Agente. Infiltrada. Al. Servicio. Del. Emperador.
Esas palabras retumbaron una a una en mi cabeza como carambolas. Lo que me faltaba ya, que me confundieran con un perro del emperador. Esa tipa estaba acabando ya con mi paciencia.
- ¡Ahora sí me has cabreado, tontatta translúcida! Vuelves a llamarme perra del Gobierno, del Emperador o de quién mierda se te ocurra ¡y te parto con dos como un tronco de leña! - amenacé mientras señalaba el hacha que llevaba colgando en mi espalda. Por un momento me planté en sacarla directamente y machacar a la hormiga, pero estábamos en medio de la ciudad, no era lo más conveniente empezar una trifulca a ojos de todos. Tenía una misión importante que cumplir, no debía desperdiciar mi anonimato en educar a esa tiparraca. Bastante cantoso era ya mi aspecto como para remachar el clavo.
Que si la iba a esposar, dijo. No podía dejar de pensar en sus acusaciones. ¡Esposar yo, que mi motor de vida era romper todas las esposas del mundo! ¿Cómo podía haber un sólo ser sobre la faz de este podrido planeta que pensara que YO fuera una esbirra de un emperador? Simplemente ridículo. Me sentía totalmente confusa, tanto por sus palabras hacia mí como por sus palabras hacia sí misma. Ya no sabía qué pensar de ella, había soltado una retahíla de posibilidades en cuanto a su identidad pero no había aclarado nada. ¿Marine corrupta? Nah. Acababa de llamar "basura" al Gobierno Mundial, no podía ser tan estúpida como para reconocer delante de una desconocida su corrupción a los dos minutos de conversación. ¿O sí? No, su mirada era avispada, no denotaba estupidez. Por otro lado, qué buena palabra para describir al Gobierno, hakikiki. ¿Qué más dijo? Rebelde que terminará con los nobles mundiales. Dudoso. Pareciera que odiaba al Gobierno Mundial pero ¿robarle a ese pobre desgraciado y encima mirar sonriente el botín? No, tampoco. Ningún revolucionario haría algo así, podría llegar a robar a alguien si en tan mala situación se encontrara pero ¿sonreír con orgullo de su acto? Jamás. ¿Entonces qué? Pirata o ladrona hambrienta. No tenía pinta ni de pirata ni de hambrienta. Quizás no era ninguna de esas posibilidades. ¿Qué mierda era esta mujer?
- Si tanto te molesta que digan lo que eres por ti, entonces acláralo tú. ¿Quién cojones eres? No eres ni marine ni rebelde, así que ahórrate las tonterías. ¿Eres pirata? ¿O ladrona? ¿O pirata ladrona? ¿Qué mierda eres?
Mierda. Grave error. Acaba de exigir su identidad. Y después ella pediría... la mía. No podía seguir cometiendo estos errores de novata. No iba decirle que era revolucionaria. O intento de ello, porque tampoco había hecho grandes cosas por la Revolución. Todavía. La revolución está en el espíritu, que diría Tudeau. De todas formas, no podía decírselo, era como pedir a gritos ser arrestada en los próximos días. Los rumores se escampan rápido, era mejor no dar indicios de nada a nadie. Quizás era mejor que me identificara como una pirata. No hacía falta seguir divagando, dependiendo de su respuesta, diría una cosa u otra. Recordé de nuevo su discurso. Llamarle hijo de puta desgraciado al emperador... ¡Hakikiki! Tenía que reconocer que tenía su punto.
Esas palabras retumbaron una a una en mi cabeza como carambolas. Lo que me faltaba ya, que me confundieran con un perro del emperador. Esa tipa estaba acabando ya con mi paciencia.
- ¡Ahora sí me has cabreado, tontatta translúcida! Vuelves a llamarme perra del Gobierno, del Emperador o de quién mierda se te ocurra ¡y te parto con dos como un tronco de leña! - amenacé mientras señalaba el hacha que llevaba colgando en mi espalda. Por un momento me planté en sacarla directamente y machacar a la hormiga, pero estábamos en medio de la ciudad, no era lo más conveniente empezar una trifulca a ojos de todos. Tenía una misión importante que cumplir, no debía desperdiciar mi anonimato en educar a esa tiparraca. Bastante cantoso era ya mi aspecto como para remachar el clavo.
Que si la iba a esposar, dijo. No podía dejar de pensar en sus acusaciones. ¡Esposar yo, que mi motor de vida era romper todas las esposas del mundo! ¿Cómo podía haber un sólo ser sobre la faz de este podrido planeta que pensara que YO fuera una esbirra de un emperador? Simplemente ridículo. Me sentía totalmente confusa, tanto por sus palabras hacia mí como por sus palabras hacia sí misma. Ya no sabía qué pensar de ella, había soltado una retahíla de posibilidades en cuanto a su identidad pero no había aclarado nada. ¿Marine corrupta? Nah. Acababa de llamar "basura" al Gobierno Mundial, no podía ser tan estúpida como para reconocer delante de una desconocida su corrupción a los dos minutos de conversación. ¿O sí? No, su mirada era avispada, no denotaba estupidez. Por otro lado, qué buena palabra para describir al Gobierno, hakikiki. ¿Qué más dijo? Rebelde que terminará con los nobles mundiales. Dudoso. Pareciera que odiaba al Gobierno Mundial pero ¿robarle a ese pobre desgraciado y encima mirar sonriente el botín? No, tampoco. Ningún revolucionario haría algo así, podría llegar a robar a alguien si en tan mala situación se encontrara pero ¿sonreír con orgullo de su acto? Jamás. ¿Entonces qué? Pirata o ladrona hambrienta. No tenía pinta ni de pirata ni de hambrienta. Quizás no era ninguna de esas posibilidades. ¿Qué mierda era esta mujer?
- Si tanto te molesta que digan lo que eres por ti, entonces acláralo tú. ¿Quién cojones eres? No eres ni marine ni rebelde, así que ahórrate las tonterías. ¿Eres pirata? ¿O ladrona? ¿O pirata ladrona? ¿Qué mierda eres?
Mierda. Grave error. Acaba de exigir su identidad. Y después ella pediría... la mía. No podía seguir cometiendo estos errores de novata. No iba decirle que era revolucionaria. O intento de ello, porque tampoco había hecho grandes cosas por la Revolución. Todavía. La revolución está en el espíritu, que diría Tudeau. De todas formas, no podía decírselo, era como pedir a gritos ser arrestada en los próximos días. Los rumores se escampan rápido, era mejor no dar indicios de nada a nadie. Quizás era mejor que me identificara como una pirata. No hacía falta seguir divagando, dependiendo de su respuesta, diría una cosa u otra. Recordé de nuevo su discurso. Llamarle hijo de puta desgraciado al emperador... ¡Hakikiki! Tenía que reconocer que tenía su punto.
