18-01-2024, 09:58 PM
Estamos decididos a entrar en la gran prisión, invitados por el mismísimo Vice-alcaide, que no se digan a aparecer. Yo todavía, obnubilado por el peligro que representa este lugar, sigo alerta y firme , observando a los guardias y la arquitectura de la instalación. Todo es así, hasta que una voz resuena de vuelta tan cerca nuestro, que parece estar a nuestro lado. -¿¡Qué cojones!?- doy un respingo y me pongo en guardia, del susto, mirando a un lado y al otro. En efecto, con la altura del zapato de Joe y a sus pies, una personita diminuta llama nuestra atención frente a nosotros. Es el supuesto Vice-alcaide, que de tan pequeño que es, nadie se había percatado que estaba frente a nosotros. Con la atención puesta sobre él, nos informa de la normativa del recinto, y nos invita a entrar en las instalaciones. Antes de entrar, sin embargo, Karl se descojona de la nada y me responsabiliza a mí. Yo decido no intervenir, pero me deja más paranoico si cabe.
Nada más entrar por la puerta y dejando atrás la pasarela, una inmensa y colosal sala nos da la bienvenida. En ella, decenas de hombres custodian el lugar, que tiene cientos de metros de anchura y altitud. -Menudo recibidor...- pienso mientras miro a un lado y a otro, quedándome con los detalles del sitio. -Me apuesto lo que quieras a que mi madre limpia esto en 5 minutos y te monta un recibidor precioso.- me digo a mi mismo, sin intención de que nadie me haga mucho caso. La atención se me va rápidamente al fondo de la sala, donde dos figuras, ahora mismo invisibles para mí, parecen enfrentarse o discutir sobre algo.
Por estar, estoy nervioso, atento a cada sonido y movimiento, preparado para tomar la iniciativa. Es visible para todos, pero en situaciones así, me da igual. Por pensar, sí, estamos en la prisión más segura y óptima del mundo, pero tanto la actitud de Jenkins, la pasividad de Joe y la arquitectura del lugar me estaban poniendo la piel de gallina. ¿Y si no debía fiarme de nadie? Por lo general, las cosas me suelen dar igual y pereza, pero las paredes y voces del lugar, me están empezando a hacer mella en la psique.
Nada más entrar por la puerta y dejando atrás la pasarela, una inmensa y colosal sala nos da la bienvenida. En ella, decenas de hombres custodian el lugar, que tiene cientos de metros de anchura y altitud. -Menudo recibidor...- pienso mientras miro a un lado y a otro, quedándome con los detalles del sitio. -Me apuesto lo que quieras a que mi madre limpia esto en 5 minutos y te monta un recibidor precioso.- me digo a mi mismo, sin intención de que nadie me haga mucho caso. La atención se me va rápidamente al fondo de la sala, donde dos figuras, ahora mismo invisibles para mí, parecen enfrentarse o discutir sobre algo.
Por estar, estoy nervioso, atento a cada sonido y movimiento, preparado para tomar la iniciativa. Es visible para todos, pero en situaciones así, me da igual. Por pensar, sí, estamos en la prisión más segura y óptima del mundo, pero tanto la actitud de Jenkins, la pasividad de Joe y la arquitectura del lugar me estaban poniendo la piel de gallina. ¿Y si no debía fiarme de nadie? Por lo general, las cosas me suelen dar igual y pereza, pero las paredes y voces del lugar, me están empezando a hacer mella en la psique.
Aclaraciones
