26-01-2024, 12:23 AM
La caída de las tropas de la marina por medio de vuestros furiosos ataques sentenciaban el aparente broche final de un día fatídico y desgarrador para la tripulación - si es que podía seguir llamándose así - de los Shogun Gari. Ahora se encaminaban hacia el puerto, corriendo y cargando con los cuerpos inertes de sus amigos, los restos y los retazos de aquella bandera que habían portado con alegría e inocencia, adentrándose en un infierno que les superó y que separó a los dispuestos de los incapaces. Un destino que, curioso y caprichoso, había vuelto a fracturar su camino poniendo un punto para su pérdida, estableciendo un gran salto de párrafo en la narración de su aventura y sin duda, trastocando los corazones de los presentes.
Tobías Murray, quien había tenido que heredar el cargo de Capitán forzosamente por el amarillismo de la prensa, había visto morir a su capitán y su subcapitán, y ahora enterraba cuatro compañeros más entre los que destacaban su fiel amigo, Gronn. Un hombre con un pasado cuyos tentáculos llegaban más lejos y más profundo de lo que él podía llegar a imaginar, y aunque ahora el destino tanto de la tripulación como de su capitanía quizá se vieran truncados, en el futuro, sería el miembro superviviente de este cuarteto al que más tendría que sorprender el destino. Ahora portaba el arma de su diablo, el hombre que le arrebató a sus camaradas, y lucharía por darle un finn... un fin mejor.
Garnet pudo ver de primera mano como el capitán Slingerland destrozó a su subcapitán en el pasado, y habiendo perdido a su capitán algunos cuantos metros a lo lejos, se embarcaron sin dudarlo en una nueva aventura a las órdenes de su compañero el pelinaranja. Aquí conoció a más compañeros, e incluso pudo llegar a experimentar el límite de sus fronteras y amar a otra persona... un amor ahora amargo cargando con su cuerpo sin vida y viendo en el horizonte otro episodio desgarrador de pérdidas, despedidas y un último adiós. Ahora su corazón estaba fragmentado, su espíritu indomable se encontraba en horas bajas y su camino, era completamente incierto, al haber superado la recompensa de su capitán, las posibilidades para el skypieano era más que las que daba una buena mano en una mesa de póker.
La joven Sasha, inocente del destino y encarada y descarada hacia la vida. estaba descubriendo el mundo de bruces y cuán lejos le quedaba ese poder ilimitado que ansiaba blandir con la furia de un coloso. La realidad sobre su esfuerzo era que, por más poderosa que se volviera, nunca sería suficiente, y siempre habría un pez más grande que podría doblegarla si no tenía cuidado. Sus pérdidas eran también cuantiosas, pues aun siendo una de las últimas incorporaciones de la tripulación antes de partir del North Blue también había estrechado lazos lo suficientemente, sobretodo con el Gyojin y colega de profesión, y las dos mujeres que habían perdido la vida en este encuentro. Ahora, quedaba en sus manos decidir si abrazar su fuerza en solitario, para no perder a nadie más y sólo limitarse a cuidarse y protegerse a sí misma, o continuaba tratando de ser el muro infranqueable que se proponía lograr, para salvar a lo que quedaba de sus amigos.
Por su parte, el amable y cabizbajo Kuraku había visto la desolación de la muerte de inmediato. Habiendo abandonado a un infame pirata sin corazón como Ashura antaño, y habiéndose unido a aquel grupo en el puerto del North Blue, no sabía que su aventura desencadenaría en la muerte y la desolación. La desesperación más absoluta. Incapaz de defenderse, derrotado y humillado en los Cabos Gemelos, realizó una promesa que no fue capaz de cumplir: No podía proteger a nadie. Su obsesión con no perder a nadie más le podría llevar a no dejar de perderlos, pues para poder hacer tales afirmaciones se es de ser mucho, mucho más fuerte de lo que él era, y aunque tenía el poder de la destrucción del mundo mismo latiendo en su interior por la gracia del destino, era un hombre incapaz de exprimir su potencial, al que sin duda, el sino pondría a prueba muchas otras veces hasta poder templar su calor y bruñir un arma lo suficientemente capaz como para poder hacerse responsable del preso de su juramento. ¿Volvería a perder a más? ¿Se volvería lo suficientemente capaz? ¿Cambiaría de camino ahora? ¿O la desesperación se apoderaría de él por completo? Sólo el futuro lo sabría.
