[Pasado] - Los enemigos de mis enemigos
#2
Leyenda


Ya sé que Tudeau me dijo que no me moviera. También me dijo que la revolución no se hace sola. Solamente fui para ver el qué, una "misión de reconocimiento" me dije a mí misma para aligerar la culpa.

La gente en el puerto parecía animada. Había muchos pescadores cargando cajas aquí y allá, barcos descargando el género, mujeres remendando redes en el muelle y, por supuesto, los gritos ocurrentes de compradores en la subasta de la lonja. ¡Pez dragón, pez dragón! ¡Exquisito, sabroso! ¡Sólo en este puesto, nadie más sabe cómo encontrarlo! ¡compra pez dragón en Puerto Xueyu! Por dios, ¿nadie? Ayer Fenrir vomitó a dos en el barco que volvió a engullir horas después. Tanto ruido y tanta gente empezaba a serme agobiante, ya tenía ganas de volver a embarcarme hacia el bosque. Pero tenía que investigar. Giré la mirada a mi derecha para mirarlo con atención: unas grandes murallas de piedra rodeaban un espectacular palacio. Ts, seguro es una mierda que se aprovecha de esta pobre gente. El mapa de Tudeau lo decía claro: "emperador no afiliado al Gobierno Mundial. Falta más información". ¿Por qué no está afiliado al Gobierno Mundial? Una de dos: o es demasiado bueno o demasiado hijo de puta.

- Oiga, usted, cara de sapo.
- Piérdete.
- De lo que pescó hoy ¿qué porcentaje de impuestos tiene que pagarle al emperador?
- Piérdete, tengo trabajo.

Mis dotes sociales nunca fueron mi punto fuerte pero al lado de aquel pescador era una oradora capaz de levantar la revolución de todo un mar de la que el mismísimo Kovashi se hubiera sentido orgulloso. O quizás no. De todas formas, parecía que ahí no iba a sacar mucho en claro, tendría que moverme hacia la ciudad y observar a sus habitantes. “Un país es cómo vive su gente, no sus gobernantes”, decía siempre Tudeau. Tenía plantas para comerciar, así como mínimo podría ganarme unos berries.

Con mis alas llegué en un momento. Me adentré en las calles de Shan y empecé a andar. ¡Arroz dulce, arroz arbóreo! ¡Tengo su arroz, señora! ¡Arroz negro, arroz rojo! ¡Todos los colores, amigo! Cómo les gusta gritar en esta puta isla. Será mejor que espabile a entender cómo les va aquí y largarme pronto porque ya me están poniendo de los nervios.

Mientras andaba, me pareció ver un puesto de medicinales al final de la calle, basculé mi cuerpo hacia adelante y entrecerré los ojos para focalizar mi atención en ese punto, para ver si podía vislumbrar si realmen-

- ¡aaaaaaaaaayy!

Caí hacia adelante porque mi pierna derecha chocó con algo que, al parecer, podía chillar. Al tener la atención en otro punto, me desequilibré totalmente y caí de bruces. Aún en el suelo, me di la vuelta para identificar mi obstáculo. Se formó un círculo a nuestro alrededor por aquellos que querían mantener cierta distancia y algunos cotillas con intención de chismerío. Un tipo fornido estaba de rodillas acariciándose la cabeza con visibles muecas de dolor en su rostro.

- ¿Eres gilipollas? ¡Qué mierda haces ahí en el suelo en medio de la calle!
- ¡No soy gilipollas, estoy buscando algo!
- ¿Tu cerebro o…? – hizo un gesto con la cara que no supe identificar si se había molestado o era aún por el dolor.
- He perdido mi bolsa por aquí…
- Eres tonto y encima pierdes las cosas. ¿Tienes algo bueno acaso?
- Obviamente que sí – dijo mientras se ponía de pie y mostraba sus bíceps haciendo posturas a mí parecer – y obviamente no por el suyo – ridículas.

Menudo payaso fanfarrón.

- Soy el tipo más buscado por las chicas en esta ciudad.
- Sí… seguro – el tono de sorna fue evidente. Me incorporé para irme, ese imbécil ya me estaba aburriendo.
- Para que sepas, una chica guapísima acaba de sonreírme y hemos quedado para tomar algo por la noche. Ha sido amor a primera vista. Era amable, educada, femenina, y con una belleza peculiar ¿cómo explicarlo? Era como un ángel… oscuro.

Puse los ojos en blanco y seguí andando. Ya no podía más de la ciudad, quería esconderme un rato. Aún oía al tipo de fondo gritando cualquier cosa cuando, unos metros más adelante, vi un callejón a la izquierda que parecía ser concurrido por poca gente. Voy a salir del bullicio un momento porque ya estoy harta.

Nada más adentrarme al callejón vi a una chica sonriendo mientras miraba a una bolsa de monedas en su mano. Me pareció muy guapa, de piel muy blanca y ropas negras, con capucha. Era como un ángel… ¿oscuro? No puede ser, ese tipo es realmente gilipollas.

- ¡Oye! ¡Tú! ¡Princesa fantasma!
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RE: [Pasado] - Los enemigos de mis enemigos - por Hécate - 10-01-2024, 01:41 AM

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