22-08-2023, 06:17 AM
(Última modificación: 22-08-2023, 06:34 AM por Kovashi Shimatsu.)
Toda la plaza estaba decorada con luces de varios colores, verdes, rojas y azules predominaban, dando una espectacular gama de color a las calles incluso cercanas. Estaba todo el pueblo en aquella fiesta, desde niños, ancianos, hasta mujeres ... ¿De noche? Para Kovashi era sorprendente la libertad que poseían las hembras en aquella parte del mundo, incluso salían de noche, estaba encantado. Le flipaba encontrar culturas tan diferentes a la suya, desde las tres comidas al día, hasta la libertad que poseía uno para literalmente no hacer nada si se quería. Allá de donde procedía el espadachín, todo el mundo tenía algo que hacer, un oficio que ejercer, un destino que cumplir, pero aquí no, aquí ... Podías ser un cualquiera sin avergonzarte de ello.
— Niño ... — Entre los que se le acercaron estaban los pequeñajos de Deisy, aquella madre que se enfrentó a los otros civiles para buscar una solución. Los mocosos tiraban de las prendas de Kovashi, este les respondía con cara graciosa, hasta que una seria los medio ahuyento. Odiaba a los niños, se le veía en la cara, nunca le gustaron, lo que no quitaría que de vez en cuando fuera por los únicos que sentía cierta empatía irracional.
— No — Respondió al comentario de Derya. También respondió dando un largo trago a la copa de vino tinto que le sirvieron. Pegarse una colocada con vino era todo un desafío, se había dado cuenta de que el vino le ponía políticamente activo, con ganas de buscar las cosquillas del personal, de ensalzar sus pensamientos cuasi comunistas pero tejidos por unos hilos de liberal, liberalcomunista, que es lo que era él. ¿Habría allí algún Marxistalibertario? ¿un anarquista? si así fuera la batalla dialéctica estaba servida. Pronto aparecieron los dos osos, Panda antes que Khruner. Desde la batalla parecía que estaban unidos; sin embargo, unirse a Khruner no era fácil, ya que se olvidaba de todo y todos. — ¡Mi oso! — Realizando un pequeño salto se colgó del cuello de Caló, rascándole la cabeza — ¿Te la quieres comer? Venga va, un bocadito — Se notaba en el ambiente una sombra de comedia constante, todos se reían de todo. Soltó a Caló y caminó hasta Panda que estaba un par de metros por detrás. Tan serio. Ambos se habían encontrado de noche, Kovashi lo sabía, aunque no recordara muy bien la interacción que tuvieron. Lo que sí recordaba es que era un tipo muy sobrio, ni siquiera esperaba el Shimatsu que apareciera allí esa noche.
— Nos honras con tu presencia, Panda — Bajó la cabeza, en forma de saludo. — ¿De dónde has sacado el tabaco?
— ¿Sabes que eso M-a-t-a? — Alzó la voz Adam, uno de los vecinos, camarero en uno de los locales de la villa. Todos se rieron por como dijo este sus últimas palabras.
— Claro que lo sabe Adam, él lo sabe todo, ¿verdad? — Asomaba la sorna. Las noticias en el pueblo volaban y sobre Panda y Khruner más. Dos osos tan extraídos de la comodidad que ofrecía el vecindario. Casi podría verse como un gesto de superioridad el no aceptar los regalos. Sabían que Khruner estaba obsesionado con las plantas, que Panda era muy reflexivo, inteligente y especialmente solitario, que Derya nunca daba un no si conllevaba una buena experiencia y que Kovashi era amante de los excesos, pero que de vez en cuando le gustaba estar también en comunión con la naturaleza. Allí en cuatro días se sabía todo, los rumores volaban. — Pero bueno, eso está bien — No sabía ni como, pero a su diestra le llegó otro copazo de vino que por supuesto bebió de un trago. — No esperábamos menos de ... ¡Un comandante revolucionario! — Todos estallaron en aplausos y gritos, una marabunta de personas se acercó a Panda, apartando con ello a Kovashi de en medio, con una sonrisa enorme en el rostro.
— Osito toma — Le lanzó su petaca a Khruner. — Me he encargado de guardarte la que no tenía alcohol — Le guiñó un ojo. Era mentira, en que mundo Kovashi guardaría en su preciosa petaca algo como un zumo de piñas, ahí estaba el alcohol más cargado que este lugar del mundo podía ofrecer. Engañar a Caló era tan fácil, el duó que conformaba con el pardo era de temer, de temer para el propio Khruner. Conforme los meses al lado de Caló pasaron, la actitud para con el mundo de Kovashi lo hizo igual, aún y así cada uno era como era, el espadachín se medía constantemente con casi cualquiera, justificando acciones con un típico "Si el hubiera vivido la mitad de cosas que me han pasado" una forma de pensar que le exculpaba de casi todas sus acciones. Es increíble como una persona puede cambiar tanto al abrazar la libertad, era un tipo muchísimo más respetable, recto y honorable cuando vivía subyugado por su padre.
