Sheil y Uki continuaban maravillados cuando un humo ligero y blanquecino empezó a invadir la estancia desde la puerta que se acababa de abrir, cubriéndoos por los tobillos - y por completo a Vangeance - y avanzando lenta y paulatinamente. Ante esa situación, la figura que podíais apreciar dentro de aquel haz de luz y que aun no erais capaces de discernir, alzó el brazo derecho al cielo, completamente recto, e inclinó la cadera al lado contrario. Chasqueó los dedos tres veces con cierto ritmo, y de pronto, sin que supierais bien de donde provenía, una melodía volvió a invadir la habitación. Esta vez con más ritmo, con más descaro, con más pasión. Una música que enaltecía el alma y el espíritu.
— ¡Atención madafakas! — gritó con estruendosa voz, reverberando en la habitación con potencia y nitidez — ¡Ha llegado THE HERO! ¡Aquí está THE BOSS! ¡Contened los SUSPÍRROWS! ¡Podéis llamarme, BIG-BRO! — continuó al mismo tono y hablando con cierta cadencia rítmica, y entonces su mano alzada se cerró formando un puño y estiró sólo el dedo pulgar, el índice, y el meñique, formando algo parecido a una cornamenta ante lo cual Sheil y Uki empezaron a aplaudir y a vitorear con mucho entusiasmo y fanatismo, incluso llegando a abrazarse entre si sin que los brillos de sus ojos desaparecieran en ningún momento — ¡I AM THE MADAFAKING JUSTICE! ¡YA YOU KNOW! ¡DEJARÉ QUÉ DIGAS MI NOMBRE...! — dijo con un tono aun más alto y con la mismo repliqueteo rítmico en la acentuación de las palabras. y automáticamente, el dúo puerco y pájaro bramaron a todo pulmón y con todas sus ganas.
— ¡¡EL GRAN TUCROW!! — respondiendo y continuando las rimas y melodías de aquel tipo. Aquella figura oculta en la luz con esa pose de victoria que fue repetida por aquellos dos locos fanáticos absortos por el espectáculo, quienes formaron con sus dedos la misma figura en sus manos y las alzaron al aire mientras vitoreaban fuertemente. Nicholas despejaba el humo del ambiente con la mano y con una cara que era mezcla de la desesperación, la resignación y la desaprobación, pero no decía ni una palabra mientras parpadeaba despacio ante tal actuación.
Entonces la silueta en la luz desapareció. Simplemente en un segundo dejó de estar ahí, mientras la luz se iba atenuando y con algunos ligeros ruidos podíais ver como esta comenzaba a moverse un poco erráticamente, revelando a un grupo de seis humanos, hombres rondando la veintena, vestidos de Marines con el uniforme completo, que portaban algo en sus manos cada uno. Dos de ellos llevaban un gran foco de luz cada uno, encendidos. Otros dos, llevaban cada uno un panel de papel plateado que usaban para recolocar y redirigir la luz. Otro más llevaba un cinturón lleno de conchas extrañas, de una de las cuales salía un ligero humo discreto. Y el último llevaba una conca mucho más grande encima del hombro, desde la que provenían los sonidos que estabais escuchando. Los cuatro entraron en la estancia y os enfocaron con los focos y aumentaron el brillo con los paneles plateados, mientras que el de la concha musical y el del cinturón de conchas de humo hacían gestos rítmicos acompañando la música.
Ahí pudisteis escuchar una voz entre vosotros — ¡Menuda panda de madafakas! — pero cuando quisisteis voltear hacia su origen, no había nadie. En su lugar, ahora la voz sonaba junto a la cabeza de Daisen — ¡Me gusta tu peinado! — volvió a decir la voz y pasó su mano por la cabeza calva de Daisen. Pero para cuando quisisteis reacciona a su sonido, no había nadie en esa posición — ¡Y esta tiene cuernos! — pudisteis escuchar, ahora al lado de Karlglass con el mismo resultado visual: No erais capaces de verle ni de saber donde estaba aunque ubicaseis su estruendosa voz - tarde - para intentar localizarle. Justo hasta que frente al grupo un ligero pop se materializó visualmente y pudisteis ver una figura clara de un hombre parado frente a vosotros con la boca abierta. Era un hombre de poderosa presencia y magnética apariencia.
