21-01-2024, 02:07 PM
El callejón estaba oscuro, así que no alcancé a ver la reacción de su rostro ante la exposición de mis alas. No hizo ningún movimiento hostil, así que pude confirmar que no sentía aversión hacia mi condición Lunarian. Tampoco hizo ningún comentario ni reacción de admiración al respecto, así que tampoco le emocionó de ninguna manera. Deduje entonces que mi movimiento le había sido indiferente. Me sentí un poco apenada, esperaba impresionarla. Me sorprendí al escuchar mis propios pensamientos y no entendí por qué quería impresionar a esa desconocida. Y en ese momento, me sentí ridícula. ¿Qué estaba haciendo? Me sentí un pavo real moviendo sus plumas en su danza de flirteo para seducir a la hembra. Me molesté conmigo misma y de rebote, con ella.
- ¡Por supuesto que no somos amigas! Yo no tengo amigas ni me fío de nadie. - pensé en Tudeau - O bueno, de casi nadie.
Maeve, dijo. Era un nombre bonito. Seguí aguantándole la mirada, pareciera que estábamos en un duelo verbal o energético. Ahora me provocaba con el emperador y los interrogatorios... Ya me estaba cansando de esto, quería irme. No me gustó que hubiera robado a ese pobre desgraciado, pero después de esa charla, tampoco me pareció tan grave. Al fin y al cabo, teníamos puntos en común. La primera Lunarian ¿eh? No me extrañó, no éramos muchos. Me dio envidia, ojalá yo también hubiera conocido a una lunarian en ese momento. O a uno, lo que fuera, pero alguien como yo. No veía a ninguno desde... - sentí un nudo en el estómago - desde hacía mucho tiempo. Ser la diferente era agotador. ¿Siempre iba a ser así? Todo repleto de humanos por todos lados, qué aburrido. Quizás conociere a gigantes. Zarandeé ligeramente la cabeza cuando me di cuenta de que me estaba perdiendo en mi mundo interior. Focalicé la mirada en la realidad externa y ella ya estaba de espaldas a mí, alejándose. Pensé de nuevo en sus últimas frases. Estaba cansada ya de esto, pero no me podía aguantar, algo dentro de mí no me lo permitía. Yo iba a tener la última palabra.
- Pues sí, voy a tener suerte en el Palacio del Emperador. Para mí todo lo que es de los gobernantes, lo considero "público", ¿sabes? Así que voy a usar su... - ¿qué quería usar? No quería usar nada realmente, estaba cansada ya de todo esto, sólo quería estar tranquila, relajarme un rato y - ¡sus termas! Voy a usar sus termas para relajarme un rato.
Di media vuelta y empecé a andar dirección contraria a la de Maeve, no quería saber su reacción. Qué vergüenza, había dicho cualquier cosa. Unas termas... ridículo, Hécate. ¿No podría haber dicho, no sé, su coche? No, no sabía conducir y encima tenía alas, hubiera sido más ridículo todavía. Unas termas... hakikiki. Mi ingenio no estaba muy agudo, de verdad estaba cansada. Paré un segundo. Oye ¿unas termas? Calentitas, relajantes, ni ta mal ¿o no? Seguro tenía algunas, el hijo de puta desgraciado. Quizás no había tenido una tan mala idea...
- ¡Por supuesto que no somos amigas! Yo no tengo amigas ni me fío de nadie. - pensé en Tudeau - O bueno, de casi nadie.
Maeve, dijo. Era un nombre bonito. Seguí aguantándole la mirada, pareciera que estábamos en un duelo verbal o energético. Ahora me provocaba con el emperador y los interrogatorios... Ya me estaba cansando de esto, quería irme. No me gustó que hubiera robado a ese pobre desgraciado, pero después de esa charla, tampoco me pareció tan grave. Al fin y al cabo, teníamos puntos en común. La primera Lunarian ¿eh? No me extrañó, no éramos muchos. Me dio envidia, ojalá yo también hubiera conocido a una lunarian en ese momento. O a uno, lo que fuera, pero alguien como yo. No veía a ninguno desde... - sentí un nudo en el estómago - desde hacía mucho tiempo. Ser la diferente era agotador. ¿Siempre iba a ser así? Todo repleto de humanos por todos lados, qué aburrido. Quizás conociere a gigantes. Zarandeé ligeramente la cabeza cuando me di cuenta de que me estaba perdiendo en mi mundo interior. Focalicé la mirada en la realidad externa y ella ya estaba de espaldas a mí, alejándose. Pensé de nuevo en sus últimas frases. Estaba cansada ya de esto, pero no me podía aguantar, algo dentro de mí no me lo permitía. Yo iba a tener la última palabra.
- Pues sí, voy a tener suerte en el Palacio del Emperador. Para mí todo lo que es de los gobernantes, lo considero "público", ¿sabes? Así que voy a usar su... - ¿qué quería usar? No quería usar nada realmente, estaba cansada ya de todo esto, sólo quería estar tranquila, relajarme un rato y - ¡sus termas! Voy a usar sus termas para relajarme un rato.
Di media vuelta y empecé a andar dirección contraria a la de Maeve, no quería saber su reacción. Qué vergüenza, había dicho cualquier cosa. Unas termas... ridículo, Hécate. ¿No podría haber dicho, no sé, su coche? No, no sabía conducir y encima tenía alas, hubiera sido más ridículo todavía. Unas termas... hakikiki. Mi ingenio no estaba muy agudo, de verdad estaba cansada. Paré un segundo. Oye ¿unas termas? Calentitas, relajantes, ni ta mal ¿o no? Seguro tenía algunas, el hijo de puta desgraciado. Quizás no había tenido una tan mala idea...
