Joe no dudó. Se puso en guardia rápidamente. Era una guardia clásica de boxeador. Supuse en entonces que era un luchador cuerpo a cuerpo. Si sus músculos no lo habían delatado antes, esa guardia no dejaba lugar a la imaginación.
De forma directa, tomó impulso con sus robustas piernas. El desplazamiento era rápido y me pilló con la pistola enfundada. No tenía tiempo de sacarla antes de que él me alcanzara. Parecía que había transformado la arena en un trampolín gracias a su fuerte fisonomía.
Con una torsión de cadera y hombro comenzó a cargar el brazo para lanzar un puñetazo con gran fuerza. Un jab directo a mi cara que me dejaría hecho polvo si me llegaba a conectar.
Por suerte, el golpe era muy previsible y gracias a mis reflejos pude reaccionar a tiempo. Me conseguí desplazar a su derecha, dejando el mar a mi espalda. La esquiva fue justa, pude notar la fuerza del impacto en el aire. Pero con un brinco diestro, me conseguí colocar a unos 2 metros de distancia. El me pasó por su inercia, dándome su costado derecho y parte de su espalda.
Rápido saqué mi revólver, esta vez cargado con balas de goma de entrenamiento. Hacían daño, pero no iban a perforar ni a matar a nadie. Apunté con la mirada a su gemelo derecho, el que tenía más próximo a mí. Y con un movimiento trabajado tras desenfundar, decidí disparar desde la altura de mi cadera, como un jinete cowboy.
De forma directa, tomó impulso con sus robustas piernas. El desplazamiento era rápido y me pilló con la pistola enfundada. No tenía tiempo de sacarla antes de que él me alcanzara. Parecía que había transformado la arena en un trampolín gracias a su fuerte fisonomía.
Con una torsión de cadera y hombro comenzó a cargar el brazo para lanzar un puñetazo con gran fuerza. Un jab directo a mi cara que me dejaría hecho polvo si me llegaba a conectar.
Por suerte, el golpe era muy previsible y gracias a mis reflejos pude reaccionar a tiempo. Me conseguí desplazar a su derecha, dejando el mar a mi espalda. La esquiva fue justa, pude notar la fuerza del impacto en el aire. Pero con un brinco diestro, me conseguí colocar a unos 2 metros de distancia. El me pasó por su inercia, dándome su costado derecho y parte de su espalda.
Rápido saqué mi revólver, esta vez cargado con balas de goma de entrenamiento. Hacían daño, pero no iban a perforar ni a matar a nadie. Apunté con la mirada a su gemelo derecho, el que tenía más próximo a mí. Y con un movimiento trabajado tras desenfundar, decidí disparar desde la altura de mi cadera, como un jinete cowboy.
Disparo
