16-01-2024, 09:23 PM
(Última modificación: 16-01-2024, 09:37 PM por Voz Seductora.)
Día 27 de Otoño del año 11.
Impel Down.
15:50 a.m.
Impel Down.
15:50 a.m.
![[Imagen: B9bIEsK.png]](https://i.imgur.com/B9bIEsK.png)
Estabais en Impel Down.
El coloso arquitectónico y una de las construcciones más arriesgadas, emblemáticas e impresionantes de la marina. Una torre de cuatro kilómetros de alto - si, habéis leído bien - cuya base estaba anclada en el fondo marino. A la vista tan sólo dos pares de cientos de metros, mostraban unas puertas de dimensiones enormes, por las cuales podría pasar un ser monstruoso de poco más de cien metros tranquilamente. Estaban custodiadas por dos torreones magníficos más altos que estas incluso, en cuyas copas había dos pelotones de la marina - en cada uno - apostados en las almenaras controlando tanto el exterior, como el puente, el estado de los barcos que sitiaban la prisión, y parte de la zona interior más inmediata. De hecho, si prestábais la suficiente atención, podríais descubrir que la plataforma en realidad era un octógono y tenía una torre como esas en cada vértice, sumando además un buque de guerra de la marina en cada lado del octógono. Las defensas sin duda no escatimaban gastos. Los grandes muros que componían los lados de dicho polígono pasaban con facilidad los cuatrocientos metros de alto y obviamente os impedían ver todo lo que había detrás.
Aun estabais en el puente de acceso que daba lugar a la puerta, y pareciera que el viento arrastraba el eco de gritos, lamentos y quejidos aleatoriamente, mezclados con el ruido de las olas del mar rompiendo contras las rocas de la fortaleza. El barco de la capitana Jenkins - quien ya se había vuelto a meter dentro del camarote - anclaba y aunque mantenía el revuelo que de costumbre en cubierta, daba toda la impresión de que iban a parar un tiempo allí, bien fuera para reponer fuerzas, víveres o por otras misiones y necesidades como había mencionado Jenkins en vuestra conversación.
El puente era lo suficientemente amplio como para que Daisen pudiera bailar. Podría decirse que harían falta cinco Daisens uno al lado del otro para ocuparlo por completo, lo cual, sumado al tamaño de la puerta, daban a entender que las instalaciones tenían proporciones colosales, y tenía mucho sentido si se pensaba que los gigantes también podían ser criminales y alguno habría de pasar el resto de su vida tras estas paredes.
Pero conforme avanzabais por el puente y os acercabais a la puerta, más detalles podíais ver. Y es que la puerta pareciera estar formada por más puertas de menor tamaño cada vez, como si fueran rectángulos concéntricos. Se podía distinguir un marco en cada una de las puertas, albergando una medida de cincuenta metros, otra de veinte, otra de diez y otra de cinco. Esto era una medida de seguridad para abrir sólo lo suficiente para dejar pasar al criminal en cuestión y a sus custodios y no darle más margen de maniobra del necesario. Y ahí, cuando llevabais recorrido casi todo el puente y habíais observado que dos guardias del tamaño de Daisen custodiaban la puerta con un uniforme que incluía una tela que cubría sus caras, como una capucha pero enteriza, con dos agujeros para los ojos, la puerta más pequeña se abrió de golpe haciendo que dichos guardias se cuadrasen en posición dándose un golpe en el pecho.
— La división treinta y cuatro, supongo — dijo una voz aguda y rápida, locuaz y viva, que pareciera provenir de la puerta que acababa de abrirse pues se escuchaba con cierto eco — Bienvenidos a Impel Down — dijo mientras la escuchábais más cerca perdiendo ya el efecto del eco — Soy Nicholas Vangeance, el vicealcaide de Impel Down. Es un placer recibirlos-ton — sentenció finalmente la voz, que podíais escuchar perfectamente entre los dos guardias colosales, y justo cuando terminó de hablar pudisteis oír el chocar de unos aceros en el interior de la estancia, cruzando las puertas, así como unos gritos de improperios e insultos entre dos personas.
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Narrador