Y allí, mientras los tres primeros corrían hacia el puerto dejando una pila de cadáveres e inconscientes a sus espaldas, a lo lejos, cada vez más distante, yacía la sombra de su transición en forma de charcos de sangre sobre la plaza: Los Shogun Gari. Un nombre maldito desde que se atrevieron a embarcarse en las turbulentas y peligrosas aguas del Grand Line y que pareciera que había llegado a un punto de inflexión liberando su sino de la conexión con la parca, la negra parca que les había acechado inconscientemente hasta el final. Para Finn Slingerland, los Shogun Gari no eran nada. Simples ratas de camarote, muñecos de trapo, niños jugando a ser piratas. Su error fue subestimarlos, y aunque se había cobrado a sangre y fuego el precio de su regreso, no había podido culminar con su objetivo y encaminar su venganza hacia un puerto prometedor... más bien obteniendo un naufragio a cambio, por haberse desviado de su objetivo: Kovashi Shimatsu. Pero ¿cuánto tardaría en encontrarse con él? ¿lo esperaría en el más allá? El pequeño Finn Slingerland, hijo de un don nadie, convertido en un don nadie, obsesionado con ser alguien entre los don nadie, o un don nadie entre los que son alguien. Esclavista, criminal, manipulador y sádico. Calculador, estratega y muy capacitado. Había sembrado el caos a lo largo de la Grand Line, un lugar en el que se sentía seguro y con un poder que podía sustentar sus acciones. Y ahora, yacía en el suelo de una isla pacífica y ridícula como Toko, con las entrañas brotando de su cuerpo y su mueca desencajada con la que había recibido sin saberlo, a la propia muerte, con una sonrisa. La muerte a la que tantos había ofrecido en el pasado... y ahora lo atrapaba en su gélido abrazo.
Tras llegar al barco y hacerse con él, partieron rumbo a su siguiente destino dejando todo atrás y sin mirar sobre sus propios pasos. Tratando de huir, tratando de avanzar, o tratando de sobreponerse... como fuera. Tratando de continuar, pues el Paraíso no tenía nada de divino. Era la puerta al mismo infierno, y ellos sabían mejor que muchos otros la veracidad de aquellas afirmaciones. Por el momento su barco zarpaba sin que los Marines - cuya embarcación había partido a un lugar lejano - pudieran recoger a los pocos que quedaban deambulando por la isla, pero darían buena cuenta de lo acontecido gracias a los reportes de los vecinos que observaron toda la macabra escena horrorizados tratando de no verse involucrados en la misma... aunque entre ellos estuviera acechando la sombra de un problema en el futuro para los supervivientes.
Ahora el puerto del destino era el mañana, cada día más incierto. Pero gracias estaban de nuevo en el mismo barco, su nueva bandera, era la libertad.
Finn de la aventura.
Enhorabuena por vuestro trabajo y participación y espero que hayáis disfrutado mucho.
Podéis enviar el tema a moderación y recibir la recompensa oportuna.
Tobías Murray, quien había tenido que heredar el cargo de Capitán forzosamente por el amarillismo de la prensa, había visto morir a su capitán y su subcapitán, y ahora enterraba cuatro compañeros más entre los que destacaban su fiel amigo, Gronn. Un hombre con un pasado cuyos tentáculos llegaban más lejos y más profundo de lo que él podía llegar a imaginar, y aunque ahora el destino tanto de la tripulación como de su capitanía quizá se vieran truncados, en el futuro, sería el miembro superviviente de este cuarteto al que más tendría que sorprender el destino. Ahora portaba el arma de su diablo, el hombre que le arrebató a sus camaradas, y lucharía por darle un finn... un fin mejor.
Garnet pudo ver de primera mano como el capitán Slingerland destrozó a su subcapitán en el pasado, y habiendo perdido a su capitán algunos cuantos metros a lo lejos, se embarcaron sin dudarlo en una nueva aventura a las órdenes de su compañero el pelinaranja. Aquí conoció a más compañeros, e incluso pudo llegar a experimentar el límite de sus fronteras y amar a otra persona... un amor ahora amargo cargando con su cuerpo sin vida y viendo en el horizonte otro episodio desgarrador de pérdidas, despedidas y un último adiós. Ahora su corazón estaba fragmentado, su espíritu indomable se encontraba en horas bajas y su camino, era completamente incierto, al haber superado la recompensa de su capitán, las posibilidades para el skypieano era más que las que daba una buena mano en una mesa de póker.