Su rostro era fino, anguloso, de grados certeros y picos imposibles. Tenía una poderosa y marcada mandíbula que resaltaba aun con la mueca que ostentaba con la boca abierta. Con un mentón atractivo, unos labios finos y una dentadura tan blanca como perfecta. Tenía una nariz ligeramente respingona y unas orejas pequeñas y pegadas a la sien. Sus ojos eran afilados y su color era incierto pues los llevaba ocultos tras unas gafas de sol con forma de uve, de color anaranjado. Su variopinto peinado azul revuelto y encrespado y su ropa colorida y llamativa lo hacían alguien difícilmente olvidable o confundible una vez lo habías visto ya. Superando los tres metros de alto ostentaba un cuerpo fino y musculado que mostraba de cintura para arriba abiertamente, mostrando que tenía varios tatuajes en los brazos de color azul oscuro, y sin llevar camisa o alguna prenda similar, cubriendo sus hombros y su espalda sólo con la clásica gabardina de la Marina, que parecía modificada al estar teñida por completo de rojo, con un dibujo de unas llamas en la parte más baja de la misma. Llevaba vendados los antebrazos y el estómago con unas cintas blancas, y vestía un pantalón oscuro, holgado, amarrado por un cinturón de tela blanco que iba atado bajo su ombligo. En sus pies calzaba unas sandalias geta de color madera con las cuerdas blancas. Como adición a esto, portaba consigo colgando por la espalda desde su hombro derecho un petate de color beige, con apariencia maltrecha y varios parches y remaches, amarrado con una cuerda roja oscura algo correosa, en el que almacenaba en su interior diez espadas de las que sobresalía la empuñadura y la guardia siendo estas de diversos colores, tamaños, longitudes y formas.
— ¡Pero look el tamaño so huge de estos MOGAMBOS, madafaka! — exclamó inclinándose descaradamente hacia delante poniendo su cara justo delante de los pechos de Ikirami, alzando las gafas agarrándolas con el índice y el pulgar de su mano libre - la izquierda - revelando que tenía los ojos de color azul claro — ¡I feel un calambre! ¡No soy un baby pero el nene tiene hambre! — dijo y se incorporó sonriendo volviendo a colocarse las gafas. Sheil y Uki se habían unido a los seis Marines que portaban el atrezo y estaban todos siguiendo el ritmo de la música moviendo la cabeza y las manos
— Bienvenido de nuevo, señor Tucrow — dijo Nicholas surgiendo de entre el humo que se disipaba, en la misma posición y caminando hasta ponerse al lado de aquel tipo, suspirando pesadamente y dirigiéndose a vosotros directamente — Esta es la persona que les ha convocado-ton. Les presento al Almirante Aoyagi — concluyó de forma tranquila y con un tono algo cansado y apático, como si estuviera harto de tener que hacer esto.
— ¡Atención madafakas! — gritó con estruendosa voz, reverberando en la habitación con potencia y nitidez — ¡Ha llegado THE HERO! ¡Aquí está THE BOSS! ¡Contened los SUSPÍRROWS! ¡Podéis llamarme, BIG-BRO! — continuó al mismo tono y hablando con cierta cadencia rítmica, y entonces su mano alzada se cerró formando un puño y estiró sólo el dedo pulgar, el índice, y el meñique, formando algo parecido a una cornamenta ante lo cual Sheil y Uki empezaron a aplaudir y a vitorear con mucho entusiasmo y fanatismo, incluso llegando a abrazarse entre si sin que los brillos de sus ojos desaparecieran en ningún momento — ¡I AM THE MADAFAKING JUSTICE! ¡YA YOU KNOW! ¡DEJARÉ QUÉ DIGAS MI NOMBRE...! — dijo con un tono aun más alto y con la mismo repliqueteo rítmico en la acentuación de las palabras. y automáticamente, el dúo puerco y pájaro bramaron a todo pulmón y con todas sus ganas.
— ¡¡EL GRAN TUCROW!! — respondiendo y continuando las rimas y melodías de aquel tipo. Aquella figura oculta en la luz con esa pose de victoria que fue repetida por aquellos dos locos fanáticos absortos por el espectáculo, quienes formaron con sus dedos la misma figura en sus manos y las alzaron al aire mientras vitoreaban fuertemente. Nicholas despejaba el humo del ambiente con la mano y con una cara que era mezcla de la desesperación, la resignación y la desaprobación, pero no decía ni una palabra mientras parpadeaba despacio ante tal actuación.
