21-08-2023, 09:45 PM
Cuando llevaba ya unos minutos caminando empecé a reducir el ritmo de mis pasos sumergiéndome en mis pensamientos. Estaba centrado en todo lo que les había dicho a mis compañeros. A decir verdad creo que me excedí, y les debía unas disculpas. Les había tratado como si fuesen tontos o locos desquiciados, y no eran así. Ellos no eran personas malas, de hecho me han demostrado buena voluntad siempre. El único problema que tienen son sus tendencias. Tendían a tener problemas, bien por traumas o bien por la formación y educación que habían recibido desde que eran pequeños. Pero en ningún momento habían tratado de imponerme lo que ellos pensaban. Mihasy estaba siempre conteniéndose, pero al menos hablaba algo de vez en cuando y permanecía cerca. Terence por su parte parecía ser más flexible en sus métodos teniendo en cuenta nuestros valores y hasta sueños.
- Tengo que disculparme con ellos. – Dije en voz baja sin darme cuenta.
Una persona se giró hacia mi, pensando que me dirigía hacia ella, por lo que pedí disculpas rápidamente explicando que fue un error por mi parte. No pareció sentirse molesta, pero sí me miró un poco raro durante unos segundos.
Retomé mi camino observando los diferentes comercios que allí había, aunque había variedad de negocios, la mayoría estaban centrados en productos de la mar, entre las cuales abundaban las tiendas que vendían un producto fresco recién pescado, otras tiendas centradas en elementos decorativos, y algunas otras, las menos frecuentes, dedicadas a la venta de instrumentos para pesca. Me quedé observándolas desde fuera, era muy interesante de ver todo lo que podían ofrecer las diferentes islas del mundo, y no sólo eso, encontrar similitudes y diferencias entre ellas mediante su comercio.
Todos mis pensamientos se detuvieron cuando llegó a mí un exquisito olor a comida. Debía estar cerca de una taberna, seguro. Empecé a moverme más a prisa buscando con la mirada ese posible lugar, y aunque tuve que callejear un poco, logré dar con la taberna al fin.
Desde fuera no parecía demasiado llamativa, quizá podría haber pasado por el lado sin darme cuenta de que era una taberna, pero el olor era inconfundible, como también lo era el cartel que encabezaba el local.
Sin pensármelo dos veces abrí la puerta, procediendo a entrar agachando un poco mi cabeza antes. Cualquier día me olvidaré de hacerlo y del golpe que me voy a dar en la cornamenta se me dejará de olvidar para siempre.
Dentro había ya varias personas, aunque me hizo especial gracia el grupo de cuatro señores de avanzada edad que se quedaron mirándome estupefactos unos largos segundos. Me vi obligado a saludar sonriendo para calmar la situación y que así dejasen de mirarme tanto. Parecía que jugaban a las cartas, lo cual me recordaba lo malo que era en esa clase de juegos.
Sin decir nada más me senté en una de las mesas más retiradas, en una esquina que daba vistas a la entrada, y pedí de beber algo refrescante antes de comenzar a comer. Mirando a mis alrededores detuve mi mirada en una mujer que se encontraba sentada no muy lejos. No la conocía de nada, pero me llamaba la atención las cicatrices que recorrían parte de su rostro y la forma de vestir, para nada habitual entre la ciudadanía que había alcanzado a ver. Era elegante, pero al mismo tiempo demasiado llamativa si lo comparamos con lo estándar.
- ¿Será algún pez gordo de la marina? – Pensé intentando no centrarme mucho en ella para no incomodarla. Quizá pronto lo averiguaría.
- Tengo que disculparme con ellos. – Dije en voz baja sin darme cuenta.
Una persona se giró hacia mi, pensando que me dirigía hacia ella, por lo que pedí disculpas rápidamente explicando que fue un error por mi parte. No pareció sentirse molesta, pero sí me miró un poco raro durante unos segundos.
Retomé mi camino observando los diferentes comercios que allí había, aunque había variedad de negocios, la mayoría estaban centrados en productos de la mar, entre las cuales abundaban las tiendas que vendían un producto fresco recién pescado, otras tiendas centradas en elementos decorativos, y algunas otras, las menos frecuentes, dedicadas a la venta de instrumentos para pesca. Me quedé observándolas desde fuera, era muy interesante de ver todo lo que podían ofrecer las diferentes islas del mundo, y no sólo eso, encontrar similitudes y diferencias entre ellas mediante su comercio.
Todos mis pensamientos se detuvieron cuando llegó a mí un exquisito olor a comida. Debía estar cerca de una taberna, seguro. Empecé a moverme más a prisa buscando con la mirada ese posible lugar, y aunque tuve que callejear un poco, logré dar con la taberna al fin.
Desde fuera no parecía demasiado llamativa, quizá podría haber pasado por el lado sin darme cuenta de que era una taberna, pero el olor era inconfundible, como también lo era el cartel que encabezaba el local.
Sin pensármelo dos veces abrí la puerta, procediendo a entrar agachando un poco mi cabeza antes. Cualquier día me olvidaré de hacerlo y del golpe que me voy a dar en la cornamenta se me dejará de olvidar para siempre.
Dentro había ya varias personas, aunque me hizo especial gracia el grupo de cuatro señores de avanzada edad que se quedaron mirándome estupefactos unos largos segundos. Me vi obligado a saludar sonriendo para calmar la situación y que así dejasen de mirarme tanto. Parecía que jugaban a las cartas, lo cual me recordaba lo malo que era en esa clase de juegos.
Sin decir nada más me senté en una de las mesas más retiradas, en una esquina que daba vistas a la entrada, y pedí de beber algo refrescante antes de comenzar a comer. Mirando a mis alrededores detuve mi mirada en una mujer que se encontraba sentada no muy lejos. No la conocía de nada, pero me llamaba la atención las cicatrices que recorrían parte de su rostro y la forma de vestir, para nada habitual entre la ciudadanía que había alcanzado a ver. Era elegante, pero al mismo tiempo demasiado llamativa si lo comparamos con lo estándar.
- ¿Será algún pez gordo de la marina? – Pensé intentando no centrarme mucho en ella para no incomodarla. Quizá pronto lo averiguaría.