La joven Sasha, inocente del destino y encarada y descarada hacia la vida. estaba descubriendo el mundo de bruces y cuán lejos le quedaba ese poder ilimitado que ansiaba blandir con la furia de un coloso. La realidad sobre su esfuerzo era que, por más poderosa que se volviera, nunca sería suficiente, y siempre habría un pez más grande que podría doblegarla si no tenía cuidado. Sus pérdidas eran también cuantiosas, pues aun siendo una de las últimas incorporaciones de la tripulación antes de partir del North Blue también había estrechado lazos lo suficientemente, sobretodo con el Gyojin y colega de profesión, y las dos mujeres que habían perdido la vida en este encuentro. Ahora, quedaba en sus manos decidir si abrazar su fuerza en solitario, para no perder a nadie más y sólo limitarse a cuidarse y protegerse a sí misma, o continuaba tratando de ser el muro infranqueable que se proponía lograr, para salvar a lo que quedaba de sus amigos.
Por su parte, el amable y cabizbajo Kuraku había visto la desolación de la muerte de inmediato. Habiendo abandonado a un infame pirata sin corazón como Ashura antaño, y habiéndose unido a aquel grupo en el puerto del North Blue, no sabía que su aventura desencadenaría en la muerte y la desolación. La desesperación más absoluta. Incapaz de defenderse, derrotado y humillado en los Cabos Gemelos, realizó una promesa que no fue capaz de cumplir: No podía proteger a nadie. Su obsesión con no perder a nadie más le podría llevar a no dejar de perderlos, pues para poder hacer tales afirmaciones se es de ser mucho, mucho más fuerte de lo que él era, y aunque tenía el poder de la destrucción del mundo mismo latiendo en su interior por la gracia del destino, era un hombre incapaz de exprimir su potencial, al que sin duda, el sino pondría a prueba muchas otras veces hasta poder templar su calor y bruñir un arma lo suficientemente capaz como para poder hacerse responsable del preso de su juramento. ¿Volvería a perder a más? ¿Se volvería lo suficientemente capaz? ¿Cambiaría de camino ahora? ¿O la desesperación se apoderaría de él por completo? Sólo el futuro lo sabría.
Y allí, mientras los tres primeros corrían hacia el puerto dejando una pila de cadáveres e inconscientes a sus espaldas, a lo lejos, cada vez más distante, yacía la sombra de su transición en forma de charcos de sangre sobre la plaza: Los Shogun Gari. Un nombre maldito desde que se atrevieron a embarcarse en las turbulentas y peligrosas aguas del Grand Line y que pareciera que había llegado a un punto de inflexión liberando su sino de la conexión con la parca, la negra parca que les había acechado inconscientemente hasta el final. Para Finn Slingerland, los Shogun Gari no eran nada. Simples ratas de camarote, muñecos de trapo, niños jugando a ser piratas. Su error fue subestimarlos, y aunque se había cobrado a sangre y fuego el precio de su regreso, no había podido culminar con su objetivo y encaminar su venganza hacia un puerto prometedor... más bien obteniendo un naufragio a cambio, por haberse desviado de su objetivo: Kovashi Shimatsu. Pero ¿cuánto tardaría en encontrarse con él? ¿lo esperaría en el más allá? El pequeño Finn Slingerland, hijo de un don nadie, convertido en un don nadie, obsesionado con ser alguien entre los don nadie, o un don nadie entre los que son alguien. Esclavista, criminal, manipulador y sádico. Calculador, estratega y muy capacitado. Había sembrado el caos a lo largo de la Grand Line, un lugar en el que se sentía seguro y con un poder que podía sustentar sus acciones. Y ahora, yacía en el suelo de una isla pacífica y ridícula como Toko, con las entrañas brotando de su cuerpo y su mueca desencajada con la que había recibido sin saberlo, a la propia muerte, con una sonrisa. La muerte a la que tantos había ofrecido en el pasado... y ahora lo atrapaba en su gélido abrazo.
Tras llegar al barco y hacerse con él, partieron rumbo a su siguiente destino dejando todo atrás y sin mirar sobre sus propios pasos. Tratando de huir, tratando de avanzar, o tratando de sobreponerse... como fuera. Tratando de continuar, pues el Paraíso no tenía nada de divino. Era la puerta al mismo infierno, y ellos sabían mejor que muchos otros la veracidad de aquellas afirmaciones. Por el momento su barco zarpaba sin que los Marines - cuya embarcación había partido a un lugar lejano - pudieran recoger a los pocos que quedaban deambulando por la isla, pero darían buena cuenta de lo acontecido gracias a los reportes de los vecinos que observaron toda la macabra escena horrorizados tratando de no verse involucrados en la misma... aunque entre ellos estuviera acechando la sombra de un problema en el futuro para los supervivientes.
Ahora el puerto del destino era el mañana, cada día más incierto. Pero gracias estaban de nuevo en el mismo barco, su nueva bandera, era la libertad.
Finn de la aventura.
Enhorabuena por vuestro trabajo y participación y espero que hayáis disfrutado mucho.
Podéis enviar el tema a moderación y recibir la recompensa oportuna.
