17-08-2023, 11:38 PM
Derya seguía arrepintiéndose y arrepintiéndose de haber dicho eso. Era fácil tomárselo a malas. Sus palabras le erizaron, ¿había hecho bien? Los nervios se la estaban comiendo por dentro, aquella expectación, los segundos antes de la explosión. Él se iba acercando, poco a poco, hasta que sus frentes casi se tocaron. Derya respiró profundamente intentando relajar sus nervios, pero era imposible. La espera la estaba matando y entonces... sucedió. Lo que llevaba deseando desde que le escuchó hablar claramente por primera vez. Ocurrió como tenía que ocurrir, era un momento tan precioso. Desde que llegaron allí, se había estado cocinando a fuego lento ese instante. Era algo mágico. Derya sintió que había merecido la pena esperar veinticuatro años para esa experiencia. Los fuertes brazos de Kovashi la abrazaron, por las caderas y más abajo. Ella, al ver este gesto, se aferró también a él, llevando sus manos hacia sus hombros, acariciándolos y dejándose totalmente a su merced. Aún tenía algo de miedo, de que se notara su inexperiencia, que pensara que era una joven inocente o necia. Pero rápidamente descartó ese pensamiento, ambos fluyeron en aquel beso como si llevaran besándose toda la vida, como si ambos se conocieran con anterioridad perfectamente, como si en otra vida ya hubiesen sido amantes. O quizás solo se lo estaba imaginando Derya. Daba igual, era perfecto, justo como lo había imaginado.
Sus palabras le hicieron reír. — ¡Calla! — Dijo bromeando, mientras se reía y se llevaba las manos a las mejillas de la vergüenza. Claro que lo deseaba, pero él también, ¿no? Sino no lo hubiera hecho en primer lugar. Le tenía aún tan cerca. — Realmente te iba a sacar de todas formas, ¿sabes? No soy una secuestradora. — Volvió a reírse ligeramente. Hacía mucho tiempo que no lo pasaba tan bien genuinamente. Aquello era como un soplo de aire fresco. Al final fue él quién se aparto un poco. — Sí, me lo imaginaba. — Después de todo, ella era bastante diferente. Sonrió, igual que él. — Me apetece muchísimo. — El buen rollo que había era increíble. Durante unos momentos Derya reflexionó sobre sí misma. Esta situación se había dado lugar, en parte, gracias a que había decidido, por cinco segundos, dejar de ser tan miedosa. ¿No tendría que sacar una lectura de todo eso? Sí, que tenía que ser más atrevida. Era algo fácil de decir, claramente, luego al momento de la verdad es todo muy diferente.
Le siguió con la mirada y observó cómo se zambulló en el agua. Se asomó a medias y empezó a hacer burbujitas con la boca sumergida. Derya entendió su llamamiento y acudió enseguida, haciendo lo mismo que él. Sacó la cabeza al aire, al lado suya, y por un momento se fijó en cómo su camisa flotaba en la superficie del mar. Solo pensar que ahora estaba con el pecho descubierto volvía a ponerla roja. Derya había pensado que con la barrera del beso rota, dejaría de avergonzarse tan rápido por cualquier cosa, pero no era así. Aún quedaban muchas barreras físicas para que eso pasara. — ¿Sabes? En isla Gyojin tenemos una tecnología para que los humanos puedan respirar bajo el agua, por un tiempo limitado, pero ahora nos vendría genial. — Sonrió. — Relajate... respira hondo... — Intentó guiar su respiración para que no llegase a la superficie y a la isla demasiado corto de oxígeno. — Y aguanta. — Indicó finalmente. Al momento de decirlo, se sumergió en el agua y con la mano de Kovashi agarrada, le hundió a él también.
Ambos, liderados por Derya, comenzaron a cruzar aquel túnel rocoso que les había conducido al claro. Era largo, aunque por suerte no demasiado estrecho, así que cabían sin problema. La mujer nadaba con bastante velocidad, pero con cuidado de no ser demasiada pues no quería que el viaje fuera incómodo para su acompañante. Salieron del túnel y le miró, parecía que disfrutaba del agua, pero era consciente de que no tenía el mismo aguante que ella, así que sin divagarse ni entretenerse en la travesía, le llevó a la superficie. Pero no en cualquier lugar, sino que trató de dejarle cerca de una playa que les llevaría al pueblo sin problemas. Se aseguró de que su cabeza había salido del agua y salió ella también. — ¿Bien? — Le preguntó genuinamente preocupada, deseando que el viaje no le hubiera resultado incómodo.