Entonces la silueta en la luz desapareció. Simplemente en un segundo dejó de estar ahí, mientras la luz se iba atenuando y con algunos ligeros ruidos podíais ver como esta comenzaba a moverse un poco erráticamente, revelando a un grupo de seis humanos, hombres rondando la veintena, vestidos de Marines con el uniforme completo, que portaban algo en sus manos cada uno. Dos de ellos llevaban un gran foco de luz cada uno, encendidos. Otros dos, llevaban cada uno un panel de papel plateado que usaban para recolocar y redirigir la luz. Otro más llevaba un cinturón lleno de conchas extrañas, de una de las cuales salía un ligero humo discreto. Y el último llevaba una conca mucho más grande encima del hombro, desde la que provenían los sonidos que estabais escuchando. Los cuatro entraron en la estancia y os enfocaron con los focos y aumentaron el brillo con los paneles plateados, mientras que el de la concha musical y el del cinturón de conchas de humo hacían gestos rítmicos acompañando la música.
Ahí pudisteis escuchar una voz entre vosotros — ¡Menuda panda de madafakas! — pero cuando quisisteis voltear hacia su origen, no había nadie. En su lugar, ahora la voz sonaba junto a la cabeza de Daisen — ¡Me gusta tu peinado! — volvió a decir la voz y pasó su mano por la cabeza calva de Daisen. Pero para cuando quisisteis reacciona a su sonido, no había nadie en esa posición — ¡Y esta tiene cuernos! — pudisteis escuchar, ahora al lado de Karlglass con el mismo resultado visual: No erais capaces de verle ni de saber donde estaba aunque ubicaseis su estruendosa voz - tarde - para intentar localizarle. Justo hasta que frente al grupo un ligero pop se materializó visualmente y pudisteis ver una figura clara de un hombre parado frente a vosotros con la boca abierta. Era un hombre de poderosa presencia y magnética apariencia.
Su rostro era fino, anguloso, de grados certeros y picos imposibles. Tenía una poderosa y marcada mandíbula que resaltaba aun con la mueca que ostentaba con la boca abierta. Con un mentón atractivo, unos labios finos y una dentadura tan blanca como perfecta. Tenía una nariz ligeramente respingona y unas orejas pequeñas y pegadas a la sien. Sus ojos eran afilados y su color era incierto pues los llevaba ocultos tras unas gafas de sol con forma de uve, de color anaranjado. Su variopinto peinado azul revuelto y encrespado y su ropa colorida y llamativa lo hacían alguien difícilmente olvidable o confundible una vez lo habías visto ya. Superando los tres metros de alto ostentaba un cuerpo fino y musculado que mostraba de cintura para arriba abiertamente, mostrando que tenía varios tatuajes en los brazos de color azul oscuro, y sin llevar camisa o alguna prenda similar, cubriendo sus hombros y su espalda sólo con la clásica gabardina de la Marina, que parecía modificada al estar teñida por completo de rojo, con un dibujo de unas llamas en la parte más baja de la misma. Llevaba vendados los antebrazos y el estómago con unas cintas blancas, y vestía un pantalón oscuro, holgado, amarrado por un cinturón de tela blanco que iba atado bajo su ombligo. En sus pies calzaba unas sandalias geta de color madera con las cuerdas blancas. Como adición a esto, portaba consigo colgando por la espalda desde su hombro derecho un petate de color beige, con apariencia maltrecha y varios parches y remaches, amarrado con una cuerda roja oscura algo correosa, en el que almacenaba en su interior diez espadas de las que sobresalía la empuñadura y la guardia siendo estas de diversos colores, tamaños, longitudes y formas.
— ¡Pero look el tamaño so huge de estos MOGAMBOS, madafaka! — exclamó inclinándose descaradamente hacia delante poniendo su cara justo delante de los pechos de Ikirami, alzando las gafas agarrándolas con el índice y el pulgar de su mano libre - la izquierda - revelando que tenía los ojos de color azul claro — ¡I feel un calambre! ¡No soy un baby pero el nene tiene hambre! — dijo y se incorporó sonriendo volviendo a colocarse las gafas. Sheil y Uki se habían unido a los seis Marines que portaban el atrezo y estaban todos siguiendo el ritmo de la música moviendo la cabeza y las manos
— Bienvenido de nuevo, señor Tucrow — dijo Nicholas surgiendo de entre el humo que se disipaba, en la misma posición y caminando hasta ponerse al lado de aquel tipo, suspirando pesadamente y dirigiéndose a vosotros directamente — Esta es la persona que les ha convocado-ton. Les presento al Almirante Aoyagi — concluyó de forma tranquila y con un tono algo cansado y apático, como si estuviera harto de tener que hacer esto.
Resumen
Valoración
Narrador
