13-01-2024, 01:35 AM
Puse los ojos en blanco cuando empezó con su vacile. No quería hablar, ¿eh? Mmmm, sería por algo que no quería revelar su identidad tan fácilmente. Me sentí cercana a ella en ese sentido. Es igual de desconfiada que yo. Bueno, desconfiadas... no sé, más bien diría que era precaución básica. Me gustó eso, la hacía... interesante. Entreabrí la boca para contestarle que sí me valía con su nombre, y que se dejara de cuentos. Pero siguió hablando.
Vaya, parecía que sí quería hablar, a fin de cuentas. Me sentí avasallada a preguntas. Parecía que este encuentro de acusaciones se estaba se estaba tornando en una conversación. Tenía que reconocerlo: cada vez cargaba con insultos contra los marines me daban ganas de sonreír e invitarle a un zumo de calabaza para criticarles juntas y trazar planes para acabar con todos y cada uno de ellos. Lástima que tenía toda la cara de no saber qué era una calabaza, y de beber whisky con hielo. Qué asco. No importa, que cada una que beba lo que quiera, aquí lo importante es criticar a los marines.
- Heroína de pueblo... ¡hakikiki! - ojalá, pensé. Me reí pero realmente me daba más pena que otra cosa que eso fuera una exageración mayúscula - Soy alguien que detesta a los marines, igual que tú. Así que, por lo pronto, parece que tenemos enemigos en común.
"No te ofendas", dijo. Me sorprendió el respeto repentino, y me gustó, para qué mentir. Especialmente porque lo mostró entorno a mi condición Lunarian. No me gusta la ciudad, y no es por nada. Cada vez que transito lugares concurridos por humanos, recibo miradas de reojo o incluso descaradas, con asombro y/o desconfianza. Un camino se abre a mi alrededor, se apartan para evitar el contacto. Quizás es por mis alas negras, quizás es por mi cara de asco. No es que me moleste, el afán de evitar contacto es recíproco y ya estoy acostumbrada, pero tampoco es que sea precisamente agradable. Pero a ella parecía... no incomodarle. Quise comprovar cuan de cierto había en mis elucubraciones. Levanté mis antebrazos con las palmas cara arriba, mostrándome.
- Me llamo Hécate - a la mierda la precaución básica. Al momento abrí mis majestuosas alas negras en toda su envergadura, con un movimiento seco. Ve cuan lunarian soy. Quería ver su reacción. Me crucé de brazos y la señalé con mi ala derecha. - ¿Y tú? ¿Vas a decírmelo de una vez o ya has encontrado tu tarjeta? - devolví mi ala hacia atrás y las plegué. Tampoco hacía falta hacer un espectáculo.
Acababa de revelar mi nombre real ante una desconocida con un aspecto más que sospechoso, pero y por qué no. Algún día mi nombre sería conocido mundialmente. Tendría algo que contar a sus nietos: yo conocí a Hécate cuando aún no era nadie. Hakikiki. Aunque no tenía claro si esa mujer era capaz de mantener a un hijo con vida durante tanto tiempo.
Vaya, parecía que sí quería hablar, a fin de cuentas. Me sentí avasallada a preguntas. Parecía que este encuentro de acusaciones se estaba se estaba tornando en una conversación. Tenía que reconocerlo: cada vez cargaba con insultos contra los marines me daban ganas de sonreír e invitarle a un zumo de calabaza para criticarles juntas y trazar planes para acabar con todos y cada uno de ellos. Lástima que tenía toda la cara de no saber qué era una calabaza, y de beber whisky con hielo. Qué asco. No importa, que cada una que beba lo que quiera, aquí lo importante es criticar a los marines.
- Heroína de pueblo... ¡hakikiki! - ojalá, pensé. Me reí pero realmente me daba más pena que otra cosa que eso fuera una exageración mayúscula - Soy alguien que detesta a los marines, igual que tú. Así que, por lo pronto, parece que tenemos enemigos en común.
"No te ofendas", dijo. Me sorprendió el respeto repentino, y me gustó, para qué mentir. Especialmente porque lo mostró entorno a mi condición Lunarian. No me gusta la ciudad, y no es por nada. Cada vez que transito lugares concurridos por humanos, recibo miradas de reojo o incluso descaradas, con asombro y/o desconfianza. Un camino se abre a mi alrededor, se apartan para evitar el contacto. Quizás es por mis alas negras, quizás es por mi cara de asco. No es que me moleste, el afán de evitar contacto es recíproco y ya estoy acostumbrada, pero tampoco es que sea precisamente agradable. Pero a ella parecía... no incomodarle. Quise comprovar cuan de cierto había en mis elucubraciones. Levanté mis antebrazos con las palmas cara arriba, mostrándome.
- Me llamo Hécate - a la mierda la precaución básica. Al momento abrí mis majestuosas alas negras en toda su envergadura, con un movimiento seco. Ve cuan lunarian soy. Quería ver su reacción. Me crucé de brazos y la señalé con mi ala derecha. - ¿Y tú? ¿Vas a decírmelo de una vez o ya has encontrado tu tarjeta? - devolví mi ala hacia atrás y las plegué. Tampoco hacía falta hacer un espectáculo.
Acababa de revelar mi nombre real ante una desconocida con un aspecto más que sospechoso, pero y por qué no. Algún día mi nombre sería conocido mundialmente. Tendría algo que contar a sus nietos: yo conocí a Hécate cuando aún no era nadie. Hakikiki. Aunque no tenía claro si esa mujer era capaz de mantener a un hijo con vida durante tanto tiempo.
