18-02-2024, 11:38 AM
Cruasanes rellenos de arándanos recién salidos del horno, tostadas con mermelada y macedonia de fruta, quiso añadir también algo salado, un poco de queso y embutidos que preparaba la familia del posadero. Desde lejos se veía el vapor del café y la leche calientes, y Siri hacia equilibrios para que las tazas, apiladas una encima de otra, no cayeran al abrir la puerta.
Entró en la habitación con una gran sonrisa y no pudo evitar que sus ojitos se empañaran al ver la reacción de sus amigos al verla.
Gideon se encargó de poner la bandeja en lugar seguro y no tardó en abrazarla, la diferencia de altura hizo que sus pies se despegarán del suelo , notó las patitas de Omi moviéndose al rededor de su cuello y la sensación se le hizo familiar, como si en sus largos dias en cama le hubiera hecho alguna que otra visita, la idea le hizo feliz. Kevin no tardó en estallar en llanto, ¡lágrimas de alegría claro! Siri se acercó a él para dar un abrazo a su amigo.
La atmósfera, tan emotiva como era, se vio interrumpida por el sonoro rugir de estómago de las cuatro panzas presentes, el olor de aquel desayuno no perdonaba, los cuatro giraron la cabeza coordinados hacia la mesa donde estaba el desayuno, de pronto hubo silencio. Un, dos, tres... -¡QUE APROVECHE! SHIHIHIHI- Enunció Siri dando el pistoletazo de salida a que todos se sirvieran sus respectivos platitos.
Siri decidió hacerse un cacao caliente y dejar el café al empresario. Tuvo que soplar repetidamente antes de lograr dar el primer sorbo, apartó también uno de los cruasanes, el olor de los arándanos era maravilloso, se preguntó si serían silvestres, estaba casi segura de haber encontrado algunos de niña mientras caminando por el bosque, el recuerdo de su hermana la hizo feliz. Levantó la vista para observar, con algo más de distancia, a las personitas que tenía delante, habían decidido quedarse, la habían cuidado, y ahora se habían convertido en que siempre soñó que suponía tener una familia, eran nakama. La mirada del animalito casi leyéndole el pensamiento la puso nerviosa y dió un sorbo más veloz y más grande de lo recomendable chamuscandose la punta de la lengua en el intento -¡Auch, jopelines como quema!-
Acabaron de desayunar, llevaban meses sin comer tan rico, y decidieron que era hora de moverse. Aquellas cuatro paredes, de tan familiares que se volvieron, empezaban a calar en el ánimo de sus habitantes.
Entró en la habitación con una gran sonrisa y no pudo evitar que sus ojitos se empañaran al ver la reacción de sus amigos al verla.
Gideon se encargó de poner la bandeja en lugar seguro y no tardó en abrazarla, la diferencia de altura hizo que sus pies se despegarán del suelo , notó las patitas de Omi moviéndose al rededor de su cuello y la sensación se le hizo familiar, como si en sus largos dias en cama le hubiera hecho alguna que otra visita, la idea le hizo feliz. Kevin no tardó en estallar en llanto, ¡lágrimas de alegría claro! Siri se acercó a él para dar un abrazo a su amigo.
La atmósfera, tan emotiva como era, se vio interrumpida por el sonoro rugir de estómago de las cuatro panzas presentes, el olor de aquel desayuno no perdonaba, los cuatro giraron la cabeza coordinados hacia la mesa donde estaba el desayuno, de pronto hubo silencio. Un, dos, tres... -¡QUE APROVECHE! SHIHIHIHI- Enunció Siri dando el pistoletazo de salida a que todos se sirvieran sus respectivos platitos.
Siri decidió hacerse un cacao caliente y dejar el café al empresario. Tuvo que soplar repetidamente antes de lograr dar el primer sorbo, apartó también uno de los cruasanes, el olor de los arándanos era maravilloso, se preguntó si serían silvestres, estaba casi segura de haber encontrado algunos de niña mientras caminando por el bosque, el recuerdo de su hermana la hizo feliz. Levantó la vista para observar, con algo más de distancia, a las personitas que tenía delante, habían decidido quedarse, la habían cuidado, y ahora se habían convertido en que siempre soñó que suponía tener una familia, eran nakama. La mirada del animalito casi leyéndole el pensamiento la puso nerviosa y dió un sorbo más veloz y más grande de lo recomendable chamuscandose la punta de la lengua en el intento -¡Auch, jopelines como quema!-
Acabaron de desayunar, llevaban meses sin comer tan rico, y decidieron que era hora de moverse. Aquellas cuatro paredes, de tan familiares que se volvieron, empezaban a calar en el ánimo de sus habitantes.
