09-01-2024, 03:07 AM
(Última modificación: 09-01-2024, 03:18 AM por Voz Seductora.)
Día 25 de Otoño del año 11.
Pueblo Kakutasu - Zona central.
11:00 a.m.
Un nuevo día, y aparentemente una nueva bendición para las gentes de la isla de Toko. Los - o al menos así decían los periódicos - infames piratas Shogun Gari disfrutaban del fruto de sus actos en la taberna local de Kakutasu tras unos acontecimientos históricos para las buenas gentes de la localidad. Algunos mineros y cantineros celebraban su nueva situación en la taberna, alegres, junto a otra serie de civiles. Poca cosa, apenas un grupo de ocho personas en total si los juntabas todos. El tabernero, Baroja, un hombre de estatura media, rondando la cuarentena con el pelo corto y negro y unas gafas sin monturas, hablaba con una de esas personas mientras limpiaba una jarra diciéndole que tenía que leer un libro concreto - tratando de convencerle - titulado: Las Aventuras de Gustavo. El tono general era animado y distendido y el ambiente era apacible. La tripulación pirata gozaba de una parte apartada del establecimiento en el que poder degustar sus consumiciones tranquilos y podían reorganizarse para tratar de dictaminar sus siguientes movimientos: tenían que decidir si moverse ya, o hacer algo más por la gente de la isla.
A las afueras de la isla, a paso ligero y levantando algo de polvo del pavimento arenoso, una tropa de treinta soldados de la marina, dirigidos por otro más con al menos un rango por encima del básico que ostentaban los demás, se arremolinaban entorno a la puerta con presteza y cargando sus rifles en dirección a la puerta del establecimiento. Toda la tropa iba uniformada perfectamente, con gorras incluidas, pero de entre ellos destacaban sólo seis mujeres, y por sus peculiaridades un hombre manco que había perdido el brazo izquierdo hasta la mitad del biceps que portaba una pistola en su única mano, un hombre con la piel azul, tres personas más altas que el resto, rondando los 3 metros y medio aproximadamente cada uno, siendo solamente humanos más altos que los demás, y otro más que portaba un gran Den Den Mushi en la espalda, sobre la mochila, y usaba una especie de comunicador mientras sujetaba una serie de papeles en la mano y se subía nerviosamente las gafas. Su cabecilla era un hombre con un bigote clásico rizado y llevaba un sable en lugar del rifle del resto de sus compañeros, con el que apuntó hacia la puerta de la taberna con una pose teatralizada y exagerada.
— ¡Piratas Shogun Gari! — gritó con una voz aguda y desagradable — Por orden del Gobierno Mundial y por medio de la justicia del glorioso cuerpo de la Marina, yo, el Sargento Willybur L'Estimag os ordeno que salgáis pacíficamente y con las manos en alto rindiéndoos en este mismo instante o no dudaremos en usar la fuerza para acabar con vuestras patéticas vidas criminales — ordenó de forma pomposa el hombre a cargo de la tropa, alzando su espada al cielo y recibiendo como respuesta el sonido al unísono de toda la tropa cargando los pestillos de sus armas dispuestos a disparar y abrir fuego en cualquier momento.
Por su parte, las buenas gentes de la taberna quedaron en shock al escuchar aquellas palabras: Alguien había vendido a los piratas que habían revolucionado las minas. Permanecieron en silencio y se agacharon en la medida de lo posible, apartándose de los Shogun Gari y tratando de permanecer seguros y que no los confundieran con otro más de aquel infame grupo pirata. La Marina en la isla cambiaría muchas cosas y seguramente suplirían la carencia de autoridad que había dejado el desastroso atentado que otro ejerció sobre la oficina del Sheriff. Y esperaban que así fuera, pues sólo querían volver a tener una vida normal.
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