19-02-2024, 07:58 PM
Vuestras ensoñaciones y desvaríos propios del fragor de la aventura debieron de verse interrumpidos de súbito por el drástico zumbido resonante de un estruendoso cuerno de guerra gigante. Un sonido grave, profundo y vibrante, proveniente del mismo palacio que había acaparado vuestras atenciones. Un tono largo, denso y que invadió el ambiente y enmudeció todas las conversaciones durante el lapso de un simple minuto, que bien podría haber parecido eterno. Cuando ese estruendo desapareció un prominente destello surgió frente a cada una de las rutas que cada uno de vosotros, cegándoos temporalmente, y de él surgió una figura casi angelical. Un hombre alto, de aproximadamente tres metros y con una larga melena anaranjada se presentó ante cada ruta. Portaba un cetro dorado, más largo que alto era él, llegando fácilmente a los cinco metros, y vestía unas ropa muy ceñida y cómoda de color blanco níveo. Algunos trapos y telas de color rojizo adornaban y cubrían estratégicamente su figura, así como adornos dorados y baratijas varias aparentemente ceremoniales. De culmen portaba un casco negro que le tapaba los ojos y hasta la nariz. Además, tenía dos grandes alas blancas. Lo suficientemente grandes como para no ser de un Birkaniano, pero algo más pequeñas - y blancas - que las de un Lunarian.
Aquel hombre, era idéntico en todos los aspectos, complementos, ropa y disposición, en todas y cada una de las representaciones del mismo en rutas que llegaban hasta aquel lugar, con una única salvedad. El hombre frente a la ruta de los Alas Negras, tenía una esfera metálica y plateada incrustada en el pecho izquierdo. El que estaba frente a la ruta de los marines, tenía esa esfera y otra más en el bajo abdomen lateral derecho. El que estaba frente a la organización Magna, tenía esas dos esferas y una tercera en el pecho derecho. Aquel que se hallaba frente a los Shogun Gari, portaba aquellas tres esferas y otra más, una cuarta, en el bajo abdomen lateral izquierdo. Y finalmente, el que estaba frente a Zarek y Aspros, tenía aquellas cuatro esferas y una quinta en el esternón, junto a la boca del estómago.
— Bienvenidos a la ciudad de Shandora, sacra capital del imperio celestial del magnánimo Zarutsuki — dijeron los cinco al unísono — Se precisa identificación por parte de todos los asistentes para participar o disfrutar de los juegos — y todos señalaron con su diestra, haciendo un movimiento idéntico de barrido ladeando su cuerpo, hacia la arena custodiada por aquellas gradas — Digan su nombre completo y en caso de formar parte de alguna asociación, empresa, grupo, cooperativa, organización, entidad, federación, comunidad, o comitiva real, por favor, expónganlo claramente y de forma ordenada — y volvió a su posición inicial, recto y sosteniendo aquel báculo en su izquierda.
Las personas del poblado parecían ajenas a aquella interacción, como si fuera lo más común del mundo, y continuaban con sus quehaceres cotidianos. Montaban algunos puestos comerciales a la parte posterior de las gradas: Comida, bebida, juguetes, artesanía... un sin fin de peculiaridades en las que sin duda merecería le pena invertir tiempo y... ¿dinero?. Aun así, había espacio de sobra, más que de sobra, para instalar otros tantos muchos puestos y es que, sin dudas, estaban esperando la llegada de los civiles y quienes quiera que fueran los invitados de estos juegos. Pero era un tema para otro momento.
Ahora, aquellos extraños quintillizos frente a vosotros parecían el problema más importante a tratar.
Aquel hombre, era idéntico en todos los aspectos, complementos, ropa y disposición, en todas y cada una de las representaciones del mismo en rutas que llegaban hasta aquel lugar, con una única salvedad. El hombre frente a la ruta de los Alas Negras, tenía una esfera metálica y plateada incrustada en el pecho izquierdo. El que estaba frente a la ruta de los marines, tenía esa esfera y otra más en el bajo abdomen lateral derecho. El que estaba frente a la organización Magna, tenía esas dos esferas y una tercera en el pecho derecho. Aquel que se hallaba frente a los Shogun Gari, portaba aquellas tres esferas y otra más, una cuarta, en el bajo abdomen lateral izquierdo. Y finalmente, el que estaba frente a Zarek y Aspros, tenía aquellas cuatro esferas y una quinta en el esternón, junto a la boca del estómago.
— Bienvenidos a la ciudad de Shandora, sacra capital del imperio celestial del magnánimo Zarutsuki — dijeron los cinco al unísono — Se precisa identificación por parte de todos los asistentes para participar o disfrutar de los juegos — y todos señalaron con su diestra, haciendo un movimiento idéntico de barrido ladeando su cuerpo, hacia la arena custodiada por aquellas gradas — Digan su nombre completo y en caso de formar parte de alguna asociación, empresa, grupo, cooperativa, organización, entidad, federación, comunidad, o comitiva real, por favor, expónganlo claramente y de forma ordenada — y volvió a su posición inicial, recto y sosteniendo aquel báculo en su izquierda.
Las personas del poblado parecían ajenas a aquella interacción, como si fuera lo más común del mundo, y continuaban con sus quehaceres cotidianos. Montaban algunos puestos comerciales a la parte posterior de las gradas: Comida, bebida, juguetes, artesanía... un sin fin de peculiaridades en las que sin duda merecería le pena invertir tiempo y... ¿dinero?. Aun así, había espacio de sobra, más que de sobra, para instalar otros tantos muchos puestos y es que, sin dudas, estaban esperando la llegada de los civiles y quienes quiera que fueran los invitados de estos juegos. Pero era un tema para otro momento.
Ahora, aquellos extraños quintillizos frente a vosotros parecían el problema más importante a tratar.
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