19-08-2023, 06:23 PM
Los niños se reían cada vez más con mis tonterías, incluso alguno se atrevía a poner sus dedos índices tras la cabeza simulando tener cuernos también, sacando la lengua a modo de burla. Yo fingía estar enfadado mientras me ponía en guardia con los puños, pero dejando ver en mi rostro una mueca graciosa de enfado que pronto convertía en una risa. Tampoco quería que mi broma se pudiese interpretar como una acción agresiva.
Los niños eran aún criaturas inocentes, que no albergan maldad alguna en sus corazones. Lejos de otros seres humanos ya adultos, a estos había que cuidarlos y procurar que puedan experimentar esa inocencia y felicidad el máximo tiempo posible. Al menos en tiempos de paz, en tiempos de guerra había que eliminar esa inocencia rápido si se prioriza la supervivencia de los pequeños.
- ¡Oye!, ¿esos cuernos son tuyos o es algún adorno de ciudad? – Escuché gritar a una joven no muy lejos.
Me hizo bastante gracia la pregunta, por lo que giré la mirada hacia la joven que me la hizo con una pequeña risotada amable. La joven en cuestión hacía gestos con su mano para que fuese hacia donde se encontraba, algo que me llamó la atención. No estaba acostumbrado a ser tratado con esa confianza en sitios donde no era conocido.
- ¡Son 100% auténticos y bien orgulloso que estoy de ellos! – Le grité como respuesta mientras caminaba hacia su encuentro.
La chica en cuestión no parecía mucho más joven que yo, aunque vete a saber. Sin embargo, lo más llamativo de ella era el color de sus cabellos, rosas como los pétalos de algunas flores en primavera. A decir verdad, no había visto nunca a nadie con esos colores, y durante unos instantes esto captó toda mi atención. Poco después, llegando ya a su altura, saludé con la mano mientras analizaba más acerca de ella. Salvando el color de su pelo todo parecía normal, una chica de campo fuerte y saludable. Aunque puestos a analizar, era también llamativo el lenguaje corporal que me transmitía.
Resulta que lejos de mostrar cautela ante forasteros, se podía notar que estaba relajada, confiada. Me daba muy buenas sensaciones y me generaba curiosidad, especialmente cuando pude ver que estaba comiendo una patata recién sacada de la tierra. No sólo no estaba cocinada ni pelada, es que incluso se podía ver que en algunas partes tenía todavía tierra pegada.
- ¿En esta isla todo el mundo come las patatas sin lavarlas ni cocinarlas? – Pregunté con inocencia, también a modo de advertencia para evitar que se la coma así.
Ya de cerca pude ver mejor su rostro, no parecía haber sufrido nunca ninguna desgracia e irradiaba energía y felicidad. Sus ojos eran marrones, tenían luz todavía. Esto me hizo percatarme de que esta chica era exactamente el polo opuesto a Mihasy, lo cual me hizo un poco de gracia.
- Por cierto, mi nombre es Legan, ¡Encantado! – Le dije dedicándole una amplia sonrisa de oreja a oreja. – Acabamos de llegar a este pueblo y me dirigía a la taberna del lugar. Me han hablado bien de ella, ¿Allí cocinan las patatas o es una tradición del lugar comerlas así? – Pregunté divertido para devolverle la broma que me hizo en su presentación anterior sobre mis cuernos.
Los niños eran aún criaturas inocentes, que no albergan maldad alguna en sus corazones. Lejos de otros seres humanos ya adultos, a estos había que cuidarlos y procurar que puedan experimentar esa inocencia y felicidad el máximo tiempo posible. Al menos en tiempos de paz, en tiempos de guerra había que eliminar esa inocencia rápido si se prioriza la supervivencia de los pequeños.
- ¡Oye!, ¿esos cuernos son tuyos o es algún adorno de ciudad? – Escuché gritar a una joven no muy lejos.
Me hizo bastante gracia la pregunta, por lo que giré la mirada hacia la joven que me la hizo con una pequeña risotada amable. La joven en cuestión hacía gestos con su mano para que fuese hacia donde se encontraba, algo que me llamó la atención. No estaba acostumbrado a ser tratado con esa confianza en sitios donde no era conocido.
- ¡Son 100% auténticos y bien orgulloso que estoy de ellos! – Le grité como respuesta mientras caminaba hacia su encuentro.
La chica en cuestión no parecía mucho más joven que yo, aunque vete a saber. Sin embargo, lo más llamativo de ella era el color de sus cabellos, rosas como los pétalos de algunas flores en primavera. A decir verdad, no había visto nunca a nadie con esos colores, y durante unos instantes esto captó toda mi atención. Poco después, llegando ya a su altura, saludé con la mano mientras analizaba más acerca de ella. Salvando el color de su pelo todo parecía normal, una chica de campo fuerte y saludable. Aunque puestos a analizar, era también llamativo el lenguaje corporal que me transmitía.
Resulta que lejos de mostrar cautela ante forasteros, se podía notar que estaba relajada, confiada. Me daba muy buenas sensaciones y me generaba curiosidad, especialmente cuando pude ver que estaba comiendo una patata recién sacada de la tierra. No sólo no estaba cocinada ni pelada, es que incluso se podía ver que en algunas partes tenía todavía tierra pegada.
- ¿En esta isla todo el mundo come las patatas sin lavarlas ni cocinarlas? – Pregunté con inocencia, también a modo de advertencia para evitar que se la coma así.
Ya de cerca pude ver mejor su rostro, no parecía haber sufrido nunca ninguna desgracia e irradiaba energía y felicidad. Sus ojos eran marrones, tenían luz todavía. Esto me hizo percatarme de que esta chica era exactamente el polo opuesto a Mihasy, lo cual me hizo un poco de gracia.
- Por cierto, mi nombre es Legan, ¡Encantado! – Le dije dedicándole una amplia sonrisa de oreja a oreja. – Acabamos de llegar a este pueblo y me dirigía a la taberna del lugar. Me han hablado bien de ella, ¿Allí cocinan las patatas o es una tradición del lugar comerlas así? – Pregunté divertido para devolverle la broma que me hizo en su presentación anterior sobre mis cuernos.
