba saber que no era un asesino o una mala persona y me alegraba verle hablar con tanta emoción de su pasado y sus sueños. Desde pequeña me habían inculcado la idea de que los piratas eran seres monstruosos y sanguinarios, luego acabé simplemente por aborrecerlos, ya que mi madre parecía que no era capaz de hablar de otro tema, pero ahora conocía otra perspectiva. Ahora, con toda la información, sabía qué era lo que debía hacer.
[Imagen: 8Rsjucn.png]

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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[Pasado][Fic] Parte 3. Redención - por Triana Tempesta - 17-08-2023, 02:52 PM

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