— Niño ... — Entre los que se le acercaron estaban los pequeñajos de Deisy, aquella madre que se enfrentó a los otros civiles para buscar una solución. Los mocosos tiraban de las prendas de Kovashi, este les respondía con cara graciosa, hasta que una seria los medio ahuyento. Odiaba a los niños, se le veía en la cara, nunca le gustaron, lo que no quitaría que de vez en cuando fuera por los únicos que sentía cierta empatía irracional.
— No — Respondió al comentario de Derya. También respondió dando un largo trago a la copa de vino tinto que le sirvieron. Pegarse una colocada con vino era todo un desafío, se había dado cuenta de que el vino le ponía políticamente activo, con ganas de buscar las cosquillas del personal, de ensalzar sus pensamientos cuasi comunistas pero tejidos por unos hilos de liberal, liberalcomunista, que es lo que era él. ¿Habría allí algún Marxistalibertario? ¿un anarquista? si así fuera la batalla dialéctica estaba servida. Pronto aparecieron los dos osos, Panda antes que Khruner. Desde la batalla parecía que estaban unidos; sin embargo, unirse a Khruner no era fácil, ya que se olvidaba de todo y todos. — ¡Mi oso! — Realizando un pequeño salto se colgó del cuello de Caló, rascándole la cabeza — ¿Te la quieres comer? Venga va, un bocadito — Se notaba en el ambiente una sombra de comedia constante, todos se reían de todo. Soltó a Caló y caminó hasta Panda que estaba un par de metros por detrás. Tan serio. Ambos se habían encontrado de noche, Kovashi lo sabía, aunque no recordara muy bien la interacción que tuvieron. Lo que sí recordaba es que era un tipo muy sobrio, ni siquiera esperaba el Shimatsu que apareciera allí esa noche.
— Nos honras con tu presencia, Panda — Bajó la cabeza, en forma de saludo. — ¿De dónde has sacado el tabaco?
— ¿Sabes que eso M-a-t-a? — Alzó la voz Adam, uno de los vecinos, camarero en uno de los locales de la villa. Todos se rieron por como dijo este sus últimas palabras.
— Claro que lo sabe Adam, él lo sabe todo, ¿verdad? — Asomaba la sorna. Las noticias en el pueblo volaban y sobre Panda y Khruner más. Dos osos tan extraídos de la comodidad que ofrecía el vecindario. Casi podría verse como un gesto de superioridad el no aceptar los regalos. Sabían que Khruner estaba obsesionado con las plantas, que Panda era muy reflexivo, inteligente y especialmente solitario, que Derya nunca daba un no si conllevaba una buena experiencia y que Kovashi era amante de los excesos, pero que de vez en cuando le gustaba estar también en comunión con la naturaleza. Allí en cuatro días se sabía todo, los rumores volaban. — Pero bueno, eso está bien — No sabía ni como, pero a su diestra le llegó otro copazo de vino que por supuesto bebió de un trago. — No esperábamos menos de ... ¡Un comandante revolucionario! — Todos estallaron en aplausos y gritos, una marabunta de personas se acercó a Panda, apartando con ello a Kovashi de en medio, con una sonrisa enorme en el rostro.
— Osito toma — Le lanzó su petaca a Khruner. — Me he encargado de guardarte la que no tenía alcohol — Le guiñó un ojo. Era mentira, en que mundo Kovashi guardaría en su preciosa petaca algo como un zumo de piñas, ahí estaba el alcohol más cargado que este lugar del mundo podía ofrecer. Engañar a Caló era tan fácil, el duó que conformaba con el pardo era de temer, de temer para el propio Khruner. Conforme los meses al lado de Caló pasaron, la actitud para con el mundo de Kovashi lo hizo igual, aún y así cada uno era como era, el espadachín se medía constantemente con casi cualquiera, justificando acciones con un típico "Si el hubiera vivido la mitad de cosas que me han pasado" una forma de pensar que le exculpaba de casi todas sus acciones. Es increíble como una persona puede cambiar tanto al abrazar la libertad, era un tipo muchísimo más respetable, recto y honorable cuando vivía subyugado por su padre.
Qué peligrosos eran esos conceptos; Libertad, empoderamiento, justicia, revolución... Para cada uno podían significar cosas tan diferentes.
Cita:Karma negativo: Vicio (saciado)
Karma positivo: Oratoria imperturbable
